Días de pan y rosas
- Juan Diego Botto visita nuestro plató para presentarnos el libro Invisibles
- Está basado en su obra Un trozo invisible de este mundo
- CONTENIDO EXTRA: Mira la entrevista completa con el actor
Márcalo en la agenda
Próximas funciones de Un trozo invisible de este mundo
9 de mayo - Teatro Principal (Ourense)
10 y 11 de mayo - Teatro Rosalía Castro (A Coruña)
19 de mayo - Teatro Victoria Eugenia (San Sebastián)
25 de mayo - Teatro Tomás y Valiente (Fuenlabrada)
"Queremos pan pero también queremos las rosas", gritaban en Boston unas mujeres el 8 de marzo de 1912. Obreras en huelga, no se conformaban sólo con comer, reclamaban su dignidad como seres humanos. Que nadie entienda por rosas privilegios de damiselas, sino belleza, cultura y tiempo para dedicarles.
Juan Diego Botto recordó en nuestro plató este momento de la historia junto a Cayetana. El actor nos ha visitado porque ha sido publicado el texto y las vivencias que rodearon la escritura de su cuarta obra de teatro. Un trozo invisible de este mundo habla de exilio, pobreza, emigración.
La mención a estas mujeres fue conmovedora. Sobre todo porque ahora todos nos acordamos del valor de esas rosas que, hace unos cuantos años ya, cuando la crisis no ahogaba nuestras vidas, dábamos por hecho. Tan nuestras las creíamos que, muchas veces, no las atendíamos.
Algo más que un privilegio
Ahora las rosas comienzan a ser un lujo. Cayetana y Botto coincidieron al reclamarlas como un derecho. Los seres humanos -dijeron- no sólo tenemos, derecho al bienestar material, necesitamos música, libros, cine, sonrisas... y el tiempo que nos lleva disfrutar de estas cosas. ¡Cómo no estar de acuerdo! Quizá por eso muchos andan dolidos, asustados o enfadados. Nos han robado nuestra dignidad.
Yo me emocioné al escucharlos y aún me emociona pensar en la altura de esas mujeres a las que el miedo o las penurias no habían humillado hasta tal punto de perder el norte. Se sentían seres humanos y querían sacarle partido a sus vidas.
Entonces, como si de Pepito Grillo se tratara, escuché en mi cabeza la voz de alguien a quien admiro mucho y, estoy segura, que Cayetana y Botto también. “Nosotros no tenemos derechos de esa clase -resonaban más o menos estas palabras en mi memoria-. Vivimos en una sociedad que nos ilusiona (miente) y nos hace creer que es así, y está bien que lo ambicionemos como país, pueblo, civilización o lo que sea, pero no nos engañemos, no tenemos derechos como esos”.
No tenemos derechos. Quizá si recordamos esto y lo tenemos presente de ahora en adelante, cuando podamos olisquear el perfume de las flores otra vez, no volveremos a pecar de soberbia por no disfrutar de él. En ese momento es cuando tenemos que acordarnos de nuestra dignidad, porque lo que nos distingue como seres humanos, según me dijo el director británico Declan Donnellan en un entrevista, no son las rosas, sino nuestra capacidad para agradecerlas.