Empieza el desfile con una modelo que lleva un vestido verde con bordados gigantes de pedrería que parecen coliflores. ¡Uf! El tono sigue subiendo con chaquetas y sastres para chico con pieles teñidas de verde puñeta a juego con una estolas-señora.
Las prendas de mujer son muy femeninas, con vestidos vaporosos en seda, con encaje de chantilly y con faldas de pliegues y plisados. Los zapatos están cuajados de cuentas de colores en verdes y rosas intensos.
La línea masculina es aún más femenina. La silueta es estrecha, con pantalones pitillo y jerseys ajustadísimos, y asombra una torerita de pedrería multicolor. Vemos también un esmoquin en verde agua, un color que también viste a la mujer.
Para ambos chaquetas y abrigos tipo capa realizados con tela de alfombra de lana con estampado floral, pesado y con volumen, que lleva también, como casi toda la colección, ristras de pedrería.
Los diseños que más recuerdan a los años 20, temática de la colección, son los que llevan grandes flecos de pedrería roja y negra, resultones en la pasarela y en un escenario pero con una vida limitada en la calle.
La locura de esa década se relaja en otros vestidos de coctel y noche, con sedas de distinto grosor en naranja y morados con faldas largas que tienen ganas de bailar.