John Coltrane: 45 años de la muerte del "santo" del jazz

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MIGUEL CHARTEMIGUEL CHARTE 

La muerte de John Coltrane el 17 de julio de 1967, con 40 años y a causa de un cáncer de hígado, dejó a la legión de músicos y aficionados que le adoraban y seguían con angustiosos interrogantes: ¿cuál hubiese sido su próximo paso?; ¿gestaba su mente algún nuevo giro estilístico?; ¿a qué nuevas cotas de virtuosismo hubiese sido capaz de elevar su instrumento, el saxo (tenor y soprano; además del clarinete bajo y la flauta); ¿hasta dónde podría haber llevado su música, LA música?

En estos 45 años, sus discos no han dejado de venderse (especialmente, A Love Supreme); intérpretes no solo de jazz, sino de rock y música pop, étnica o electrónica reconocen su influencia; sus solos han sido objeto de tesis doctorales; y él mismo ha sido elevado a los altares: tiene una iglesia dedicada a su culto, en San Francisco.

Con la muerte de Trane (apodo que se le adjudicó por su analogía con train, “tren”) no desapareció solo uno de los mejores y más influyentes músicos post-bop (esto es, posteriores al género del be-bop de los años 40, cuya figura era otro genio universal: Charlie Parker). Ni siquiera uno de los más originales y potentes saxofonistas. Sino alguien que trascendió su arte y para quien la música era un vehículo de perfeccionamiento espiritual y de acercamiento a Dios, cualquiera que fuera su nombre. Nada menos.

A la sombra de Miles

Nacido en 1926 en Carolina del Norte, en una familia de clase media baja, Coltrane pudo tener formación musical y en 1947 comenzó su carrera profesional en sucesivas orquestas, entre otros con Dizzy Gillespie. En 1955 inició su colaboración con el trompetista y líder Miles Davis, quien ya había tocado con Parker y entonces estaba en la cresta de la ola, lo que supuso su descubrimiento.

Juntos dejaron una de las joyas de la música del siglo XX y la obra que siempre aparece encabezando cualquier lista de “mejores discos” del jazz (seguido, normalmente, de A Love Supreme): Kind of blue.

Aunque Trane aprendió mucho del trompetista, su pasión sin freno muchas veces exasperaba al líder de la banda. En una de las muchas anécdotas que se cuentan de él (como de todos los músicos de jazz), se dice que una vez Davis le pidió que acortara los solos. “¿Cómo?”- inquirió Trane. “Prueba a sacarte el saxo de la boca”, le espetó Davis.

Hacia 1957 empezó a tocar con el pianista Thelonius Monk , y también ese año ocurrió un hecho transcendental en la vida del músico de Carolina del Norte. En sus propias palabras: “Experimenté, por la gracia de Dios, un despertar espiritual que iba a conducirme a una vida más rica, llena y productiva”. Dicho de manera más prosaica: Coltrane dejó la heroína, a la que era adicto desde finales de los 40.

Según explica el crítico alemán Joachim E. Berendt en su obra de referencia, considerada la “biblia” del género (El Jazz: de Nueva Orleans a los años ochenta, 1998), “en esa época desarrolló Coltrane lo que Ira Gitler llama ‘cortinas de sonido’ (sheets of sound), que daban la impresión de superficies metálicas, cristalinas, astilladas y que chocaban entre sí”. La sonoridad de Trane era tan particular que había que inventar nuevas definiciones para él.

La etapa culmina en 1960 con un éxito de crítica y público: el tema “My favorite thing”, versión de una canción del musical Sonrisas y Lágrimas, que pasó a convertirse en un standard (pieza que se considera clásica y que se versiona una y otra vez).

Además, el músico abre una vía de interés, que ya nunca dejará, por otras tradiciones musicales, asiáticas, orientales e incluso españolas (Olé Coltrane, 1961, con el tema homónimo basado en la canción popular El Vito).

El cuarteto clásico y A Love Supreme

De la misma manera que algunos equipos de fútbol tienen una alineación histórica, hay una formación de los grupos de Coltrane en los 60 considerada infalible: McCoy Tyner al piano; Elvin Jones a la batería y Jimmy Garrison al bajo. Con ellos grabó grandes discos (incluyendo uno de baladas), y la que quizá sea su obra cumbre: A Love Supreme (1964).

El “amor supremo” al que se refiere el título es la devoción a un ser supremo. El disco es un largo himno que se inicia con un golpe de gong y termina con un tema en el que el saxofonista reproduce la lectura de un salmo, escrito por él mismo. La oración de Coltrane a su dios.

Como recoge el periodista musical Ashley Kahn en un libro dedicado a la génesis de esta grabación (A Love Supreme y John Coltrane: La historia de un álbum emblemático, 2004), el disco ha influido en músicos de rock como Bono, líder de U2; el guitarrista de REM, Peter Buck; o en Gil Scott-Heron, uno de los padres del rap.

El tema principal fue versionado por Carlos Santana y John McLaughlin en el tributo Love, Devotion, Surrender (1973). Y los dos hermanos Marsalis, Wynton y Brandford, han recreado el álbum completo, cada uno a su manera.

1965: Ascension y el free-jazz

Tras esta cumbre, ocurrió algo que causó un verdadero terremoto en la escena jazzística, y que incluso puede decirse que tuvo consecuencias políticas. Coltrane giró hacia el jazz libre o free-jazz con el álbum Ascension (1965), en el que la improvisación es totalmente libre, no se guía por la armonía ni por la melodía.

Este estilo o subgénero iniciado por Ornette Coleman varios años antes, era considerado por muchos como anti-jazz, como mero ruido, de ahí el revuelo.

Las consecuencias políticas citadas vienen dadas por que el free (a veces llamado new thing o vanguardia) estaba estrechamente ligado a la lucha por los derechos civiles y contra el racismo, al nacimiento de una conciencia política y social afroamericana y al “poder negro”. La liberación de la melodía y la armonía, la preeminencia del ritmo y la improvisación puras, significan también la independencia final del músico negro de la tradición europea, occidental y blanca.

El hecho de que todo un músico consagrado como Coltrane se uniera a esta corriente e incluso apadrinara a algunos de sus exponentes (como Archie Shepp) dejó desconcertados a muchos.

En esta época, Trane contó con el batería Rashid Alí (a veces usaba dos baterías, o dos bajos), el saxofonista Pharoah Sanders, y con su mujer, Alice, ya fallecida, al piano.

A partir de Ascension, Coltrane ya solo interpretó este tipo de música, persiguiendo siempre mayores alturas. Otro de las leyendas que circulan sobre él es que, en esa búsqueda, quedó exhausto, y que en su fallecimiento tuvo que ver mucho el agotamiento fruto de las giras y de los solos interminables y extáticos.

Sea como fuere, su sonido y sus composiciones perviven entre los aficionados. Para quienes deseen conocerle, una selección de temas puede escucharse en su sitio oficial en internet, www.johncoltrane.com.

Y queda, más allá de sus sentimientos religiosos, el ejemplo del amor por su arte: “Eso es la música para mí: sencillamente una posibilidad entre otras muchas de manifestar que vivimos en un mundo formidable y magnífico, que recibimos como regalo…”

 

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