La IA al otro lado de los pupitres o cómo los profesores la usan para dar clase
- El profesorado muestra interés por la IA, pero aún no hay una estrategia definida por parte de la administración
- Plataformas como Edvolution han cambiado su enfoque, de la digitalización a enseñar IA al profesorado
Una semana después del informe PISA, en el entorno del profesorado siguen resonando los datos reflejados sobre el sistema educativo español. Esa pérdida de 23 puntos en lectura y 16 en matemáticas respecto a 2022 duele. Según los datos recopilados, la capacidad de concentración de los estudiantes es preocupante. La sombra que planea entre los docentes es cuál será el impacto de la IA en la capacidad cognitiva de los alumnos en los próximos años. Países como Suecia ya se han puesto manos a la obra para paliar esta situación. Y sin florituras. Volver a dar prioridad a los libros de papel y fomentar la lectura física, sobre todo en las primeras etapas. Pero no se puede simplificar la problemática a la adicción a las pantallas, ya que hay otros factores que son relevantes, como la forma de usar la tecnología o las propias condiciones de enseñanza de cada centro.
No es una sorpresa que los alumnos vayan diez pasos por delante del profesorado a la hora de usar herramientas de inteligencia artificial. Cada escuela, instituto o aula gestiona esto como puede. La ciudad de Nueva York ha decidido prohibir el uso de la IA generativa desde infantil hasta los 13 o 14 años. Además, ha introducido restricciones y recomendaciones sobre el tiempo de uso de los dispositivos digitales. Como siempre, lo que pase en cada casa, está fuera del alcance del centro. Pero cancelar sin educar no tiene sentido, y por eso también han puesto en marcha planes de alfabetización de IA entre el alumnado. Los maestros y maestras sí podrán seguir usando la inteligencia artificial para planificar sus clases y tareas administrativas. En España, aún no hay consenso sobre cómo usar esta tecnología para enseñar, pero los educadores no son ajenos a su potencial y, una gran mayoría, está ávida de usarla.
Una gran parte del profesorada desea más formación en IA Antonio Hugo Antonio Hugo
Abre las puertas a una enseñanza más personalizada
Para Eva Sánchez Silva, profesora de pedagogía terapéutica del IES José de Mora (Baza, Granada), “la IA me ha resuelto muchas papeletas”. Trabaja con alumnos con necesidades específicas de apoyo educativo en primero y segundo de la ESO, concretamente en lengua y matemáticas. Una parte importante de su trabajo consiste en buscar y elaborar materiales adaptados a estudiantes con dificultades diferentes. “Antes perdía mucho tiempo buscando recursos, ahora puedo pedir a la IA que adecúe un mismo texto a diferentes niveles de comprensión y sus correspondientes preguntas”, explica a RTVE Noticias por videollamada. La IA funciona como una primera versión del material, que ella después revisa.
Eva se mueve en un terreno muy concreto, el de dar una enseñanza personalizada a alumnos que necesitan frases más sencillas, o una representación visual, o un contenido más complejo. “Necesito que adapte esto o que este material sea de una forma concreta. Depende de las peticiones de mis compañeros”, matiza la profesora de Baza, que tiene que encontrar una vía para que el alumno pueda trabajar. Reconoce que la rapidez con la que consigue generar diferentes tipos de niveles de respuesta alivia la tarea de preparación. Su caso es un claro ejemplo de cambio en su trabajo del día a día. Está por ver, si la mejora en el flujo de trabajo también se traduce en buenos resultados académicos.
No hay consenso oficial de cómo impartir clase usando herramientas de IA
De la enseñanza en competencias digitales a herramientas de IA
El caso de uso de Eva es uno de los muchos en que la IA se puede aplicar en la educación. Elaborar un dictado que refuerce el uso de determinadas letras, preparar una presentación o preparar exámenes con diferente dificultad son algunos de los ejemplos que destaca Luis Alfonso Ruiz, director de operaciones de Edvolution. “Tengo que preparar una clase, tengo que preparar una evaluación, tengo que preparar una guía didáctica. Mis propuestas surgen de escuchar a los docentes antes de pasar a explicar las funciones de una aplicación”, explica. De entrada, reconoce que el volumen de herramientas disponibles de inteligencia artificial es tan grande, que los profesores se echan para atrás al no saber cuál es la que podría ayudarles en sus materias.
Edvolution nació en 2016 para ayudar a los centros educativos a incorporar la tecnología en las aulas y formar a los educadores. Aquel objetivo de digitalización ha virado hacia la inteligencia artificial. Lejos quedan los tutoriales online para utilizar un correo electrónico o los documentos de Google. Lo que se mantiene en la plataforma es el enfoque práctico. “No me limito a decir: ”La herramienta funciona así y aquí tienes los botones”, sino “este es tu trabajo. Mira cómo te va a ayudar esta herramienta para resolver esto”. El interés por aprender este tipo de soluciones se ha disparado.
