El fútbol español rompe el silencio sobre el acoso y la salud mental: "Si no hubiera recibido tanto odio, no hubiera fallado"
- La docuserie Denominación de origen muestra el lado más humano de los futbolistas de la selección española
- En el segundo capítulo se adentra en los mensajes de odio, amenazas e insultos que reciben en las redes sociales

Álvaro Morata en 'Denominación de origen'
¿Hasta dónde sabemos sobre lo que sienten los futbolistas? Esos seres casi superiores, que parecen transitar por encima del bien y del mal. Hércules contemporáneos llenos de glamour, cochazos de lujo y community managers. Pero, ¿eso justifica las amenazas, insultos y vejaciones que a veces reciben? El segundo capítulo del documental Denominación de origen. La forja de un sueñose adentra en los sentimientos más profundos de los jugadores de la selección española y reflexiona sobre la salud mental y el deporte de élite.
El episodio viaja en su inicio a una semana antes de la Eurocopa 2024. Aquel grupo de jóvenes jugadores reclutados por Luis de la Fuente no generaba grandes expectativas. Los comentarios en la prensa deportiva no eran nada halagüeños. Se les tachaba de inexpertos, de carecer del nivel necesario y de no generar ilusión por el devenir de la Roja en el torneo. Todo eran comparaciones con otras selecciones y poco piropo.
Pero había dos jugadores destinados a cambiarlo todo. Nos remontamos a septiembre de 2023, partido de clasificación entre Georgia y España. Salen al campo desde el banquillo Nico Williams y un tal Lamine Yamal, joven perla del Barça que hacía su debut con la selección. Aquel partido les puso en el disparadero. El mundo vio de lo que eran capaces dos chavales que parecían estar jugando una pachanga de barrio. España goleó por 1-7 bajo la intensa lluvia y dos futbolistas crearon un binomio irrepetible.
Nico Williams y Lamine Yamal bromeando durante una concentración con la selección española.
A partir de ahí se fragua una amistad intensa entre ambos. Hacen juegos, bromas, piques sanos, bailes en las celebraciones de los goles… “Cuando se juntan es una bomba”, los describe Fermín López. Una compenetración dentro del juego que trasladan en las concentraciones al resto de los compañeros. “Les veías jugar y parecía que estaban en el patio de un colegio”, recuerda Aitor Karanka, director deportivo de la RFEF.
Más allá de la revolución futbolística, Lamine y Nico también reflejaban el cambio sociocultural que se estaba produciendo en España. Dos chicos, hijos de migrantes, convirtiéndose en estrellas. El fútbol como reflejo de los cambios sociodemográficos de un país.
El odio en las redes sociales
Un cambio imparable que contrasta con una lacra que sacude el fútbol hoy en día: los mensajes de odio en redes sociales. El documental sitúa jugadores como Nico Williams, Ferrán Torres, Borja Iglesias o Cucurella frente a todos los insultos, amenazas y menosprecios que reciben en las redes por su color de piel, su forma de pensar o una mala racha deportiva.
Nico Williams recuerda cómo le miraban cuando no era famoso y cómo eso ha cambiado ahora: “Yo voy a un restaurante y soy Nico Williams y la gente te mira de otra manera. Pero va mi madre, que nadie la conoce, y es una negra más. Ya empiezan los prejuicios y las miradas. Es una locura”.
Álex Baena revive el episodio de su choque con Valverde en un partido de Liga entre el Villarreal y el Real Madrid. El jugador uruguayo le pegó un puñetazo y le dijo: “Dime ahora lo que me has dicho antes sobre mi hijo”. Un momento que rápidamente se trasladó a las redes sociales. “Era la primera vez que recibía tanto odio. Miraba las redes y eran todo insultos hacia mí y hacia mi familia. Recibí mucho odio sin ninguna explicación. Llega un momento que le mandé un mensaje al psicólogo, que no merecía la pena seguir y que lo quería dejar”, se sincera.
Tampoco se ha librado del odio digital Mikel Oyarzabal. Él tuvo que vivir que en el pueblo de su madre colgaran una pancarta en la que ponía “Merino y Oyarzabal traidores” en euskera con la ikurriña y la bandera de España tachada. “La gente muchas veces utiliza el fútbol para mostrar su odio y su malestar y soltar la rabia que lleva dentro para no trasladarla a casa”, considera el jugador de la Real, que da su receta para superarlo: “Todo esto lo llevo a un baúl, lo encierro ahí y directamente lo reciclo, porque no me sirve para nada en lo personal”.
Morata: "Mi cabeza no me dejó tirar el penalti donde yo quería"
Borja Iglesias lleva años sufriendo un acoso indecente e insultos constantes por su forma de vestir, por pintarse las uñas y por su discurso en favor de los homosexuales. “Mi pareja lleva diez años haciendo contenido en redes y dice que el mayor hate lo ha notado desde que empezó conmigo”, confiesa el gallego.
Ferrán Torres y su hermana hablan de los problemas de salud mental que tuvo el jugador del Barcelona cuando le empezaron a criticar por sus fallos de cara a gol. Cuenta en exclusiva cómo tuvo que ponerse en manos de un psicólogo para superar esos momentos. "Las redes te pueden llegar a reventar porque somos masocas. Da igual que leas cien comentarios buenos que si lees uno malo, te quedas con ese", admite.
Empiezas a perder confianza, a perder alegría, a perder las ganas por ir a entrenar al día siguiente y no sabes porqué
Un pozo en el entras y no sabes cómo salir: “Empiezas a perder confianza, a perder alegría, a perder las ganas por ir a entrenar al día siguiente y no sabes por qué. Yo era de los que nunca contaba lo que tenía dentro, me costaba mucho abrirme incluso con mi gente de confianza y ahí es donde empieza el problema”.
