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Coronavirus

Ansiedad, 'ciberbullying' o malos tratos: cómo los menores pueden pedir ayuda durante el confinamiento

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Adolescente mira telefono movil
Adolescente mira telefono movil Getty Images/iStockphoto cropper

La familia y el hogar deberían ser para niños, niñas y adolescentes el refugio donde encontrar cariño y protección, pero a veces sucede todo lo contrario. En España, 6.532 menores sufrieron malos tratos en el entorno familiar en 2018según los últimos datos del Observatorio de la Infancia. El confinamiento provocado por el COVID-19 puede empeorar su situación o suponer una liberación, dependiendo de si están o no encerrados con la persona que les atormenta. El teléfono 116111 sigue operativo en la mayoría de territorios para prestarles ayuda y consejo si lo necesitan.

El cierre de los centros escolares ha supuesto un alivio para centenares de chicos y chicas que sufrían bullying por parte de sus iguales en el colegio. Pero si desaparece el acoso físico, permanece el tecnológico, con la mayoría de adolescentes conectados a redes sociales desde sus casas. La Fundación ANAR confirma que están recibiendo consultas y peticiones de ayuda por ciberbulliyng durante el confinamiento. "El grupo sigue siendo el mismo en esta situación; quien ejerce el papel de liderazgo lo mantiene y quiere afirmar que las cosas van a seguir iguales cuando todo esto acabe, por lo que continúan las mismas dinámicas y la presión sobre las mismas víctimas", afirma a RTVE.es Javier Urra, académico de número de la Academia de Psicología de España. 

ANAR pone en marcha un chat de ayuda

Las precauciones ante el coronavirus han obligado a suspender el teléfono de ayuda a menores en parte del territorio español, pero la Fundación ANAR -que lleva décadas dando asistencia telefónica- ha puesto en marcha un chat a través del cual pueden pedir consejo y ayuda de una manera mucho más segura. Se puede acceder a este chat a través de la página web www.anar.org y está atendido por orientadoras y profesionales de la psicología garantizando la confidencialidad del mismo modo que se hacía en la atención telefónica. El sistema está también preparado para derivar inmediatamente los casos a trabajadores sociales, policía o asistencia sanitaria.

"Nos ha costado mucho adaptarnos, el trabajo técnico y humano está siendo muy importante", confiesa Benjamín Ballesteros, director de ANAR, que añade que la Fundación ha puesto en marcha un mecanismo de crowfunding para poder ampliar esta red de ayuda y al que se puede acceder también a través de la web.

https://www.anar.org/

"Desde que se ha puesto en marcha el chat estamos recibiendo muchas consultas sobre agresiones físicas, maltrato psicológico e incluso abusos sexuales. Estas consultas vienen sobre todo de adultos, familiares o personas próximas al entorno del menor que sospechan que puede estar sufriendo una situación de violencia doméstica", confirma Benjamin Ballesteros. Además, el encierro y la convivencia obligatoria y permanente en un espacio pequeño puede favorecer la generación de conflictos y los estallidos de violencia, aunque también puede eliminar factores que habitualmente provocan estrés en muchos adultos, como los generados en el ámbito laboral.

Javier Urra llama la atención sobre la gestión que los adultos hacer de la crisis del COVID-19, que pasa primero por la negación del problema y en una segunda fase puede generar negación e ira, que puede ser agravada por un consumo continuado de alcohol en esta situación de confinamiento. Gregorio Gullón, mediador familiar en la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF) recuerda que son los padres y madres los responsables de regular su propia ansiedad y no descargarla en sus hijos.

Tras la decisión de cerrar colegios por el coronavirus, muchos niños se quedan en casa viendo la televisión . Pero... ¿saben lo que realmente es esta enfermedad? ¿Conocen las medidas de prevención? En La Mañana hablamos con Blanca Batllori, profesora de psicología de la Universidad internacional de Cataluña, para contarnos cómo comunicarle todas estas cuestiones a nuestros hijos.

Miedo, tristeza y ansiedad

"La violencia intrafamiliar está ahí, pero en el chat de ANAR tenemos muchas consultas de adolescentes sobre el miedo y la ansiedad que sufren", afirma Benjamín Ballesteros que, a falta de que haya datos concluyentes con el paso del tiempo, corrobora que esta asistencia psicológica es ahora mismo su principal fuente de consultas: "Son chicos y chicas llenos de incertidumbre, que no saben si alguien va a enfermar o incluso a morir en su casa o en su familia, que están agobiados y asustados por la información que reciben".

Por eso ANAR ha elaborado un decálogo que se puede consultar en su página web con consejos para padres y madres para afrontar esta crisis, como por ejemplo tomar la situación con serenidad y no transmitir la ansiedad a los más pequeños, explicarles lo que ocurre sin mentirles y de forma que puedan entenderlo según su edad y ayudarles a identificar sus emociones y el miedo que puedan sentir.

Es fundamental que los chicos y chicas puedan verbalizar lo que sienten

Para Gregorio Gullón, es fácil que los padres pierdan la empatía ante algunos comportamientos de sus hijos, pero deben superar ese enfado e intentar entenderlos: "Es fundamental que los chicos y chicas puedan verbalizar lo que sienten, que lo expresen con palabras y no con actos. Detrás de un grito, un portazo o un empujón de un adolescente hay una carga de sufrimiento y un arrepentimiento posterior".

Violencia de jóvenes a mayores

Hay casos en los que la violencia se invierte y son los chicos y chicas con trastornos de conducta previos quienes atormentan a sus mayores. Es lo que se llama la violencia ascendente.

"Esta violencia es instrumental, la chica o el chico la utiliza porque quiere conseguir algo y no siente arrepentimiento después del estallido", aclara Gregorio Gullón, que recomienda mantener las rutinas y los límites pero centrarse menos en las responsabilidades habituales de estudios e intentar hablar más con ellos sobre la situación que se vive y lo que sienten.

En general, Javier Urra aconseja a padres y madres estar vigilantes y observar posibles cambios de conducta, ya que "algunos jóvenes pueden llegar a tener una especie de depresión que no se manifiesta con melancolía como en los adultos, sino a través del enfado". Recuerda que los adolescentes están en conflicto permanente consigo mismos, además de con su entorno: "Necesitan su espacio, una huida del control de los padres que ahora no es posible. No obstante, pueden sorprender y colaborar enormemente, ayudar en casa, sentirse responsables con sus hermanos pequeños, etc".

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