ME METO EN UN JARDÍN

Miguel Ángel Revilla pide endurecer los castigos por corrupción: "¿Cómo se puede robar tanto?"

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Miguel Ángel Revilla
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Miguel Ángel Revilla no tarda en entrar en jardines. En su conversación con Mercedes Milá, el expresidente de Cantabria habla del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con honestidad: le reconoce honradez, pero no le perdona el entorno. Para Revilla, el presidente no “ha metido la mano”, aunque "sí ha cometido un error grave": rodearse de “pelotas incondicionales”.

Sánchez, el poder y los errores

Milá le pregunta directamente por Pedro Sánchez. Revilla responde sin suavizar la crítica. Según él, rodearse "solo de personas fieles" puede llevar a "decisiones muy torpes", sobre todo cuando se nombran cargos de máxima responsabilidad, e insiste en que un líder necesita tener cerca "a gente crítica, no solo a quienes aplauden".

No es la única vez que aparece esa idea. Durante el episodio, Revilla vuelve varias veces a la coherencia, a la obligación de hablar claro y al peligro de callarse cuando algo ya no encaja con lo que uno defendía antes.

Miguel Ángel Revilla y Mercedes Milá en 'Me meto en un jardín'

Miguel Ángel Revilla y Mercedes Milá en 'Me meto en un jardín'

El rey emérito "cae del pedestal"

Ese conflicto aparece con fuerza cuando habla del rey emérito. Recuerda que durante años lo tuvo “en un pedestal”, pero que terminó siendo “la gran decepción”. También cuestiona la inviolabilidad recogida en la Constitución: “No puede haber nadie inviolable”. Para él, cambiar de opinión no fue una pose, sino una consecuencia. Si sabía lo que sabía, dice, no podía seguir en el mismo sitio. “Yo no sería Revilla si [...] me hubiese callado”, resume.

La corrupción entra después por la misma puerta. Revilla defiende que robar dinero público debería tener más castigo que otros delitos, porque afecta a todos. Menciona a Ábalos, Zaplana, Rato y Bárcenas, y remata con una pregunta que, seguramente, se hayan hecho miles de españoles: “¿Cómo se puede robar tanto?”.

Jóvenes, vivienda y ultraderecha

La conversación también baja a la calle. Revilla entiende el enfado de los jóvenes que no pueden acceder a una vivienda y viven con sueldos que apenas alcanzan. Pone un ejemplo cercano: su hija, psicóloga en Sevilla, cobra 1.480 euros y paga 750 de alquiler. Y él mismo, al final de cada mes, tiene que hacerle un Bizum para que pueda vivir dignamente.

Ahí aparece su miedo: que esa frustración acabe convertida en voto de ultraderecha. Tanto Milá como Revilla piensan que Santiago Abascal ofrece a muchos jóvenes "una ilusión a la que agarrarse", pero les aterra que ese malestar termine alimentando una salida que consideran peligrosa.

Miguel Ángel Revilla y Mercedes Milá en 'Me meto en un jardín'

Miguel Ángel Revilla y Mercedes Milá en 'Me meto en un jardín'

Revilla en su propio terreno

El episodio no gira solo en torno a la política. También vemos al Revilla de los prados, los tractores y las historias divertidas. Habla sobre sus inicios, cómo dejó el barco para fundar el PRC; sobre su juventud y lo poco que ligaba y también menciona a Aurora, su mujer, con ternura y retranca: “Guapísima, inteligentísima, trabajadora... Un poco demasiado de izquierdas”.

Entre la anécdota y el dardo, Revilla acaba dibujando su propio personaje: un político que puede hablar de Sánchez, del rey emérito, de Trump o de banalidades con la misma honestidad y energía. Y casi siempre con la misma premisa: si algo le parece mal, lo dice.