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Banderas iraquíes ondean en alto y los soldados festejan su primera gran victoria: han derrotado al Daesh y han expulsado a los yihadistas de Ramadi, uno de sus principales bastiones, después de siete meses de imperio del terror. Los combates han sido intensos y las tropas iraquíes han tenido que desalojar, barrio por barrio, a los terroristas.

Las fuerzas iraquíes han logrado este domingo un gran éxito en su lucha contra el autodenominado Estado Isámico después de recuperar el control total del complejo gubernamental de Ramadi, estratégica ciudad al oeste de Bagdad y que desde el pasado mes de mayo estaba en manos del grupo terrorista.

Las fuerzas antiterroristas, apoyadas por unidades del Ejército, entraron en el complejo, situado en el centro de la ciudad, y levantaron la bandera nacional, según informaron a EFE fuentes militares. Unos 40 yihadistas que se encontraban en su interior fueron abatidos durante la operación, según las mismas fuentes.

"Todos los combatientes del Daesh -acrónimo árabe del Estado Islámico- se han ido, no hay resistencia", ha confirmado a AFP el portavoz de las fuerzas antiterroristas Sabah al-Numan.

Sin embargo, una fuente militar de EE.UU. que cita Reuters no ha podido confirmar si los combatientes del EI habían sido totalmente expulsados durante la operación.

El Estado Islámico crece más allá de una organización terrorista. Nutre sus filas con los restos institucionales del fallido estado de Irak, servicios de inteligencia incluidos, y se financia con el petróleo, la extorsión y la apropiación de fondos bancarios en las áreas que conquista. Así extiende su tejido con vocación de nación para materializar el Califato.  Los atentados de París son el último episodio de una historia que ha terminado de convencer a Occidente de que debía mirar hacia Asia.