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Semana Mundial del Agua

Con la falta de agua al cuello: "Ya no se trata de sequía, sino de escasez estructural"

  • El cambio climático está provocando que los periodos secos sean cada vez más largos y más recurrentes
  • Los expertos piden que tanto el consumo de los ciudadanos como la regulación se adapten a este nuevo escenario

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El cambio climático está acelerando tanto la escasez de agua como los peligros relacionados con ella.
El cambio climático está acelerando tanto la escasez de agua como los peligros relacionados con ella.

El agua, un recurso indispensable para el desarrollo de la vida, se ha convertido también en uno de los desafíos más acuciantes para el ser humano en muchas regiones del planeta. Por este motivo, del 20 al 24 de agosto se celebra la Semana Mundial del Agua, un foro estratégico de carácter internacional cuyo objetivo es analizar los retos que plantea su escasez, además de otros peligros relacionados con ella, como la imprevisibilidad creciente de las precipitaciones, las inundaciones o el aumento del nivel del mar.

Unos 2.000 millones de personas en todo el mundo no tienen acceso a agua potable, según el Informe ODS de la ONU correspondiente a 2022; mientras que la mitad de la población mundial, casi 4.000 millones de personas, sufren al menos un periodo de escasez severa de agua en algún momento del año. Problemas que está previsto que solo vayan a peor, debido fundamentalmente a la aceleración del calentamiento global y al crecimiento de la población.

En este nuevo escenario, ya no bastan las soluciones más o menos puntuales que se han venido aplicando hasta ahora. "Los gobiernos deben planificar para un futuro con menos agua y no apoyarse en medidas de emergencia que no son más que parches", asegura a RTVE.es Vanessa Casado Pérez, profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de Texas A&M, y adscrita a The Bill Lane Center, de la Universidad de Stanford. "El futuro es un futuro con menos agua y con agua más cara. Sabemos que habrá menos, y eso debe impactar nuestras vidas, por lo que debemos ajustar el marco regulatorio y el comportamiento individual a esa realidad", valora, al mismo tiempo que deja claro que "ya no se trata de sequía, sino de escasez estructural".

Debido a su limitada capacidad de respuesta, hasta ahora han sido sobre todo los países pobres los que más han sufrido esos problemas derivados de la escasez de agua. Sin embargo, el cambio climático está alterando las reglas del juego, provocando que los periodos de sequía sean cada vez más largos y más recurrentes, lo que amenaza con desbordar a los países ricos, que hasta ahora sí que han contado con recursos suficientes para mitigar este problema.

Un ejemplo es España, que se encuentra en el sur de la cuenca mediterránea, una de las zonas del planeta más vulnerables en esta nueva situación. La sequía prolongada afecta en la actualidad al menos a un tercio de la superficie peninsular española, y hasta el 75% del territorio está en peligro de desertificación, según diversos estudios, lo que hace que gran parte de su población tenga cada vez más probabilidades de sufrir restricciones de agua en su vida cotidiana.

Las sucesivas olas de calor, sumadas a una falta de precipitaciones histórica y a la sobreexplotación, han provocado que los niveles de ríos, humedales y acuíferos se encuentren en mínimos. España es uno de los países europeos que se enfrenta a un mayor estrés hídrico, es decir, en el que la demanda es más alta que la cantidad de agua disponible, según demuestra la organización internacional World Resources Institute (WRI). Mientras ríos y embalses se secan, el uso de aguas subterráneas es cada vez mayor, lo que agota manantiales y acuíferos, poniendo en peligro las reservas de agua.

El agua es un recurso indispensable para el desarrollo de la vida.

El agua es un recurso indispensable para el desarrollo de la vida. GETTY IMAGES

Precipitaciones más irregulares

Además, otro de los grandes problemas no es solo que llueva menos, sino que cada vez lo hace siguiendo patrones más anómalos. "Los registros históricos de los últimos 20-25 años indican que la pluviometría se está haciendo mucho más irregular. Esto significa que vamos a tener períodos más largos con precipitaciones muy reducidas, y períodos de precipitaciones mucho más intensas", explica a RTVE.es Rafael Mujeriego, catedrático de Ingeniería Ambiental de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) y presidente de la Asociación Española de Reutilización Sostenible del Agua (ASERSA). "En zona mediterránea, el gran reto es poder disponer de agua para satisfacer los consumos o los usos en cada momento", asegura este experto, quien enfatiza que, a fin de cuentas, están en riesgo hábitos que forman parte de nuestra vida cotidiana: "Todos deseamos que salga agua del grifo cada vez que lo abramos, y los regantes igual".

Mujeriego cree que la respuesta a esa falta de regularidad es "disponer de centros logísticos, lugares donde se acumule la producción rápida de agua para luego ir distribuyéndola a lo largo del tiempo", algo que se ha venido haciendo tradicionalmente por medio de embalses y acuíferos. Aunque considera que ahora necesitamos "descubrir nuevas formas, incluidas esas, como utilizar los acuíferos sobreexplotados para almacenar agua, o hacer uso de embalses, o incluso crear otros que no tienen por qué construirse en los ríos, ya que trastornan la dinámica fluvial". "La clave del cambio climático en la región mediterránea es regular lo irregular", sostiene.

