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El 'camino de espinas' de Joy, niña migrante que llegó a España

  • Se estiman en 2.600 las menores no acompañadas en España, según la Fiscalía
  • Huyen de violencias específicas de género y viven más violencia en el camino
Primer plano de Joy Mathins, mujer joven de piel oscura, cabello negro liso, sonriendo con camisa dorada y micrófono de solapa. Fondo oscuro y desenfocado.
Joy Mathins, llegó como niña menor no acompañada a España Talia Martinez de Marañón
Talia Martínez de Marañón

*Objetivo Igualdad se emite los domingos a las 16:30h en el Canal 24 horas y después en RTVE Play

Joy Mathins, tiene 33 años, vive en España y trabaja como auxiliar de enfermería. Le emociona especialmente “cuidar a las personas mayores, a la tercera edad, porque es gente que te necesita”. Pero para llegar hasta aquí ha atravesado un auténtico calvario.

“Tenía 15 años cuando salí de mi país, de Nigeria” cuenta Joy. “Me quería ir porque vi cómo sometían a mi hermana a una ablación de clítoris”, narra con espanto, “sangraba y le dolía muchísimo y yo no quería que me hicieran lo mismo”. También explica que huyó por hambre “muchas veces mi familia no tenía ni para comer una vez al día”.

“Creí que iba a trabajar de peluquera en Italia, pero me engañaron“

Las violencias que sufren las niñas para huir de sus países “son específicas por su género”, explica Catalina Perazzo, directora de influencia y desarrollo territorial en Save the Children España, porque huyen, sobre todo, “de violencia comunitaria, en el hogar, de género, sexual, de matrimonios forzosos, de procedimientos como la mutilación genital femenina”.

Joy había aprendido a “hacer trenzas y extensiones” y le ofrecieron “ir a trabajar de peluquera a Italia”. Las condiciones, un buen sueldo y viajar en avión. Pero “me engañaron, y tuve que atravesar el desierto del Sáhara, casi sin comida ni agua”, cuenta.

Es el 'camino de espinas' explica Nicole Ndongala, presidenta de la asociación Karibu, que lleva 35 años trabajando para ayudar a mujeres y hombres africanos. “La vulnerabilidad de estas niñas es extrema”, continúa Ndongala, “no viajan, huyen, cruzan fronteras, creo que incluso las fronteras las cruzan a ellas”. Explica que a veces “pierden la regla por la falta de agua en el desierto”.

Mujeres nigerianas cargan sacos de comida Anotnio Patino, Getty Images

“Querían prostituirme en Libia. Mi precio era mayor al ser menor”

Después de su viaje por el desierto, Joy llega a Libia. “Me dijeron que iba a trabajar como prostituta”. Como era muy pequeña, cuenta que no sabía lo que significaba “trabajar como prostituta, porque era virgen y no había hablado nunca de sexo”. Lo que sí le explicaron sus compañeras de viaje, es que después sí querían llevarlas a Italia. Porque le dijeron que la podían “vender” mejor. Mathins explica: “Somos más caras porque somos menores de edad” y por eso “no nos van a deportar, y nuestro precio es más alto”.

““no consideran a esas niñas como personas si no que las consideran como mercancía”“

Nicole Ndongala

“Viven violencia sexual brutal, y explotación sexual”, cuenta la presidenta de Karibu, porque los mafiosos “no consideran a esas niñas como personas si no que las consideran como mercancía”. Por eso continúa Ndongala, “tienen el riesgo de quedarse embarazadas en el camino, con el riesgo que eso conlleva”.

“Son procesos absolutamente traumáticos donde han sido cosificadas”, explica Flor González Muñiz, Presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Educadoras y Educadores Sociales. “Son tratadas como objetos en un contexto social donde la mujer se encuentra totalmente devaluada”.

