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Mujeres escritoras: los datos de la brecha de género en la literatura

  • Los premios Nobel de Literatura, Cervantes y Planeta reflejan las grandes desigualdades
  • Mujeres que escribieron con pseudónimos masculinos y muchos anónimos invisibilizaron a la mujer en la Historia

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Día de las escritoras: los datos de la brecha de género en la literatura

“Para la mayor parte de la Historia, Anónimo era una mujer”. Esta cita de la escritora feminista Virginia Woolf –Reino Unido, 1882-1941- critica la invisibilización que ha tenido la mujer en la literatura. Relegadas a un segundo plano en la vida política, laboral y social, las mujeres han tenido que luchar históricamente con el lugar que les habían asignado en el mundo: el hogar y la familia.

Anónimos, como ella destaca, eran los autores de grandes obras españolas como el Lazarillo de Tormes o el Cantar del Mío Cid. También el de obras extranjeras como la mítica Las mil y Una noches o La Saga de Erik el Rojo. Conocer la autoría de estos títulos es imposible a día de hoy, pero sí se tienen datos de la huella que ha dejado la mujer en la literatura. Datos que tienen mayor relevancia un día como este 15 de octubre, Día de las Escritoras, que se celebra bajo el lema “rebeldes y transgresoras”.

Ínfimo reconocimiento

La poca presencia de la mujer en los ámbitos literarios puede comprobarse fácilmente a través de los galardones. El premio literario internacional más conocido es sin duda el Nobel de Literatura. Desde su creación en 1901 hasta 2017 ha premiado a 14 mujeres frente a 100 hombres.

Por otra parte, el reconocimiento más importante en lengua castellana, el Premio Cervantes, tan sólo ha galardonado a cuatro mujeres frente a 38 hombres desde que se instauró en 1976: María Zambrano (1988), Dulce María Loynaz (1992), Ana María Matute (2010) y Elena Poniatowska (2013).

Y otro premio con gran importancia en España, el Premio Planeta, ha distinguido a 17 mujeres desde 1952. Entre las últimas, Dolores Redondo en 2016 y Alicia Giménez Bartlett un año antes.

Las (casi inexistentes) mujeres en la RAE

Más escandalosa es en España la representación de las mujeres en la Real Academia Española. En toda su historia, sólo once mujeres han sido –o son– académicas de la RAE.

La primera elegida en ocupar un asiento, en 1979, fue Carmen Conde (el sillón K), poeta, prosista, dramaturga, ensayista y maestra española, quien fundó la Universidad Popular de Cartagena, y casi olvidada entre los grandes nombres de la Generación del 27. Pero la mayoría de su obra está descatalogada, excepto Canciones de nana y desvelo, con la que ganó. Tras su muerte, el sillón fue heredado por Ana María Matute.

La segunda mujer que entró en la RAE lo hizo en 1984 y fue Elena Quiroga (La soledad sonora o viento del norte), una de las autoras femeninas más relevantes de los años 50 y 60. Después de ella, entrarían también a ocupar un sillón en la ilustre academia Matute en 1998, la historiadora Carmen Iglesias en 2002 -actual directora de la RAE- y la bioquímica Margarita Salas en 2003.

Desde 2010, el movimiento feminista y las mujeres han cogido carrerilla, lo que se ha reflejado en esta academica con la entrada de Soledad Puértolas en 2010 (Premio Planeta con Queda la noche), la filóloga Inés Fernández-Ordóñez un año después, la escritora catalana Carme Riera en 2013, la filóloga Aurora Egido en 2014, la poeta y traductora Clara Janés y el año pasado la lexicógrafa y catedrática emérita de Filología Española en la Universitat Pompeu Fabra Paz Battaner.

Mujeres bajo seudónimo

“Las mujeres han vivido todos estos siglos como esposas, con el poder mágico y delicioso de reflejar la figura del hombre, el doble de su tamaño natural”, aseveraba también Virginia Woolf en Una habitación con vistas.

Históricamente, una mujer no podía superar intelectualmente a un hombre. Otra dificultad añadida a la hora de que muchos editores se decidieran a publicar sus libros e incluso a que lectores quisieran comprarlos. De ahí el uso de tantos seudónimos masculinos para ocultar su identidad.

Entre ellas, las hermanas Brönte cambiaron sus nombres –Charlotte, Emily y Anne- por otros masculinos. Precisamente Emily Brönte es la autora de la famosísima novela Cumbres Borrascosas, su única novela.

También la autora de la célebre novela Mujercitas, adaptada al cine bajo el mismo nombre, cambió su nombre como Luisa May Alcott por A.M. Barnard para muchos de sus escritos.

La famosa película Mary Poppins se basa en un libro publicado bajo la autoría de P.L. Travers, siglas que en realidad escondía el nombre de Pamela Lyndon Travers.

Y los seudónimos llegan incluso hasta el siglo XX, con una de las autoras más famosas gracias a su saga de novelas Harry Potter, J. K. Rowling, quien ocultó su nombre femenino (Joanne) por sus siglas pero también llegó a utilizar el nombre de Robert Galbraith para El canto del cuco (2013). Tras recibir una buena crítica por esa novela, acabó reconociendo su autoría.

Zelda Fitzgerald: las mujeres que escribían con sus maridos

También hay sospechas de hombres que se apropiaron de los contenidos creativos de sus mujeres en distintas disciplinas artísticas. En literatura ha sido ampliamente discutido el papel de Zelda Fitzgerald en la obra de su esposo y autor de El Gran Gatsby, F. Scott Fitzgerald.

Tras publicarse en 1970 su biografía por Nancy Milford, críticos y académicos comenzaron a revisar su obra y su posible implicación en los libros de su esposo. Sobre todo, gracias a la novela que publicó en solitario Save Me the Waltz, que estaba basada en la vida en matrimonio de ambos y que puso furioso a Scott, quien aseguraba que incluía material que él pensaba utilizar para otro título.

Tras obligarla a eliminar dichos elementos, la obra que escribió Zelda en tan sólo dos meses dio que pensar sobre su influencia en el gran autor. Precisamente en esa novela, escribió el crítico literario del Times Michiko Kakutani, Zelda logró “expresar su propia desesperación heroica de tener éxito en algo propio, y también logró distinguirse a sí misma como una escritora.

Ese 'algo propio' que las mujeres no podían lograr si no tenían una independencia y solvencia económica, tiempo y espacio propio que les permitiera escribir. Y así lo resumía Virginia Woolf en dos citas de Una habitación propia: “Uno no puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no ha comido bien”; y "Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir”.

Pese a las dificultades vividas a lo largo de la historia, las mujeres que han logrado notoriedad en el ámbito literario lo han hecho con grandes obras.

En el Archivo de RTVE.es pueden encontrarse múltiples entrevistas y reportajes de escritores en lenguas ibéricas. Aquí también son más hombres que mujeres (56 frente a 14), pero pueden hallarse documentos de grandísimas autoras.