Álvaro Morata es uno de los jugadores españoles que más ha sufrido las críticas. Ahora juega en el Como y delante de las cámaras se abre en canal sobre uno de los momentos más críticos de su carrera. Habla de la Eurocopa 2020 y el penalti que falló contra Italia que apeó a España de la final. “Estoy convencido de que si no hubiera recibido tanto odio, no hubiera fallado el penalti contra Italia”, confiesa.
El delantero describe lo que sintió en esas décimas de segundo: “Lo habíamos hablado con el psicólogo. Cogí el balón hacia el punto de penalti pensando ‘lo vas a meter’, ‘vas a ser el mejor del partido’. Pero cuando cogí carrerilla, dije ‘uf’… mi cabeza no me dejó tirar el penalti donde yo quería”.
No hay mayor victoria que pueda mostrarle a mis hijos que haber vuelto una y otra vez después de haber estado en la mierda
Más allá de aquel episodio, fue otro momento crítico el hizo que saltaran las alarmas: “Me di cuenta que algo grave me pasaba cuando un día en un entrenamiento fui a atarme las botas y no podía respirar y veía borroso. Me subí al coche, me metí en la cama y piensas un montón de cosas chungas”. Morata se recuperó de la depresión y en la Eurocopa de 2024 volvió a brillar. “No hay mayor victoria que pueda mostrarle a mis hijos que haber vuelto una y otra vez después de haber estado en la mierda”, resume.
El viaje de Dani Olmo a Croacia
El documental se adentra también en el viaje que tuvo que recorrer Dani Olmo cuando apenas era un adolescente. Junto a su padre Miquel Olmo hizo las maletas y dejó atrás los años en los que era feliz en La Masía para adentrarse en un fútbol y una cultura completamente ajena. La decisión de irse al Dinamo de Zagreb con 16 años le cambiaría la vida para siempre. Un lugar con las cicatrices de la guerra de los Balcanes todavía latiendo. Con fríos meses invernales, la soledad de la lejanía y compitiendo contra futbolistas más corpulentos.
Allí se forjó en el jugador que es a día de hoy. “Maduré mucho más deprisa de lo que lo hubiera hecho quedándome en Barcelona”, asegura.
Dani Olmo durante la entrevista para el documental.
El origen de su compañero en el Barça, Pau Cubarsí, es bien distinto. El pequeño pueblo de Estanyol es la cuna del central: “Ser de pueblo es tranquilidad máxima”. La España vaciada en estado puro. No hay ni supermercado, ni farmacias, ni casi cobertura de teléfono, ni campo de fútbol. Tan solo la iglesia y la carpintería de su padre: “Él comenzó a trabajar de pequeño con mi abuelo. Mi padre me ha enseñado que para ser carpintero hay que buscar la perfección y en el campo también hay que buscarla“.
Para Marc Cucurella la ciudad que le transformó fue Londres. Su historia la comparte con su pareja, Claudia Rodríguez. El Chelsea pagó por él 60 millones de euros, el precio más alto por lateral izquierdo. Una cifra astronómica que se convirtió en una carga: “Al principio no le fueron muy bien las cosas ni al equipo ni a mí y empecé a pagar un poco todo el precio que pagaron por mí y pesa”.
Pero lo que cambió la vida de Cucurella fue el nacimiento de su hijo Mateo, el mayor de los tres que tiene. Empezaron a darse cuenta que el niño se quedaba solo sin jugar con el resto de los niños y que algo le pasaba. “Lo dejábamos en el cole y se pasaba toda la mañana llorando. Y nos montábamos en el coche y nos poníamos los dos a llorar”, confiesa el propio jugador al borde de la lágrima. “Ver a tu hijo sufrir es de las cosas más duras que hay”, se derrumba.
Marc Cucurella en el salón de su casa durante el documental.
Cucurella recuerda que Claudia encontró una escuela en Londres, donde le hicieron unas pruebas, le diagnosticaron autismo y le admitieron. “Nos cambió la vida encontrar esa escuela”. “No viven en su mundo, viven en el nuestro, compartimos el mismo mundo y tienen el mismo derecho. Tenemos que encontrar la manera de estar todos aquí”, describe la propia Claudia.
Y de Londres a Pamplona. Ciudad natal de Mikel Merino, que recuerda junto a su padre Miguel la histórica celebración del gol que marcó con Osasuna contra el Stuttgart en el año 1991 dando la vuelta al banderín de córner. El jugador del Arsenal recuerda cómo sus primeros pasos fueron siempre asociados al fútbol: “Mi padre me llevaba a ver los partidos cuando estaba en el Celta y me fascinaba cómo sonaba el balón cuando chutaban a puerta o el olor a hierba por la mañana”.
Sin haberlo planeado antes, me voy al córner a celebrarlo como signo de respeto no solo a mi padre sino a toda la familia
Su gran momento llegó en los cuartos de final de la Eurocopa. El partido encontraba a España con Alemania, la anfitriona. El escenario impresionaba. Y entonces, llegó su gol de cabeza. “Viendo el minuto que es y cuáles son mis cualidades, me fui al área. Dani saca el centro, consigo equilibrarme bien y cuando golpeó el balón, bajo mucho la cabeza, consigo darle mucho impulso y tardo un poco en levantar la cabeza. Hay un segundo que estoy en el limbo, hasta que no veo que el balón toca la red no estoy tranquilo”, rememora.
Y del gol al córner: “Sin haberlo planeado antes, me voy al córner a celebrarlo como signo de respeto no solo a mi padre sino a toda la familia, por todo lo que me han dado. Se me va a quedar grabado para siempre”.
