“He estado tres meses encerrada en casa, cortando, plegando y cosiendo para hacer un vestido”, cuenta Eva Soto. Su trabajo es pura artesanía y su entrega bestial. Inspirada en la escultura y la arquitectura crea volúmenes irreales jugando con la técnica del origami.
Ha teñido todas las telas; eran blancas y ahora son verdes, azules y rojos. Ha bordado y dibujado con sus manos temas de la naturaleza (aves y flores), y ha tratado los tejidos hasta buscar la textura que quería.
Vemos una falda rígida que ha hecho colocando papel en la entretela y plegando formando nichos geométricos para lograr la consistencia que necesita esa falda-escultura; y para conseguir un look total ha cubierto los zapatos con medias que terminaban escondidas bajo el vestido. Un acierto, como otros tantos de la colección.
Soto Conde vive en Camados, Galicia. Estudió Bellas Artes y Diseño de Moda. Dice que tiene proyectos y ,por lo que dicen sus ojos, sueños. Esos que en la noche te llevan lejos, quizá por eso ha cerrado el desfile un vestido-escultura en forma de ave.