Las grandes tecnológicas han diseñado programas formativos sobre IA para los profesores t
Gran interés por parte del profesorado
A finales de agosto, Edvolution organizó una formación en línea. La intención era enseñar las posibilidades que ciertas aplicaciones ofrecían desde el punto de vista educativo. Siendo verano y con los profesores aún de vacaciones, la convocatoria sobrepasó cualquier expectativa. Más de un millar de docentes se conectaron. “Cuando comentamos la cifra de gente conectada, nos quedamos impactados porque podían ser más. En una sola conexión había un claustro de 25-30 profesores participando”. “Hay una demanda real del profesorado”, asegura Rosa Rocha, profesora de matemáticas y presidenta de la Asociación de Directores de Institutos Públicos de Madrid (ADIMAD). “Ahora mismo estamos un poco perdidos”, dice al reconocer que es, en las reuniones de los centros, donde los docentes no saben qué herramientas utilizar o qué permitir a los alumnos.
Rosa Rocha reclama formación práctica, que permita probar de verdad las herramientas, “los programas de formación de las administraciones, de las consejerías de Educación, son formatos muy encapsulados, muy cerrados. En el caso de la Comunidad de Madrid, tienes que hacer seminarios de 30 horas”. Una cantidad de clases que absorbe mucho tiempo del profesorado. Opina que “el modelo debe proponer formaciones de dos horas y tener un tutor de apoyo para consultar las dudas. Es trabajar de forma más dinámica”. La línea de pensamiento de Luis Alfonso va por el mismo camino, cree que es necesario acompañar a los profesores más allá de hacer un mero curso de uso de aplicaciones con inteligencia artificial. “En las universidades, a partir de sesiones formativas, hemos realizado varias semanas de seguimiento donde los profesores nos plantean sus preguntas”.
Cada comunidad autónoma funciona de forma diferente. “La Junta de Andalucía propone todos los años un plan de formación. Y se basa en las necesidades que nosotros, el profesorado, tenemos. A principio de curso hacemos una encuesta sobre las necesidades reales del profesorado”, señala Eva Sánchez Silva. A esas peticiones desde el lado de la enseñanza, Rosa Rocha cree que también es esencial que los centros se organicen y compartan las aplicaciones que funcionan. “Un profesor solo no puede abarcarlas todas. Si se preparan los materiales conjuntamente y las instrucciones a la IA, eso haría que se aprovechase el trabajo del compañero”.
Tanto la forma de estudiar como la de enseñar han cambiado t
La hora de evaluar al alumno
“No podéis andar como polis y cacos detrás del alumno”, dice Luis Alfonso a los profesores que gastan energía en descubrir si los trabajos están hechos con IA. “No queda otra que cambiar la manera de evaluar, con exposiciones orales, actividades que incluyan entrevistas o imágenes elaboradas por ellos mismos”. Considera muy positivo que el estudiante defienda ante la clase lo que ha aprendido y responda a las dudas de sus compañeros. Para Eva Sánchez, mandar una tarea a los estudiantes que la IA puede resolver en casa, le ha llevado a buscar otras actividades con “más debate e investigación, “más de pensamiento y razonamiento”. Y añade, “tenemos que ponernos las pilas. No sé si nos estamos saltando alguna línea roja”. Rosa Rocha recuerda una anécdota que demuestra el gran impacto de la inteligencia artificial en la educación. Durante una clase, un alumno le pidió permiso para fotografiar la pizarra. Con esa captura, el alumno le iba a pedir a la IA un resumen. “Esa es la facilidad con la que han incorporado estos nuevos recursos. Nuestro reto es averiguar si comprenden lo que reciben”, afirma la presidenta de ADIMAD.
Apoyo a los docentes desde lo privado
Aún no hay una estrategia definida ni desde las diferentes consejerías ni en las administraciones públicas sobre cómo hay que entregar la IA al profesorado. Las privadas juegan con ventaja y ya están implementando herramientas. Las grandes interesadas son las empresas tecnológicas, que han diseñado programas formativos. Google ha convocado una subvención de un millón de euros para formar en inteligencia artificial a educadores de toda España. La compañía ha integrado Notebook LM en Gemini (su asistente de IA) en la versión pública. De esta forma, ayuda a los docentes a trabajar con documentos propios y organizar la información proveniente de diferentes fuentes.
Y mientras un gigante como Google intenta mostrar las virtudes de sus herramientas de IA, en el otro lado están las reservas de los profesores. Rosa Rocha cuenta que en las sesiones “aparecen preocupaciones sobre el impacto ambiental, la pérdida de autonomía de los estudiantes o el alcance que deben tener las aplicaciones”. Lo que tiene claro es que “la corrección debe pasar por el profesorado”. Si la forma de aprender ha cambiado con la inteligencia artificial, todo apunta, escuchando al profesorado, a que la manera de enseñar también. Lo que prevalece sobre un ChatGPT, Gemini o Claude es el contacto con los alumnos y el vínculo emocional, parte esencial de la profesión. “El alumno necesita esa guía del profesor”, concluye Eva Sánchez.