Iker Casillas volvía a jugar una final y eso es prácticamente sinónimo de victoria. El guardameta no ha sido tan clave como en otras ocasiones y en otras finales pero ha demostrado que sigue estando bendecido una vez más. Corría el minuto 89 de partido cuando un rebote acabó en los pies de Neymar sin nadie por delante en el área, tan solo Casillas.
El remate del brasileño se estrelló contra el palo izquierdo de la meta blanca y el rechace, de los casi 16 jugadores a los que podía caerles, se fue directo hacia las manos de Casillas, las manos del Santo.