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José Miguel Vivanco (HRW): "En América Latina hay una crisis del sistema democrático muy profunda y muy peligrosa"

  • José Miguel Vivanco, de Human Rights Watch: "No veo a España involucrada en América Latina"
  • ​"Hay mucho en juego en Brasil. Nada menos que la democracia"

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José Miguel Vivanco (HRW): "En América Latina hay una crisis del sistema democrático muy peligrosa"

El abogado José Miguel Vivanco (Santiago, 1961) salió de Chile cuando el régimen de Augusto Pinochet todavía mandaba en el país sudamericano con puño de hierro. Estudió en España y en Estados Unidos, donde entró a trabajar para la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Desde 1994, es el director ejecutivo de la división americana de Human Rights Watch (HRW), organización estadounidense con presencia multinacional dedicada a la promoción de los derechos humanos.

Gobiernos latinoamericanos como el de Venezuela, además de los premios Nobel de la Paz Mairead Maguire y Adolfo Pérez Esquivel, han cuestionado la independencia de la organización con respecto a los intereses del gobierno de Estados Unidos.

Vivanco se defiende asegurando que también la Colombia de Álvaro Uribe cuestionó sus informes. Hablamos con el jurista chileno aprovechando su paso por España.

"No veo a España involucrada"

¿Cuál es el propósito de su visita a España?

Tomar contacto con las autoridades del Gobierno español en el campo de relaciones exteriores para compartir nuestra preocupación por el estado de la democracia y los derechos humanos que se vive prácticamente en toda la región.

España es el socio más importante, por lo menos para América Latina, en la Unión Europea. Y si uno aspira a que la Unión Europea juegue un rol más visible, y ojalá con mayor eficacia, en la defensa de la democracia de la región, es importante que España haga parte de ese liderazgo.

¿Eso no puede sonar a resabios imperialistas o colonialistas, como han mencionado algunos gobiernos latinoamericanos?

A ver, las quejas pueden existir por la relación colonial de España con la región, y efectivamente existen en algunos sectores en la región. Pero aquí lo realmente importante es que cuando la Unión Europea discute retrocesos democráticos en América Latina, mira a España.

Si España no tiene una posición clara y definida, y tampoco está dispuesta a impulsar un plan concreto para defender la democracia de los riesgos autoritarios que se viven con corte ideológico muy distintos, tanto de derechas como de izquierdas, entonces la Unión Europea termina por no tomar mayores posiciones.

¿No ve clara la posición de España en estos momentos?

Yo creo que no. Aparte de algunos planteamientos públicos en redes sociales o algunas declaraciones, yo no veo a España involucrada o con planes y proyectos concretos, como sí los hubo en otras épocas, cuando se luchaba por la recuperación de la democracia en América Latina. Me refiero a específicamente los años ochenta, cuando España sí tuvo un rol y una visibilidad preponderante, y ejercía una influencia en la lucha contra las dictaduras, fundamentalmente, tanto en Sudamérica como en Centroamérica, durante el gobierno de Felipe González.

No veo a España involucrada o con planes y proyectos concretos

La presencia española, fundamentalmente, se ha limitado en los últimos años a una defensa de sus intereses comerciales, económicos, a una defensa de sus inversiones. Es perfectamente legítimo, pero en la medida en que ese sea el único y todo lo demás quede subordinado a esa agenda, incluyendo la defensa de los valores democráticos, se produce un conflicto.

Yo diría que se anula la visibilidad de España en lo que es el compromiso con la causa democrática, que no puede estar circunscrita únicamente, insisto, a una cuestión retórica, sino que debe avanzar mucho más allá.

"Decepcionados" con Biden

¿Cómo valora la política hacia Iberoamérica del gobierno de Joe Biden en Estados Unidos?

La verdad es que estamos profundamente decepcionados por la falta de política exterior de Biden hacia América Latina. Las preocupaciones del actual gobierno de EE.UU. hacia la región están circunscritas a dos o tres temas que son de enorme importancia para la política interna estadounidense.

El primero la cuestión migratoria. Biden está dispuesto a frenar las caravanas de migrantes a cualquier precio, asociándose a veces con gobiernos que han dado muestras de preocupantes tendencias autoritarias, como por ejemplo el de Manuel López Obrador en México.

La otra materia que preocupa obviamente en Washington es el cambio climático, la deforestación del Amazonas. Y ese es el tema de principal interés en el caso de Brasil.

