José Luis, el policía que rescató heridos en Urda y los acompañó hasta el final: "No hay cuerpo que esté preparado para esto"
- El agente volvía del trabajo a su casa en Sevilla en el vagón del Iryo que recibió el impacto y no dudó en ayudar
- Sigue la actualidad relacionada con el accidente ferroviario en Urda, en directo
En medio de la tragedia, del dolor, incluso de la muerte, siempre hay quien lo deja todo para ayudar a los demás. Es el caso de José Luis Moris, un policía nacional que viajaba el pasado miércoles uno de los dos trenes accidentados en Urda (Toledo) y que, sin dudarlo, abandonó su propia seguridad para rescatar a heridos y acompañarlos hasta el final. A algunos, incluso, hasta sus últimos suspiros antes de fallecer.
José Luis viajaba en el vagón número 8 del Iryo, el tren que recibió el impacto fatídico un AVE en una colisión por la que han fallecido 69 personas y que ha dejado 41 heridos, 16 de ellos todavía en la UCI.
Para él, según relata a TVE, "era un día más". Acababa su jornada laboral en Madrid y volvía a Sevilla, donde le esperaban su mujer y su hija recién nacida. Subió al tren a las 8.00 de la mañana dispuesto a dormirse, como hacía cada día. Media hora más tarde, el tren se paró por un fallo en el sistema de señalización y seguridad LZB, y él se despertó.
"Pensé que sería cuestión de minutos. Y a los cinco o diez minutos se escuchó un sonido muy, muy fuerte, como de una radial cortando algo, y ya se notó el impacto", recuerda. Por suerte, él y los pasajeros del vagón en el que iba no resultaron heridos graves porque el impacto aquí fue menor.
Del golpe inicial al instinto de ayudar: "Al salir, vi la tragedia. Horrible"
"En ese momento no éramos muy conscientes. Empezaron a caerse maletas y a oírse gritos (...) No te puedo decir lo que duró, pero fue horrible", relata. Lo primero que hizo, explica entre sollozos, fue mandarle un mensaje a su mujer para decirle que estaba bien, que estaba vivo.
Entonces, miró por la ventana y vio el fuego y el humo. Y su primer pensamiento fue abrir la puerta de emergencia para ayudar a la gente a salir por si había un incendio, pero cuando salió, cambió por completo su perspectiva.
"Al mirar a la derecha vi la tragedia. El tren estaba totalmente volcado, horrible. Miré a la izquierda y desgraciadamente veo que hay otro tren y en el primer momento pienso que viene hacia nosotros de frente". El agente no era consciente del choque entre los dos trenes, pero rápido animó a la gente a desalojar por si pudiera haber un nuevo impacto.
Tras identificarse como policía ante la interventora del Iryo, que estaba "muy nerviosa" tratando de contactar con la tripulación, se dirigió a los vagones que estaban volcados por el accidente.
Ayudar con extintores y sus torniquetes: "Lo hicimos como pudimos, era una masacre"
"Allí fue horrible", rememora. Uno de los vagones estaba empezando a arder y fue a por dos extintores y a por su mochila, en la que tenía un botiquín de primeros auxilios con torniquetes. "Siempre los llevo por el trabajo, por suerte". Con ayuda de un joven, empezaron a apagar el fuego y a sacar gente del vagón.
"Lo hicimos como pudimos porque aquello era una masacre. Había restos de gente, muertos, gente muy herida…", relata. Antes de que se desplegaran por completo los servicios de emergencia, recuerda que eran unas 15 o 20 personas que viajaban en los trenes ayudando a sacar heridos. "Muchos éramos policías", explica, aunque también había una técnico de emergencias que por "casualidades del destino o gracias a Dios" se encontraba allí.
José Luis y algunos de ellos sacaron a un joven y al hacerlo, escucharon a otro que estaba debajo de un sillón. "Tenía la pierna totalmente seccionada. Comenzamos a sacar sillones y a sacarle como pudimos. No sé ni de dónde agarrábamos. No sabíamos nada", prosigue José Luis, que añade que, para más dificultad, había una alambrada para frenar al ganado que les dificultaba la labor.
El policía estuvo poniendo torniquetes y evacuando gente hasta que llegaron los servicios de emergencia. Desde un helicóptero medicalizado a militares, guardia civil, trabajadores de una farmacia…. "Había mucho caos, pero dentro de lo que había, se pudo".
Acompañando hasta el final: "Les tuvimos de la mano hasta que se los llevaron"
Hubo un momento, cuando ya estaban trabajando a pleno rendimiento los servicios de emergencia, que José Luis pensó: "Éramos un estorbo. Porque todo ya eran clavos, hierros sueltos… y sin guantes ni nada no podíamos hacer nada".
Fue entonces cuando decidió dejar trabajar al resto de profesionales y centrarse en acompañar a las víctimas junto a otras dos compañeras del Cuerpo de Policía Nacional, Carmela y Noelia, con las que coincidió tras el accidente.
"Cada uno se puso con una víctima. Los había más heridos, menos heridos y a punto de fallecer y los acompañamos. Los tuvimos de la mano hasta que les fueron filtrando por la gravedad", expone. La clasificación se hizo mediante pegatinas: verdes para los casos más leves, siguiendo con el amarillo y el rojo para los más graves, y pegatinas negras para quienes ya habían perdido la vida. Y siguieron acompañando a todos hasta que se montó el hospital de campaña y fueron trasladando a los heridos hasta los respectivos hospitales.
"Fue muy duro (...) Nadie te prepara para esto"
José Luis solo se llevó algunos rasguños y arañazos del accidente, afortunadamente, pero admite que anímicamente se encuentra "muy mal" y recuerda entre lágrimas cómo vivió todo aquello: "Puedes ver imágenes en redes sociales, puedes ver mil cosas, pero llegar allí y ver eso… No hay cuerpo que esté preparado para eso".
Recuerda que solo activó "el modo automático" tras el accidente, el "modo policía". "No piensas, simplemente haces lo que puedes. Te metes ahí, sacas a gente y acompañas a los que no puedes sacar".
Pero para él "fue muy duro". "Se oía a gente gritando, pidiendo auxilio. Había una chica, pero no podíamos llegar a ella y no sabíamos ni dónde estaba", rememora.
La angustia de su familia: "No tenían constancia de que estuviera vivo"
Es al hablar de su familia cuando José Luis vierte más lágrimas. Después de escribirles hacia las 8.30 de la mañana de la tragedia para decirles que estaba bien, no pudo volver a contactar con ellos hasta las tres de la tarde. "Imagínate… con una niña recién nacida, mi mujer, mis padres (...) El miedo está, de que se pueda caer un vagón, de que haya un fuego".
Porque, al estar ayudando en las labores de rescate, nadie anotó que él y otros viajeros estaban vivos. "Entonces, me llamó la Guardia Civil preguntando. No tenían constancia de que estuviera vivo".
Tras el accidente, ha seguido en contacto con algunos de los protagonistas de aquella terrible mañana. Con la técnica de catástrofes, y con el joven de la pierna seccionada, que era americano y con el que se quedó porque no muchos hablaban inglés. "Mantengo el contacto con su familia porque me pidió que avisara a su madre de que estaba bien. Ayer hablé con su familia. Él está ingresado grave pero vivo", expone.
También, con las dos compañeras policías con las que coincidió en la labor de rescate. "Fue un consuelo saber que otra gente, hermanos por así decirlo, estaban a tu lado", concluye.
