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Honduras: protagonistas de la esperanza

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Pueblo de Dios - Honduras: protagonistas de la esperanza

Un equipo de Pueblo de Dios ha viajado a Honduras para levantar acta de iniciativas solidarias de gran calado. Todas ellas han sido apoyadas por la ong española Manos Unidas. Siempre hay hombres y mujeres dispuestos a no dejarse vencer por la desesperanza. Nosotros lo encontramos. Esta es su historia

Contra la desnutrición

En el norte de Honduras, en el departamento de Atlántida, nos encontramos con Pilar Segura, una burgalesa que lleva casi treinta años en América Latina. Antes estuvo en Colombia y Perú. Esta misionera seglar, enfermera y especialista en medicina oriental, trabaja desde hace una década luchando contra la desnutrición infantil e intentando mejorar la calidad de vida de varias decenas de familias que forman parte de su programa de nutrición y salud, conocido como “Pronusa”. El más llamativo de los proyectos que ha impulado Pilar es el del policereal. Se trata de un alimento altamente nutritivo hecho con soja, maíz, arroz integral, cacao y canela.Pilar investigó hasta conseguir la mejor mezcla posible de cereales. De esto hace ya ocho años. Miles de niños de la zona se están beneficiando de este producto. La gran mayoría de los socios de esta iniciativa son mujeres: 112 de un total de 120 integrantes. Ellas venden casi 3.000 kilos de policereal en muchas comunidades de la región.

Con los campesinos


En nuestra búsqueda de personas que están haciendo frente a la pobreza que amenaza a gran parte del país llegamos a Dulce Nombre, un municipio del departamento de Copán, en el oeste de Honduras. Efraín Romero es el párroco de Dulce Nombre. Este sacerdote hondureño, de familia campesina, tiene a su cargo un territorio de muy difícil acceso por culpa de los lamentables caminos. Esta zona es especialmente pobre. La respuesta de la parroquia de Efraín es una iniciativa destinada a disminuir la pobreza y mejorar las condiciones de vida de las familias de 23 comunidades campesinas. El proyecto que ha organizado la parroquia ha formado a 250 productores en la utilización de técnicas apropiadas para agricultura sostenible. También se han dado préstamos sin los cuales muchos campesinos no hubieran podido invertir en sus tierras.

En Tegucigalpa, con el padre Patricio


Nuestro periplo por la solidaridad en Honduras lo terminamos en Tegucigalpa. Aquí vive Patricio Larrosa, cincuenta años, los últimos veinte en Honduras.
Patricio trabaja en las colonias y barrios que rodean Tegucigalpa, la capital hondureña, donde se asientan los más pobres. Aquí se dibuja un laberinto de calles y casas que parece que se van a precipitar por los barrancos. Patricio vive en una de esas colonias, en la Monterrey, en la parroquia de San José Obrero. Aquí está el centro de operaciones de todos los proyectos educativos y sociales: colegios, centros infantiles, residencias, viviendas… Para gestionarlos creó ACOES, “Asociación Colaboración y Esfuerzo”. La clave del proyecto de Patricio es que todo lo llevan un gran grupo de jóvenes a los que se les ha formado para ello. Son jóvenes a los que Patricio acogió para apoyarles en sus estudios. Ahora ellos ya aprendieron a ayudar y dedican unas horas a este trabajo. Miles de alumnos se han beneficiado de los proyectos del padre Patricio, que ha levantado varios colegios en los barrios del  extrarradio de Tegucigalpa. Junto a los proyectos educativos, con el apoyo de Manos Unidas Patricio contribuyó a sanear los desagües y proveer de agua limpia a algunos de los barrios más pobres de Tegucigalpa.

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