Y por último están el narcotráfico y la situación de Cuba, Nicaragua o Venezuela. Pero sobre estos tres países me parece que las posiciones del Gobierno del presidente Biden están más bien orientadas a satisfacer las presiones políticas del electorado en Florida en relación con esas tres dictaduras que existen en América Latina y no porque exista una preocupación genuina por restablecer o defender valores democráticos en esos países.

"Hay mucho en juego en Brasil"

El Senado de Brasil acaba de aprobar un informe que acusa al presidente, Jair Bolsonaro, de crímenes de lesa humanidad

La situación en Brasil es muy delicada. Hay mucho en juego en Brasil. Qué duda cabe que Bolsonaro ha tenido una actitud negligente e irresponsable frente a la pandemia. Se ha destacado como uno de los líderes que intenta con mayor esfuerzo parecerse a Trump al negar la gravedad y el peligro que representa la pandemia; oponerse a las medidas básicas de cuidado de la población, políticas que en todo el mundo democrático se están implementando como una cuestión de salud pública; desafiar el procedimiento científico más elemental; asociar incluso las vacunas con enfermedades graves para la población...

Es decir, es casi una campaña de desinformación deliberada por parte de Bolsonaro, y en eso yo creo que él tendrá que responder, desde luego, políticamente, y pienso que eso puede ocurrir en las urnas, en las próximas elecciones. Si tiene responsabilidad penal o legal por los resultados de estas políticas, esa ya es una discusión distinta que tendrá que resolverse en función de los hechos y de las pruebas que se puedan invocar, además de los argumentos que también se puedan establecer.

Dice usted que en Brasil hay mucho en juego. ¿Qué es lo que está en juego?

Nada menos que la democracia. Bolsonaro es un populista autoritario que siente que está cumpliendo una tarea casi mesiánica para Brasil y que, si bien fue elegido democráticamente, gobierna de una manera antidemocrática y no respeta el Estado de Derecho ni las reglas del juego constitucional. Está constantemente cuestionando el rol de los tribunales de justicia. Si por él fuera, ya los habría intervenido.

Bolsonaro es un populista autoritario que siente que está cumpliendo una tarea casi mesiánica

Bolsonaro avanza contra los medios de comunicación constantemente, los estigmatiza, y también contra la sociedad civil. Y contra cualquiera que no coincida con él. Pero lo más grave de Bolsonaro es que está en campaña y lo ha dicho con la mayor claridad: si él no gana las próximas elecciones presidenciales, dirá que hubo fraude, y por lo tanto no va a reconocer esos resultados. Exactamente lo mismo que hizo Trump en los Estados Unidos. Eso es tremendamente peligroso, especialmente en un país donde Bolsonaro gobierna con el apoyo de los militares.

De la "dictadura" de Nicaragua al apoyo al diálogo en Venezuela

Del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, también han dicho que gobierno con un carácter mesiánico…

Yo creo que hay que hacer distinciones. La situación de Ortega o de Nicaragua es directamente una dictadura, una dictadura de facto. Allí no hay instituciones democráticas, a diferencia de Brasil, capaces de frenar abusos, de investigar al Ejecutivo, a las autoridades, de respetar y hacer respetar la Constitución política.

En el caso de Nicaragua, Ortega tiene el control total de los poderes del Estado. No hay nada que funcione en Nicaragua que no esté bajo las directrices de Ortega y la vicepresidenta, su esposa, la señora Murillo.

Ortega ha implementado un plan que realmente es insólito en la región en los últimos 30 años, en los que se ha gozado de un sistema de respeto de normas democráticas elemental. Lo que hace es secuestrar o detener arbitrariamente a los siete principales líderes de la oposición que se han postulado para la Presidencia y que, de competir, podrían derrotarlo. Cada uno de ellos ha sido sistemáticamente detenido y se han inventado cargos contra ellos. Está en una prisión que es conocida por los abusos –el Chipote.

Y Ortega planifica seguir adelante con el proceso electoral, el que se va a celebrar muy pronto, en el mes de noviembre, para hacerse reelegir prácticamente como candidato único, sin reglas del juego, sin la más mínima credibilidad.

Espero que la reacción tanto de España como del resto de Europa sea desconocer esos resultados

Yo espero que la reacción tanto de España como del resto de Europa sea desconocer esos resultados y a Ortega como jefe de Estado de Nicaragua. En otras palabras, el resto del mundo democrático no puede aceptar que un dictador hoy día, en el siglo XXI, se atreva a desarrollar un proyecto autoritario descarado, completamente descarado. Ortega ni siquiera pretende o hace esfuerzos por mantener una fachada democrática. Él simplemente quiere permanecer en el poder hasta la muerte.

