The Weeknd y el arte de llenar estadios sin incendiar la grada
- El artista canadiense llegó al Metropolitano de Madrid con su triunfal gira After Hours til Dawn
- Un montaje sofisticado, una voz descollante y una emoción más contenida
La trama europea de la exitosísima After Hours til Dawn, la gira de The Weeknd, llegó por fin a España. Primero de los tres Metropolitanos, en Madrid, y después el Olímpico de Barcelona. Sin despeinarse (no en balde su pelo es afro), el cantante canadiense lleva girando por Europa desde junio, comenzando por Manchester y pasando por Copenhague, Múnich, Londres o Varsovia, entre tantas ciudades más y con varias fechas seguidas en ellas… y siempre en grandes estadios.
The Weeknd es el tercer artista con más oyentes mensuales en Spotify, con 115 millones, solo por detrás de Justin Bieber y Bruno Mars. Cuidado, eh. Su canción Blinding Lights es la más escuchada de la historia de esta plataforma y, además, hablamos del tercer tour de conciertos más lucrativo también de la historia, superando los mil millones de dólares, y solo por detrás del Eras Tour de Taylor Swift y el Music of the Spheres World Tour de Coldplay. Y esto al acabar 2025, que aún puede escalar posiciones este año.
Madrid, entonces. Volvamos. Estadio a tope. Gente de muchos países. Una mujer, incluso, vio el concierto casi entero de espaldas, grabándose compulsivamente stories de sí misma bailando (prioricemos protagonismos, artista). Antes, al inicio, salió un coro de monjes o monjas con túnicas rojas, reciclando por enésima vez lo de Eyes Wide Shut. Y en medio del estadio, una figura gigante y rotatoria con forma de Oscar de Hollywood pero sexy y The Weeknd, ¡ahí está!, avanzando por la pasarela. Al fondo, una ciudad en ruinas. Pero aún era de día y ver las costuras del montaje no era lo más hermoso.
¿Se acuerdan aquello de Lola Flores que, además, era una leyenda urbana? Lo de “ni canta ni baila, pero no se la pierdan”. Pues en verdad no tiene tanto que ver, porque la voz es el mayor activo de The Weeknd, pero un paralelismo forzado se puede plantear. Su carisma no es arrollador. No baila excesivamente bien. No acaba de ser rupturista ni impactante con su R&B electrónico, su pop oscuro atmosférico deudor de los 80 en sus emulaciones a un Michael Jackson menor o unos Daft Punk que le dan sopas con honda funk. Y, sin embargo, toca varios palos con ‘savoir faire’ afrancesado que funcionan popularmente como Dios, nos guste más o menos.
¡Tiene ojos!
Salió con una máscara veneciana negra y ojos rojos de láser. Le vimos bailar hasta a lo Chiquito de la Calzada en un inicio resultón que tuvo en Starboy su primer hito destacable. En otros conciertos anteriores masivos presenciados, como Bad Bunny, Karol G o Kanye West, la locura era la norma. Aquí el ambiente estuvo más contenido, frío, maquinal, dentro de la sensualidad habitual y contoneante, si quieren, del género. No vimos a nadie gritar demasiado, vaya, salvo cuando The Weeknd se quitó el antifaz. Wow, ¡es él! ¡Tiene ojos! La capacidad de reacción en estos eventos es digna de estudio científico.
Entre la pirotecnia tecno, y literal, con sus fuegotes, The Weeknd encontró las mejores reacciones de la grada. Cry for Me sonó estupenda con la pantalla bombeando colores y los monjes y monjas de Eyes Wide Shut iluminados muy siniestramente. Y, por fin, aconteció un Take My Breath teñido de rojo, pero sonando regular, un poco pelotera sonora y con un sinte de bajo que debería haber estado mucho más marcado. Se puso todo el foco en su voz ‘michaeljacksoniana’ estupenda. Y, bien, pero, ¿y el resto qué?
En este escenario en forma de cruz, con sus pantalones, su ciudad en ruinas y un pequeño pedestal maya, Abel Tesfaye, su nombre real, se puso después gafitas de sol de fiestero noctámbulo y tuvo aquí su mejor ristra con Sacrifice y Can’t Feel My Face, que sonaron fantásticas con su poco de electrónica retorcida, casi witch house, pero solo un poquito para que venga el rock-soul de masas raudo. Brilló sobre todas The Hills, una de las altas cumbres del repertorio.
Un telonero con 40 millones de oyentes mensuales: Playboi Carti
Llamativa la decisión de cercar a los escasos músicos en una especie de vallado, pero sí, había guitarras, sintes y baterías, al menos. Ah, y por cierto, mencionar también que tal es el poderío de esta gira de The Weeknd que su telonero era nada menos que Playboi Carti (gran nombre), con sus 40 millones de oyentes mensuales en Spotify (casi el doble que Rosalía), con quien además se marcó sobre el escenario Timeless.
Por supuesto, el canadiense también tuvo su momento de acercarse al público tan habitual en este tipo de conciertos masivos salvo que seas tan nazi de las 'cero concesiones' como Kanye West: ¿populista o popular? Si está marcado en la escaleta del concierto… Fue en Out of Time y luego llegó Save Your Tears con la gente bailando con respiro, o sea no sin respiro, y una luna llena luciendo en el cielo y a la que no hizo mención el cantante para con un país tan aficionado a los eclipses. ¡Tenía toda la poesía ahí, el 'Finde'!
Fue curioso cuando dos o tres del público corearon “El fin de semana, el fin de semana...” mientras desde el montaje lanzaron a la pista globos gigantes estilo Flaming Lips pero mucho más grandes, aunque sin la genialidad de andar dentro de uno sobre el público como hacía Wayne Coyne. Por cierto, The Weenkd dijo que este primer concierto en la Madrid era “el más importante de todos”. A ver qué dice el resto de días.
Y, por supuesto, sonó Blinding Lights, algo regular para un show solvente pero sin estallidos de emoción, un espectáculo enorme, también sofisticado a nivel audiovisual y de montaje, y con una voz descollante con reverb de un artista que tiene un éxito casi sin parangón. No tendrá la autenticidad de Lola Flores, pero tampoco parece que le vaya mal.