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¿Es un mal trato?

  • Ingrid Rubio visita ¡Atención obras! para presentar su nueva película, La Estrella
  • El filme aborda el problema de la violencia de género
  • Mira la entrevista completa y lee el análisis de nuestra subdirectora
Entrevista a Ingrid Rubio
ARANTXA VELA

Hace años a todos nos sobrecogía que empezábamos a acostumbrarnos a oír noticias sobre mujeres que fallecían a manos de sus parejas o ex parejas. Peor fue cuando dedujimos que, esto que ahora nos chocaba, debía haber estado ocurriendo durante décadas sin que lo imagináramos o, lo que es peor, sin que nos chocara. Entonces surgió la urgencia de encontrar una solución. La sociedad demandaba que esto dejara de pasar.

No ha dejado de pasar. Se han tomado medidas y no ha dejado de pasar. Entonces uno se pregunta ¿qué se puede hacer? ¿Se puede hacer algo? ¿Hemos comprendido de qué se trata el problema o estamos siendo superficiales y simplistas?

'La Estrella' aspira a mostrar los síntomas, la forja de esa situación que lleva al maltrato de una mujer

A mí me dan miedo los movimientos pendulares que siguen a veces nuestros estados de ánimo ante un conflicto. Pasamos de tener unos padres fríos, distantes y algo dictatoriales, a intentar hacerles la pelota a nuestros hijos para ganarnos su aprobación y el apelativo de progenitores enrollados. Antes, pegar a una mujer para desahogarse era aceptable y, ahora, sólo una palabra de cualquier fémina puede meter a un hombre en una especie de "cárcel preventiva". Me acaba de venir a la cabeza la preventiva amputación de mamas de Angelina Jolie. Sin entrar en más eventos preventivos.

La prevención

Ingrid Rubio repetía en la entrevista que La Estrella, la película que acaba de estrenar y por la que ha venido a nuestro plató, quiere prevenir a las muchachas que ahora están entre los 30 y los 40 años, para que no se metan en situaciones que podrían llevarlas ¿a la muerte? La Estrella aspira a mostrar los síntomas, la forja de esa situación que lleva al maltrato de una mujer, para que estas chicas que están en este preámbulo de la tragedia, se den cuenta y reaccionen ahora que pueden, porque, luego, podría ser demasiado tarde.

Lo que quiero decir es que la vida duele y que nadie nos va a garantizar que no vaya a doler

Dejando a un lado la película que, obviamente, es el reflejo de una preocupación social y un intento de analizar y de ofrecer soluciones al problema, yo no puedo evitar cierto desasosiego y sospecho que no soy la única. Sobre todo porque ni el problema se ha erradicado, ni la situación parece haber mejorado ostensiblemente. Claro, surge la pregunta ¿qué pasa con la solución? ¿Estamos entendiendo lo que ocurre?

Como mujer, a mí me preocupa mucho que la urgencia por encontrar la tan preciada solución nos lleve a simplificarlo todo y acabemos divididos en bandos de buenos y malos, que dejemos de ver personas y veamos grupos. Ni las mujeres son víctimas por definición, ni los hombres maltratadores por narices. Es peligroso que, por defender a un grupo, demonicemos a otro.

Y me preocupa como mujer porque quiero convivir con los hombres, (también con los chinos, los negros, los del Madrid o los del Barça), quiero entenderme con ellos. A veces ellos me han hecho daño. También me lo han hecho amigas. Otras, me lo hecho yo misma o lo he hecho yo. Me han engañado y me he engañado. He tenido problemas en el trabajo, en la familia y muchas alegrías con hombres, con mujeres, en el trabajo… con la familia menos. Nunca tuve una familia alegre.

Un mal pacto

Lo que quiero decir es que la vida duele y que nadie nos va a garantizar que no vaya a doler. También nos dolieron los huesos al crecer, o cuando nos salieron las tetas, (ésas que Angelina Jolie se ha cortado para que no enfermen, ¡qué tirria me produce esa idea!).

Ni las mujeres son víctimas por definición, ni los hombres maltratadores por narices

Está claro que hay que trabajar para que socialmente haya justicia, que debemos aspirar a tener leyes que hagan efectiva la igualdad de todos en derechos y en deberes, pero nadie nos podrá prometer nunca que todo está bajo control.

Está claro que el maltrato a la mujer ha producido y produce tragedias espeluznantes y que, como grupo social, necesitamos sentir que somos capaces de parar el horror que viven estas personas que son vecinas, amigas, hermanas, nosotras...

Acertar es difícil. Lo estamos viendo. El problema es complejo y la solución, urgente. Y parte de la complejidad consiste en que dicha urgencia nos haga precipitar medidas que nos lleven a juzgar a las personas por lo que son y no por lo que hacen. Sería un mal pacto, un mal trato.