ME METO EN UN JARDÍN

Òscar Camps: "Desde un despacho con aire acondicionado y un Excel es muy difícil que te salga la humanidad"

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Óscar Camps
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En Me meto en un jardín, Òscar Camps, fundador de Open Arms, se sienta con Mercedes Milá para poner nombre a una realidad que muchas veces queda reducida a cifras en los despachos de Europa.

El episodio arranca con una idea que atraviesa toda la charla. Para Camps, “levantarse del sofá” y salir de la zona de confort no es una pose, sino una obligación moral. Por eso defiende que Open Arms acompañara a la Global Sumud Flotilla en su intento de llegar a Gaza: no solo para mirar, sino para apoyar, dar seguridad y ayudar en la logística de una movilización civil sin precedentes.

Camps asume el riesgo. Habla de una zona de guerra, de posibles detenciones y de la necesidad de que esas embarcaciones no vayan solas. En su relato, volver al mar también significa devolver Gaza a los medios.

Personas, no números

La conversación se endurece cuando aparecen las imágenes de rescates. Camps recuerda a Miracle, un bebé que nació en una patera y fue reanimado durante 30 minutos. Su madre le puso ese nombre porque, dice, fue “un milagro”.

Desde ahí llega la frase que resume el episodio: “Desde un despacho con aire acondicionado y un Excel es muy difícil que te salga la humanidad”. Camps contrapone el lenguaje de los informes oficiales de los organismos europeos con lo que ocurre dentro de una patera: el miedo, el hambre, los gritos y personas, muchas veces con niños en brazos, que se suben porque donde viven, no ven futuro.

No es lo mismo ver un muerto que ver morir”, afirma. Para él, en el mar hay una ley anterior a cualquier debate político: si alguien se está ahogando, se le ayuda.

La responsabilidad de Europa

Camps también responde a las acusaciones contra Open Arms. Niega que la organización decida dónde rescata o desembarca. “Nosotros no decidimos ni dónde se rescata ni dónde se desembarca. Nunca”, explica.

La crítica se amplía después hacia la Unión Europea. Según Camps, las rutas migratorias no se han detenido, solo se han desplazado mediante acuerdos con terceros países. “Pagamos para que nos hagan el trabajo sucio”, resume.

Por eso insiste en no convertir a las personas en números. Open Arms, dice, no ve solo cifras: ve nombres, caras, historias, fotos y familias. Y ahí está el jardín del episodio: mirar de frente aquello que otros prefieren ordenar en un Excel.