ME METO EN UN JARDÍN

Sor Lucía Caram, sobre los jóvenes y la guerra: "Son los primeros que van a tener que pagar con su sangre"

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Sor Lucía Caram
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Sor Lucía Caram no entra en Me meto en un jardín de puntillas. Nunca lo ha hecho. Pero a este nuevo episodio la invitada viene de frente, con nombres propios y sin demasiada paciencia para silencios cómodos. Mercedes Milá conversa con ella sobre fe, Ucrania, pobreza, la Iglesia, migración y guerra. Un menú ligero, vaya.

Una furgoneta hacia Ucrania

La religiosa explica que su vínculo con Ucrania empezó en 2014, tras la anexión de Crimea y la revolución de Maidán, cuando empezaron a llegar familias a su fundación. Pero todo cambió con la invasión a gran escala. Entonces organizó una plegaria en el convento y, dos días después, cogió una furgoneta para acercarse hasta la frontera. “Las monjas se quedaron heladas”, cuenta Sor Lucía Caram al recordar aquel primer viaje. Tenía que llegar a Moldavia, pero los bombardeos impidieron que las personas a las que iba a buscar llegaran. Acabó en Rumanía, trayendo de vuelta a madres y niños.

Sor Lucía Caram, invitada a 'Me meto en un jardín'

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Desde entonces, ha viajado a Ucrania 43 veces. Ha llevado ambulancias, ha acompañado a heridos y ha visto de cerca una guerra que no permite mirar hacia otro lado. “[No siento] miedo, no... mucha tristeza”, resume. Una de las historias más duras llega con Alexandre, un joven de unos 20 años al que habían amputado una pierna. Él le dijo: “Mi novia es la guerra, [pero] te juro que quiero casarme con la paz”.

Fe y pobreza

El episodio también aterriza en la vida diaria de la fundación. Sor Lucía habla de personas que trabajan y, aun así, no pueden alquilar ni una habitación. En Barcelona, explica, cada día dan de comer a cientos de personas y no todas están fuera del sistema laboral; muchas simplemente no llegan con sus salarios a fin de mes.

También habla de los ataques que reciben. Pintadas, acusaciones de “efecto llamada” y críticas por acoger a personas migrantes. Ella lo resume sin rodeos: “Nosotros acogemos personas”. Y añade otra idea que atraviesa la conversación: quien no quiera colaborar, al menos que no moleste.

Sor Lucía Caram, invitada a 'Me meto en un jardín'

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Roma, mujeres y discursos de odio

Sor Lucía Caram recuerda, además, que la llamaron a Roma para silenciarla. Según cuenta, molestaba por denunciar expulsiones en caliente y por decir lo que pensaba en televisión sin rodeos y “con nombres y apellidos”. La conversación llega también al papel de las mujeres en la Iglesia. Para ella, cuando las mujeres toman la voz, sacuden estructuras que algunos prefieren intactas. “Esto tiene una fecha de caducidad”, afirma.

Y queda un último jardín: la tendencia actual hacia la extrema derecha y los jóvenes. Sor Lucía alerta contra los discursos violentos de esta rama política y lanza una advertencia clara: quienes compren esa épica, pueden ser los primeros llamados al frente. En su caso, hablar de paz no significa quedarse quieta. Significa, precisamente, no callarse.

Sor Lucía Caram, invitada en 'Me meto en un jardín'

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