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Las redes sociales de "bronce" que siguen informando al pueblo

  • Conoce la historia de Iván, un joven campanero de Toledo
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Una tradición de vocación y preparación físicaVer ahora
Una tradición de vocación y preparación física
Sandra de la Torre Bermejo (Aquí la Tierra)

Antes de la llegada de internet y la mensajería instantánea, las campanas de las iglesias se situaban como el principal medio de comunicación de los pueblos, funcionando como las redes sociales que ahora nos conectan unos a otros. Hoy en día, esta tradición milenaria se mantiene viva gracias a personas como Iván, un estudiante de fotografía que dedica su tiempo libre a esta forma de comunicar tan especial.

Un código para cada ocasión

Iván no ha dudado en explicarle a nuestra reportera cuáles son los toques fundamentales que se usaban para mandar mensajes y que la comunidad los pudiese interpretar. Un código que todos conocían y que ayudaba a facilitar la comunicación.

Existe un toque de Solem, tiene un carácter festivo muy arraigado en la provincia de Toledo. También el toque a Gloria, otra opción con tono festivo que se usaba en algunas localidades. También tenían un toque propio para alertar sobre emergencias o incendios, algo de vital importancia en los meses de verano. Y, por último, tenían un toque de difuntos para comunicar el fallecimiento de algún vecino.

Una tradición de vocación y preparación física

Iván creció escuchando el repique diario de dos iglesias cercanas a su casa, un sonido que adoraba y que incluso imitaba vocalmente. Pero, a pesar de los avances tecnológicos, Iván asegura que todavía hay bastantes personas que conocen la técnica, e, incluso, entre los jóvenes, que se vuelven a interesar por el oficio.

Para personas como él, el toque manual es insustituible. El ritmo, la sensación, y sobre todo el sentimiento, hacen de esa experiencia algo muy especial. Por eso, Iván intenta mantener viva la tradición con su ritmo y con un ejercicio increíble de fuerza, ya que algunas piezas, como la campana mayor del lugar, alcanzan un peso de 254 kg, lo que hace que su manejo sea una tarea compleja para alguien que no esté entrenado en la técnica.

El oficio de campanero sobrevive en algunas zonas como un puente entre el pasado y el presente, demostrando que el sentimiento de lo manual sigue teniendo un lugar en un mundo cada vez más automatizado.