“Se utiliza la trampa de vamos a llevarte a Europa y a conseguirte un trabajo”, explica Parazzo pero finalmente es “la trampa de la explotación”. La directora de influencia y desarrollo territorial en Save the Children España explica que “normalmente es explotación sexual”, pero también como “trabajadoras domésticas sin ningún tipo de condiciones laborales“ y añade que hay “otras explotaciones, invisibilizadas, como la venta de órganos”.

Mujer en Libia Informativos TVE

“Me vendieron a un hombre en Marruecos que me pegaba y me violaba”

Como Joy no tenía dinero para volver a su país desde Libia, decidió escaparse con otro grupo que viajaba a Marruecos. Pero al llegar allí “otros mafiosos me vendieron a un hombre que empezó a maltratarme”.

““me pegaba, me violaba, me dejaba encerrada sin comer”“

Joy Mathins

Cuenta Joy que pasó mucho miedo, “me pegaba, me violaba, me dejaba encerrada sin comer”. Mathins narra con espanto: “Me consideraba su objeto, su pertenencia. Había pagado por mi unos 1.500 euros”.

El hombre es el padre de su hija: “Cuando me quedé embarazada casi pierdo a mi bebé porque me golpeaba en la barriga”. De hecho, la golpeó tanto, que llegó inconsciente al hospital, donde le practicaron una cesárea de urgencia y pasó cinco días en coma.

“Llegan muchas menores a cargo de niños a España”, explica González Muñiz, “la mayoría de las veces son niños no deseados, porque son producto de violaciones. Viven en sus países de origen o en el camino a llegar hasta aquí”.

Migrantes suben a patera JOEL CARILLET Joel Carillet, Getty Images

“No sabía nadar y creí que iba a morir porque vi a muchos ahogarse”

Joy decidió volver a huir cruzando en patera a España. Sabía que podía morir ahogada porque “no sabía nadar”, pero creía “que iba a tener suerte”. Lo intentó varias veces y en una de ellas, su hija tenía pocas semanas de vida. “La patera volcó y mi hija casi se me escapa de las manos de lo pequeña que era”, rememora. Se salvaron porque aún se podía hacer pie. Pero en otra ocasión “fue horrible”. Cuenta Joy que “pensaba que iba a morir” porque “se ahogó la mitad de la gente que embarcó”.

Tuvo que volver con su agresor y volvió a intentar escaparse cuando su hija tenía un año. “Viajó a mi espalda, atada con un pañuelo”, cuenta Joy. Para viajar muchas mujeres daban pastillas para dormir a sus hijos “y algunos murieron ahogados por eso”. Mathins explica que para mover la patera “primero se meten las mujeres en el mar, y luego se suben todos, y por último nosotras”.

“Una niña en esa situación está expuesta a más violencia porque no puede escapar”, explica la directora de Influencia y desarrollo territorial en Save the Children España, que añade: “Si alguien quisiera abusar de ella en ese espacio sería muy complicado resistirse”.

“Una patera es una mini sociedad”, cuenta González Muñiz. “Las niñas por ser mujeres y por ser niñas, están en la escala menor de todo ese proceso”.

“Yo pensaba que iba a volver a morir y mi hija pasó mucho miedo”, narra Joy, “porque comenzaron unas olas gigantes”. Explica que varios murieron al caer al mar. De hecho su hija, ya adolescente, no sabe nadar, “le tiene miedo al agua”.

“La ruta más mortífera actualmente a nivel mundial la llamamos la que ‘come vidas’ pienso que es la ruta atlántica”, sentencia la presidenta de Karibu, que cree que es, además, “por donde están pasando la mayoría de esas niñas que llegan como menores no acompañadas”.

Flor González Muñiz, presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Educadoras y Educadores Sociales Talia Martínez de Marañón

“El trauma es tan intenso que sin ayuda no pueden recuperarse”

Cuando Joy consiguió reunirse con su hija estuvo con Cruz Roja durante unos meses. La situación de estrés que viven estas niñas es "tan intensa”, explica González Muñiz, “que puede parecer que no tienen interés o que tienen apatía”.

