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El SPD digiere la derrota y se enfrenta al dilema de formar gobierno con Merkel

  • El SPD plantearía exigencias a la CDU
  • Ignacio Molina (RIE) señala los inconvenientes de una 'Gran Coalición'
  • Los Verdes son la otra opción de Merkel

Especial: Elecciones en Alemania

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El SPD digiere la derrota y se enfrenta al dilema de formar gobierno con Merkel

La histórica victoria de Angela Merkel en las elecciones alemanas de este domingo deja a la oposición más débil que nunca, aunque serán necesarios para gobernar con estabilidad.

La suma de SPD, Verdes e Izquierda es de 319 diputados, mayoría absoluta, pero esta asociación es más que improbable, ya que los socialdemócratas descartan gobernar con la Izquierda. "No son aptos", dijo Peer Steinbrück el mismo domingo.

Así pues, la CDU podría intentar gobernar en solitario, pero lo más seguro es que intente pactar con alguno de los dos primeros partidos, en pro del consenso y de la estabilidad tradicionales en Alemania.

El dilema del SPD

El Partido Socialdemócrata (SPD) gobernó con Merkel en el primer gobierno de la canciller (2005-2009), y aquella colaboración les costó cara: en 2009 obtuvieron su peor resultado desde la II Guerra Mundial.

Ahora, con un 25,7% de los votos (una magra subida de casi tres puntos), es probable que exijan un precio más alto para entrar en otro gobierno Merkel, en forma de carteras ministeriales o concesiones políticas, según explica a RTVE.es Ignacio Molina, investigador del Real Instituto Elcano.

"Esta es la coalición que prefieren los alemanes en las encuestas - explica Molina -, además Merkel ya ha gobernado con el SPD y le fue bien, y los socialdemócratas controlan el Bundesrat [cámara alta], por lo que tendría una mayoría muy amplia".

Durante la campaña, el SPD ha pedido un salario mínimo e impuestos más altos para los ricos, a lo que la CDU se opone tajantemente. Los socialdemócratas podrían pedir también la cartera de Finanzas, actualmente en manos de Wolfgang Schaeuble.

El presidente de la formación socialdemócrata Sigmar Gabriel, ha convocado una reunión de los líderes del partido para discutir las opciones.

Molina cree, sin embargo, que habría aspectos negativos. "En primer lugar, la 'Gran Coalición' se hace para los grandes momentos. En 2005 Alemania aún estaba en ese momento, pero ahora no hay urgencia de reformas".

"En segundo lugar, los dos grandes partidos controlarían el 85% de los escaños, y la oposición entonces serían los euroescépticos de izquierda y de derecha, Die Linke (La Izquierda) y el AfD (Alternativa por Alemania), que podrían tener buenos resultados en las elecciones europeas del próximo años", añade.

Ignacio Molina confía en que el AfD, que se ha quedado fuera del Parlamento por muy poco, no siga creciendo. "Al alemán no le gustan los extremos, y son europeistas. Es el único país del norte de Europa que no tiene en el Parlamento un partido populista antieuropeo", señala.

Dicho acuerdo, además, tendría que superar otro obstáculo: el candidato del SPD, Peer Steinbrück, ha reiterado que no formará parte de un gobierno de Merkel en ningún caso. Steinbrück ya fue ministro de Finanzas entre 2005-2009. El SPD, por tanto, tendría que prescindir de su cabeza de cartel.

La otra alternativa: los Verdes

Si el SPD es muy exigente, la CDU podría volverse volverse hacia los Verdes.

"Hay experiencia de esta coalición en los länder, en Sarre y Hamburgo, y no hay tanta diferencia sociológica entre ambos", dice el investigador del RIE. "Los Verdes son un partido ambientalista y conservacionista, y eso es un punto de contacto con los conservadores rurales. Además, Merkel ya ha renunciado a las centrales nucleares, por lo que este pacto no es tan descabellado". 

En cualquier caso, sea con el SPD o con los Verdes, la tercera legislatura de Merkel estará caracterizada por la "continuidad con un poco más de flexibilidad", según Molina.

Tanto el SPD como los Verdes han pedido más gasto público y solidaridad con Europa durante la campaña, por lo que podría influir en este sentido en la política del nuevo Ejecutivo. 

En palabras de Ignacio Molina, "la Merkel que, junto con Nicolás Sarkozy, apostaba por la dureza y la austeridad, empezó a cambiar a partir de 2011 y a ser un poco más flexible. Ahora puede gobernar en términos más ambiciosos y proeuropeos, sin temor a perder votos".

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