Las negociaciones entre gobierno y oposición de Venezuela se han paralizado

Yo creo que hay que apoyarlo, sin duda alguna, porque me parece que la mejor opción para que Venezuela logre transitar de dictadura a democracia es sobre la base de un proceso de negociación.

El problema es que para que la negociación surta efectos y no sea simplemente un esfuerzo por comprar legitimidad o dilatar las cosas y ganar tiempo, u oxígeno tiene que haber una disposición genuina de negociar por parte de Maduro. Y yo no veo esa disposición por parte de la dictadura de Maduro.

Creo que la única razón que explica la presencia de Maduro en este proceso en México es por el temor que le tiene a la Corte Penal Internacional, que tiene una investigación abierta contra su régimen por crímenes de lesa humanidad [se trata de una investigación preliminar, abierta en 2018, por la actuación del gobierno contra las manifestaciones opositoras entre 2014 y 2017].

Y, en segundo lugar, las sanciones de Estados Unidos. En otras palabras, Maduro no está negociando con la oposición de su país. Él está negociando mirando a Washington por las sanciones que existen por parte de Estados Unidos, y a la Corte Penal Internacional, a ver si puede engañarla y hacer ver como que está dispuesto a mejorar las condiciones en materia de derechos humanos, por ejemplo, sobre la base de la liberación de presos políticos y gestos de esta naturaleza.

En la medida en que esas sean las razones que motivan la disposición al diálogo o a la negociación por parte de Maduro, yo creo que es muy, muy difícil restaurar realmente el Estado de Derecho en Venezuela.

En los últimos meses se han visto actuaciones de las fuerzas de seguridad en Ecuador, Colombia y Chile que han provocado cientos de muertos y heridos. ¿Qué le parece?

Hay algo en lo que, en general, la región no ha avanzado, y es en elevar los niveles profesionales de la fuerza pública. Es habitual que el orden público sea controlado, protegido o restablecido mediante la intervención de agentes de seguridad policial que están muy mal entrenados, mal capacitados y, por sobre todas las cosas, sin mayor disciplina o control en el uso de la fuerza menos letal.

Al reaccionar en las manifestaciones, es habitual que se produzcan abusos, en algunos casos gravísimos abusos, como en la situación de Colombia, por ejemplo, con armas de fuego por parte de la policía. Y eso creo que es una asignatura pendiente de las democracias latinoamericanas, que cuando hablan de seguridad, o de digamos de problemas de orden público, usualmente los políticos optan por el populismo, el populismo penal: aumentar penas, prometer incrementar la dotación de la policía.

Pero si la policía actúa brutalmente, si no está sujeta a controles eficaces, esa actuación policial brutal usualmente genera incluso más violencia en la población que se rebela contra ese tipo de abusos.

Creo que es predecible que, en esta pandemia, con el daño que se le ha hecho a la economía de todos nuestros países y el incremento de la pobreza, van a venir más protestas. Esto es perfectamente previsible.

La gran mayoría, por cierto, de esas protestas muchas veces son pacíficas, pero también hay quienes lo hacen con violencia. Creen que hay carta blanca para el vandalismo, para los saqueos, para enfrentarse en batallas campales contra la policía, por ejemplo, la destrucción de la propiedad pública y privada… Y lamentablemente la policía muchas veces no distingue entre aquellos que protestan pacíficamente y aquellos que lo hacen con violencia.

Otro país sobre el que están llamando la atención por el deterioro de las instituciones democráticas es El Salvador. ¿Puede explicar por qué?

El Salvador es un caso notable en Centroamérica, porque después de un conflicto armado muy duro y de unos acuerdos, han logrado convivir democráticamente. No es una democracia perfecta, ni mucho menos, es una democracia que tiene enormes problemas. Ha habido serios escándalos de corrupción, etc.

Pero lo que está en juego en El Salvador es su futuro democrático, porque han elegido con gran apoyo popular a un caudillo, a un típico clásico caudillo latinoamericano, como es el señor Nayib Bukele, que promete resolverlo todo por las vías del decreto presidencial, la autoridad presidencial, pasando por encima de los poderes del Estado, de la Constitución Política.

Lo que está en juego en El Salvador es su futuro democrático

Es el clásico libreto populista donde, nada más ser elegido, avanza contra los tribunales porque no quiere fiscalización; y avanza contra los medios de comunicación, porque tampoco quiere que se revele información que puede ser crítica para su gobierno y la sociedad civil. Hoy día Bukele controla todo en El Salvador, incluso está empecinado en politizar a la fuerza pública, tanto la policía como el Ejército.

