Álex Txikon desmonta la épica del alpinismo: “No existen los superhombres”
- El alpinista conversa con Mercedes Milá sobre miedo, montaña, emociones, familia y una vida marcada por el riesgo
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Álex Txikon llega a Me meto en un jardín para hablar de montaña, pero no exactamente como se suele hablar de ella. No hay grandes discursos sobre gloria, heroicidad o conquista. En su conversación con Mercedes Milá, el alpinista vasco mira también hacia dentro: la pasión, el miedo, la gestión de las emociones, la familia y el precio de vivir siempre cerca del límite.
Mercedes lleva a Txikon al jardín de Íñigo Segurola, paisajista conocido por su etapa en Bricomanía, un espacio de casi 20.000 metros cuadrados con siete zonas temáticas. Un “jardín de jardines” para hablar con alguien que ha pasado buena parte de su vida en la montaña.
"No tengo miedo a morir"
Txikon explica que, en pleno invierno, a varios miles de metros de altura, uno puede sentirse “más lejos de la Tierra y más cerca de otro planeta”. Sin embargo, ese lugar extremo no aparece en su relato como una postal heroica, sino como un espacio donde todo se reduce.
En el día a día, cuenta, vive corriendo de una cosa a otra. En la montaña, en cambio, solo existe “el siguiente paso, el siguiente movimiento, el siguiente metro”. Para Txikon, escalar no va de posar ante la épica, sino de estar completamente dentro de lo que se está haciendo.
También habla de la muerte sin adornos. “Yo no tengo miedo a morir. [Pero] No me quiero morir”, afirma. Después marca distancia con la imagen del alpinista invulnerable: “No existen ni los superhombres ni las supermujeres”. Todos sufren, todos sienten, todos se estresan. La diferencia está en cómo se gestiona eso cuando la montaña no permite despistes.
Alex Txikon, durante su paso por 'Me meto en un jardín'RTVE Play
La vida fuera de la cima
La charla se vuelve más personal cuando Mercedes Milá le pregunta por su vida de pareja. Txikon reconoce que ha vivido muchas veces dentro de una burbuja, siempre intentando llegar a todo y ayudando a todos. También admite que esa forma de estar en el mundo ha tenido consecuencias en sus relaciones y en su familia y en el tiempo que les dedica. Se refiere a ella como una vida “pobre” en algunos aspectos, pero ahí Mercedes le frena. Le recuerda que también ha podido elegir lo que más le gustaba y seguir ese camino, algo que no muchas personas tienen el privilegio de poder hacer.
El episodio deja además una anécdota inesperada: un parto en un campo base, resuelto con tijeras de esquilar ovejas y cuerda de fardo. Una historia extrema contada con una calma casi desconcertante. También aparece el recuerdo de Darío Barrio, Álvaro Bultó y otros compañeros que marcaron una época de su vida. Txikon habla de ellos desde el dolor, pero también desde la admiración por quienes vivieron con intensidad.
Al final, la montaña en Álex Txikon no funciona como escaparate, sino como espejo. Un lugar donde no se trata de ser héroe, sino de avanzar, sentir, decidir y seguir dando el siguiente paso.
