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La exposición 'Historias sagradas' muestra en El Prado obras de Madrazo y Rosales

  • Es una de las muestras temporales que exhiben fondos propios del XIX
  • La exposición muestra el trabajo de pintores españoles que vivieron en Roma

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El Descendimiento' de Domingo Valdivieso, Óleo sobre lienzo, 254 x 343 cm, 1864.
El Descendimiento' de Domingo Valdivieso, Óleo sobre lienzo, 254 x 343 cm, 1864.

Desde este lunes y durante algo más de un año -hasta el 27 de enero de 2013-, los visitantes de El Prado podrán disfrutar de la muestra Historias Sagradas en la sala 60 del Museo, la “sala de presentación de colecciones” creada con el objetivo de brindar al público la posibilidad de conocer mejor la riqueza de estos fondos en las colecciones del Museo.

El Museo recupera ahora de sus colecciones un excelente conjunto de obras religiosas realizadas por pintores españoles establecidos en Roma a mediados del siglo XIX, época en la que la pintura religiosa europea se vio impulsada por los hallazgos arqueológicos de los enterramientos de los primeros mártires cristianos en las catacumbas.

Bajo el título Historias Sagradas. Pinturas religiosas de artistas españoles en Roma (1852-1864), la sala reúne cinco de los mejores lienzos, recientemente restaurados, de artistas como Madrazo, Rosales, Alejo Vera y Domingo Valdivieso que alcanzaron enorme fama en su tiempo y que encaminaron el rumbo de este género desde el refinado purismo tardorromántico de raíz nazarena hacia el nuevo realismo pictórico.

Cuadros destacados en su tiempo

La selección de obras expuestas, realizada por José Luis Díez, jefe de Conservación de Pintura del siglo XIX del Museo, y Javier Barón, jefe de Departamento de esta misma colección, presenta, tras un laborioso trabajo de restauración, un exquisito conjunto de lienzos que tuvieron gran importancia no sólo en su tiempo, sino a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX.

En las obras de esta sala puede apreciarse el triunfo del purismo académico en la obra de Luis de Madrazo, Entierro de Santa Cecilia en las Catacumbas de Roma, realizada directamente al calor del famoso descubrimiento arqueológico y que ha de considerarse la primera dentro de este género.

Este trabajo dio paso a obras cada vez más atentas a un realismo de cuño académico, como el delicado cuadro de Alejo Vera, Entierro de san Lorenzo en las Catacumbas de Roma, que toma como punto de partida el lienzo de Madrazo para dotarlo de un mayor verismo y que culmina en la emocionante pintura de Domingo Valdivieso, El Descendimiento, en la que la influencia de las fuentes artísticas italianas es muy poderosa.

El maestro madrileño Eduardo Rosales, en sus dos obras religiosas de juventud, Tobías y el ángel y Estigmatización de santa Catalina de Siena, copia de Il Sodoma, realizadas en Italia, encarna el final de la pintura purista y es la clave precisa para la penetración y el asentamiento del realismo de raíz velazqueña en España.

Historias Sagradas

Roma fue, junto con Madrid y París, uno de los escenarios principales del arte español del siglo XIX. La Ciudad Eterna poseía un significado propio, fruto de su tradicional protagonismo en la formación de los artistas durante toda la Edad Moderna, pero en el siglo XIX, la estancia en Italia se convirtió ya en el punto final de la etapa académica de cualquier artista y suponía el inicio de su madurez profesional.

Los artistas españoles que llegaban a Roma, normalmente disfrutando de una pensión oficial, debían realizar una gran pintura de composición que justificara sus estudios allí. Unos prefirieron llevar a cabo episodios históricos pero otros, entregados al verdadero protagonismo de lo religioso en esa ciudad, eligieron asuntos piadosos.

A partir de 1852 y coincidiendo con el descubrimiento del enterramiento original de santa Cecilia y de la cripta de los Papas en las catacumbas de la vía Appia, comenzó una autentica fiebre por los asuntos de la arqueología sagrada que, desde entonces, deslumbró la sensibilidad de casi todos los artistas allí instalados.

Tras ese hallazgo, las pinturas religiosas que representaban episodios con justificación arqueológica, especialmente las que narraban episodios protagonizados por los primeros cristianos, se convirtieron en uno de los grandes intereses de los pintores españoles.

La pintura religiosa que llevaron a cabo los pensionados españoles en Roma durante este periodo supuso un verdadero esplendor del género en todo el siglo XIX, que no se limitó sólo a los asuntos paleocristianos. La Historia Sagrada en su integridad, tanto el Antiguo Testamento, como los episodios evangélicos de la vida de Cristo o incluso la de los santos, comenzó a recibir ese nuevo tratamiento histórico y no solo devocional, para lo que se incorporaron toda clase de detalles arqueológicos, procedentes siempre de fuentes que se tomaban por canónicas y que permitían dotar de completa verosimilitud a las escenas religiosas.