El proyecto de Nayib Bukele es incluso, más allá de todo esto, cambiar la Constitución Política, tal como lo hizo Chávez. El modelo de Bukele es muy similar al de Chávez: permanecer y quedarse, digamos, aferrarse al poder el mayor tiempo que pueda.

Usted lleva casi tres décadas al frente de la división americana de Human Rigths Watch. ¿Ve al continente en peor situación que en 1994, cuando asumió el cargo?

Yo nunca he visto a la región, en estos últimos 30 años, en tan mal estado como hoy. Hay una crisis del sistema democrático, pero muy profunda y muy peligrosa, y ahora hay una regresión al autoritarismo, después de que se hubieran alcanzado ciertos consensos básicos y avances importantes.

A principios de los noventa, veníamos de un sistema dictatorial, tanto en Sudamérica como en Centroamérica. Se hizo una transición de regímenes brutales militares a una convivencia democrática que fue valorada y se hizo respetando las reglas del juego democrático. La población sabía que la manera de ejercer sus derechos, y de castigar al gobierno de turno, era mediante las elecciones. En las elecciones se premiaba o castigaba a aquellos que habían ganado el poder.

Nunca he visto a la región, en estos últimos 30 años, en tan mal estado como hoy

Curiosamente, los giros ideológicos no tenían tanto que ver, en mi opinión, con cambios ideológicos profundos, de izquierdas o de derechas, sino más bien con el premio o castigo al gobernante que había prometido, por ejemplo, reducir la pobreza, combatir la corrupción o incrementar los niveles de seguridad, y luego resultaba que el rendimiento de su gobierno era igualmente pobre al de los gobiernos anteriores.

Si tú te fijas, los vaivenes del punto de vista ideológico en países como Argentina o Brasil, de pasar de un gobierno de izquierda a un gobierno de derecha o viceversa, refleja exactamente eso, no necesariamente un cambio profundo de concepción de tipo ideológica.

El problema es que hoy día la población me parece que se ha cansado de esa opción, de ese vehículo de defensa de sus derechos o sus intereses. Y en este instante el desprestigio de la clase política es transversal. Hay una especie de subvaloración de lo que es el juego democrático. Y en esas circunstancias han surgido estos líderes, estos caudillos populistas, autoritarios, de derechas o de izquierdas, que ofrecen el paraíso en la tierra: soluciones simples para problemas reales y complejos.

Pero gobiernan con un propósito concreto, que es la concentración del poder, acumular poder. Y destruir, destrozar todo aquel esfuerzo que se había construido institucionalmente para fiscalizar el poder, para operar y trabajar de una manera transparente, rindiendo cuentas ante la población. Estos nuevos caudillos gobiernan muchas veces de la mano de las redes sociales y echando mano de todo tipo de teorías conspirativas para justificar su fracaso o justificar sus abusos.

A esos presidentes los han elegido democráticamente. Mario Vargas Llosa ha dicho recientemente que es porque en los latinoamericanos, a veces, “votan mal”. Y que es más importante “votar bien” que en libertad. ¿Qué le parece ese diagnóstico?

Bueno, en lugar de poner el acento o la mira en el error que pueda cometer una mayoría circunstancial al elegir un caudillo, yo prefiero subrayar que la tarea es reconstruir y defender los valores democráticos. En esta coyuntura en la que nos encontramos en América Latina es absolutamente fundamental destinar todos los esfuerzos necesarios por defender la democracia, defender los valores democráticos, defender la libertad de expresión, la sociedad civil, los mecanismos de control.

La tarea es reconstruir y defender los valores democráticos

Es una batalla que la estamos perdiendo, que no es fácil, que no es sencilla, pero que hay que darla porque hay demasiado en juego en todo esto. Y creo que la historia nos enseña, y la historia muy reciente nos enseña en América Latina, que la alternativa a un sistema democrático es aún peor. Es usualmente la dictadura, y ese es justamente el terreno donde se producen graves violaciones a los derechos fundamentales, a las libertades públicas como parte de una política oficial. Violaciones a los derechos humanos se producen en todo el mundo.

En los Estados Unidos, aquí en España, en democracia y sin democracia. Pero es muy distinto cuando esas violaciones las genera quien está en el poder como parte de una política de Estado. Y aquí el que cruza la raya sufre las consecuencias.

En la medida en que se van encerrando espacios democráticos para la sociedad civil, para los medios de comunicación, para la oposición, nos acercamos más a la historia de América Latina, de los sesenta, de los setenta, épocas donde se produjeron masivas y graves violaciones de los derechos fundamentales.