La repetición de un gol, el insulto a un ministro, un bosque ardiendo, manifestantes contra policías, un mendigo, dos tertulianos gritando y un premio... ¡Pedroooooooo! Las imágenes y las palabras son rodean, nos bombardean durante todo el día, nos saturan. Díez no quiere sumar más ruido, más color y como un mantra, ha repetido el blanco en toda la colección.
Este color es el vehículo perfecto para restar, limpiar y simplificar una propuesta romántica y espiritual, con tejidos nuevos y otros ya viejos conocidos de la casa. Punto de algodón, sedas, gafas y cuero muestran su naturaleza en prendas que se pueden combinar al gusto del consumidor.
Los largos son más largos, los cortos suben hacia la cintura. Vemos vestidos-camiseta de una naturalidad impactante y prendas con volúmenes retorcidos que contrastan con fuerza. Solo cuenta con un estampado: unas delicadas plumas de ave, en tonos apagados. Las dibuja sobre vestidos largos, camisas e incluso en un look batín-pijama para chico que resulta arrebatador.
Destacan las aplicaciones de cuerpo para detalles como los tirantes de algunas prendas y el giro que ha dado cambiando sus típicas converse por modelos de Camper.
“Esta colección”, dice el diseñador, “tiene más alma, y representa un cambio”. Quizá por eso el vestido que abre el desfile ya lo dice todo. Es un vestidazo (perdón por la expresión) en blanco, con cuerpo camiseta, falda larga con volumen y movimiento, y capa. ¿Por qué no empezar así el desfile... o el día? ¿Por qué no cambiar lo que se espera de ti?