“Pueden tumbarse y no hacer caso”, cuenta la presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Educadoras y Educadores Sociales, porque “el cansancio derivado ese estrés hace que permanezcan tumbadas”, casi continúa como si “no quisieran hablar, con los ojos cerrados”.

“ "haya profesionales formados en contextos de violencia y maltrato a niñas en situación de extrema vulnerabilidad”“

Flor González Muñiz

Por eso es tan importante, señala, que "haya profesionales formados en contextos de violencia y maltrato a niñas en situación de extrema vulnerabilidad”, afirma González Muñiz. "Que sepan entender que con una sobrecarga de estrés segregamos tal cantidad de cortisol que nuestro cuerpo es incapaz de dar una respuesta normalizada”.

Además, añade la presidenta del CGCEES que hay que hacer “un abordaje individualizado de esas niñas” porque tienen “un handicap por su género que las marca con traumas por sufrir múltiples tipos de violencia”. González Muñiz señala “el trauma con el que llegan es tan intenso que sin ayuda no pueden recuperarse”.

“Son traumas que duran de por vida”, cuenta Ndongala. “Quedan cicatrices que nunca se curan”, explica la presidenta de Karibu, por eso además del “itinerario individual” hay que entender “que suele ser una recuperación lenta y que necesita tiempo”.

Catalina Perazzo, directora de influencia y desarrollo territorial en Save the Children España Julián Vallejo

“La protección a estas niñas tiene que empezar en la frontera”

“La protección a estas niñas tiene que empezar en la frontera”, reivindica Perazzo que añade que esa protección comienza porque “se las identifique como tal” porque señala “muchas si no caen en redes de trata al no poder acceder al sistema de acogida”. Además necesitan “atención a su salud mental, con un itinerario formativo y una residencia legal”.

“Las niñas tienen una capacidad de adaptación y de integración mayor”, explica la presidenta de Karibu porque “vienen con una carga mayor de responsabilidad de sus familias y su comunidad en origen”

““ha sido muy fácil con Ucrania ser sociedad de acogida”“

Catalina Perazzo

“Sería bueno como sociedad darnos cuenta de que nos hacen ser mejores cuando somos una sociedad de acogida”, explica la directora de influencia y desarrollo territorial en Save the Children España. Perazzo, señala: “Ha sido muy fácil con Ucrania ser sociedad de acogida. En el caso de estas niñas solas que llegan de países africanos, es más difícil a veces construir esa narrativa”. “Se puede hacer mejor” dice, para “restaurar el daño que han sufrido durante todo ese trayecto migratorio”.

“Tenemos que ser honestos” asegura la presidenta del CGCEES porque “no estamos respondiendo adecuadamente a esa vulnerabilidad y a ese riesgo con el que llegan estas niñas”.

Nicole Ndongala, presidenta de la Asociación Karibu Nicole Ndongala

“Yo no quise ser prostituta por mi hija”

Cuando Joy cumplió la mayoría de edad intentó captarla, esta vez en España, una red de trata de personas para explotación sexual. Con la ayuda de la Fundación Amaranta consiguió escapar. Con mucho esfuerzo por su parte, Mathins tuvo que estudiar y sacarse primaria y la ESO”. Le costó bastante por el idioma (ella hablaba un dialecto nigeriano e inglés). Además ha sido capaz de aprobar dos grados medios, uno de microprocesadores y otro de auxiliar de enfermería. Su sueño es ser cirujana.

““Mi hija va a cumplir 15 años como cuando yo salí de mi país”“

Joy Mathins

“Mi hija va a cumplir 15 años. Esa es la edad que yo tenía cuando salí de mi país”, afirma llorando Mathins cuando recuerda lo que ha sufrido en su recorrido. Quería que su hija pudiera tener un futuro, el que ella no tuvo, dice.

Se siente orgullosa cuando reela que su hija, jugadora de baloncesto, estudia mucho y saca buenas notas en tercero de la ESO. Joy lo tuvo claro: “No quería ser prostituta porque quería darle una imagen de una madre de verdad. Quería que viera otro camino distinto, que me viera luchando por estudiar”.