Una situación inédita que impone cambios muy profundos en la actual gestión del agua. Francesc Hernández, catedrático de Economía Aplicada de la Universitat de València, destaca a RTVE.es que "tenemos una estructura y una regulación que están pensadas para tiempos de abundancia, al menos para tiempos de no escasez", por lo que "hay que reformular el modelo en términos estructurales".

"Hay que dar un salto importante en cuanto a gestión", continúa, aunque califica este objetivo como un "verdadero desafío" en España, donde a nivel de regulación "las competencias están muy fragmentadas". "Si hay 8.000 municipios, tenemos 8.000 responsables de gestión del agua. A su vez, hay mancomunidades, organismos provinciales, diputaciones, autonomías, el Gobierno central… Tenemos tantos organismos, tantas instituciones que tienen responsabilidad y competencias en la gestión del agua, que es casi imposible llegar a acciones de consenso globales que afronten directamente la problemática del cambio climático", critica.

Depuración y reutilización del agua

Junto con la acumulación estratégica, otra de las grandes asignaturas pendientes en este escenario de escasez hídrica es la depuración y reutilización del agua. "No es una moda, es una necesidad. El agua tiene que volver al ciclo de la naturaleza, porque la necesitamos. Cada vez llueve menos y tanto los recursos superficiales como los subterráneos cada vez van a ser más escasos", afirma Hernández, quien también es director de la Cátedra de Economía Circular de la Generalitat Valenciana y de la Universitat de València.

Aunque también se muestra convencido de que "tenemos medios para normalizar la situación y que no haya restricciones de agua". "En zonas costeras hay que apostar por la desalación, sobre todo porque no tenemos alternativa; y en zonas del interior, por otras opciones, y ahí la reutilización es fundamental, ya que por ejemplo puede sustituir al agua de acuíferos que ahora se está utilizando en la agricultura".

"Hay que tomar medidas ya, especialmente desde arriba, a nivel de regulación... Todavía tenemos margen, pero no hay que esperar a que la normativa europea nos obligue, porque hay muchos países en Europa que no tienen esta problemática", advierte este experto.

Sobre la reutilización del agua, el catedrático de la Universitat Politècnica de Catalunya Rafael Mujeriego es aún más descriptivo: "Tenemos que mentalizarnos y convertirnos en astronautas, que reciclan el sudor y la orina, y llegan a reutilizar hasta el 98% del agua". "Nos causa aversión la idea de que un agua que ha sido usada y ha pasado por una depuradora vuelva a convertirse en un agua de consumo, pero eso es lo que hace la naturaleza. Debemos vencer ese rechazo", manifiesta.

Imagen reciente del embalse de Vadiello, situado en Huesca.

Imagen reciente del embalse de Vadiello, situado en Huesca. EFE / BLASCO

La agricultura, la gran consumidora

En este panorama de creciente escasez, hay un sospechoso habitual al que se dirigen todas las miradas: el sector agrícola, que acapara entre el 70% y el 80% del consumo de agua a nivel nacional. "No tiene ningún sentido que el mayor demandante de agua en España sea la agricultura. No es tan amplia, tan extensa, tan de regadío, para justificar ese enorme uso. Hay muchísimas hectáreas que se siguen regando por inundación, y eso tenía un cierto sentido hace décadas, cuando no había problemas de agua, pero ahora ya no", expresa al respecto Francesc Hernández.

Sin embargo, el esfuerzo individual también es importante en este escenario en el que cada gota de agua cuenta. "Aunque el mayor consumidor sea la agricultura, en nuestro día a día podemos marcar la diferencia, como también podemos concienciarnos respecto a nuestras emisiones de CO2", opina la profesora de la Universidad de Texas A&M Vanessa Casado Pérez, quien también es miembro del Comité Académico del Foro de la Economía del Agua.

Esta especialista estima que "debemos trabajar en reducir la demanda de agua en todos los sectores". "Debemos ajustar nuestros comportamientos. Ya durante la sequía del 2008, se demostró que los ciudadanos en España pueden consumir menos, pero necesitamos cambios estructurales", insiste, y pone como ejemplo la utilización de césped, "un cementerio ecológico desde el punto de vista de la biodiversidad", que "requiere un consumo de agua difícilmente justificable en un país árido".

Casado Pérez también se muestra partidaria de una medida que en principio puede resultar impopular: incrementar el precio del agua para "asegurar que refleja la escasez, no solo los costes de transporte"; algo que mandaría "el mensaje correcto" a la población. "Soy consciente de que un mayor precio del agua puede hacer que sea inalcanzable para aquellos que están en una situación más precaria, pero la regulación puede dar los primeros 100 litros por persona y día a un precio mínimo, y subir el precio para todos los usos no esenciales", destaca, al mismo tiempo que puntualiza que "el agua que necesitamos para nuestras necesidades básicas es un porcentaje bajísimo de toda la que se consume"