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La vuelta a la revuelta del África subsahariana

  • Países como Senegal viven estos meses protestas contra su presidente
  • Los expertos puntualizan: no es la extensión de las revueltas en el mundo árabe
  • La lucha de África subsahariana se centra en consolidar su democracia
  • Ya no basta con terminar con los regímenes dictatoriales (14) de la región

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Miles de personas protagonizan, tras acudir a su tradicional jornada de oración, una multitudinaria manifestación para pedir que su presidente, de 85 años, no aspire a un tercer mandato. La descripción podría ser la de cualquier jornada de protesta de alguno de los países que forman parte de la primavera árabe pero no, se trata de Senegal.

Visto así, podría plantearse la teoría de que las ramas de la revuelta árabe se están extendiendo y más si tenemos en cuenta que comparte muchas de las características por las que en Egipto o Túnez, por citar algunos, se echaron a las calles: es un continente joven en el que aproximadamente entre el 50 y el 60% de la población es menor de 25 años, muchos de ellos están cada vez más preparados y son conscientes de que viven en una región en la que gobiernan algunos de los líderes más veteranos y autocráticos del mundo

Pero hasta aquí las coincidencias. La gran diferencia, en el caso de Senegal, radica que en se trata de uno de los pocos ejemplos de África de democracia multipartidista real y con un fuerte poder civil. Es solo un rasgo que lo diferencia del norte y que lleva a otra conclusión: la de que el África subsahariana, paradójicamente, no tiene que tomar ejemplo de lo que ha pasado entre estos países del norte porque, tal y como pone de manifiesto la historia, ellos están ya en una segunda fase del camino hacia la completa democratización.

El punto de inflexión

“Los países del áfrica subsahariana ya vivieron su particular revuelta en la década de los 80 y los 90, en un momento en el que el mundo árabe no se había movido. Lo que sí es cierto es que estos países como Senegal se están viendo influenciados, motivados, por la nueva oleada para acabar lo que está sin terminar, profundizar lo que se empezó hace más de diez años”, explica a RTVE.es el profesor Mbuyi Kabunda.

Según Kabunda, desde el exterior se tiene una percepción equivocada de los habitantes de esta región, a la que siempre se ha percibido como “inmadura democráticamente” e incapaz, por tanto, de organizar una revuelta por sí mismos.

Algo que, considera, no es cierto: “Los pueblos se han dado cuenta de que no viven en una verdadera democracia y aprovechan la primavera árabe para seguir avanzando. Han comprobado que no están en un callejón sin salida”.

Cuando el profesor Kabunda se refiere a que no viven en una “verdadera democracia” pone de manifiesto una realidad de esta parte del continente africano: es una región en la que se celebran elecciones con la temporalidad que marcan sus leyes pero no son al 100% fiables.

Lo que mejor resume el fracaso de de la democracia en esta región de África es el hecho de que existan los llamados “Big Men” –aquellos mandatarios que, con el inicio de la democratización en la década de los 90, fueron considerados las grandes promesas- y gobiernan Uganda (Yoweri Museveni, desde 1986), Ruanda (Paul Kagame, desde 1994), Etiopía (Meles Zelawi, desde 1951) y Eritrea (Isaías Afwerki, 1993) único país de esta región, por cierto, en el que no se celebran ni elecciones presidenciales ni legislativas.

En los próximos años se van a ver cambios radicales

Pero no son los únicos, la lista asciende a un total de catorce nombres con los que sus países han ido careciendo, cada vez más, de derechos, servicios y libertades. Está, por ejemplo, Teodoro Obiang, que ostenta el poder desde 1979 tras un golpe de Estado, y que ya es el líder africano que más tiempo ha estado en este cargo.

Otro ejemplo a destacar es el de Jammeh, joven militar que asciende al poder gracias a un golpe de estado, se presentó a elecciones formalmente multipartidistas en 1996 y desde entonces ha sido reelegido en varios comicios. No ha dudado en prometer estar en el poder hasta "un billón de años" y también es conocido por su promesa de cortar la cabeza a los homosexuales que no abandonen el país y por su creencia de curar el sida con un tratamiento de hierbas.

Las instituciones democráticas

Ellos no son el único problema: “No basta con acabar con sus gobiernos como se ha hecho ahora, por ejemplo, en Túnez. El áfrica subsahariana ya lo hizo. El problema es que todos ellos dieron lugar a regímenes formalmente democráticos pero que en la mayoría de los casos ha degenerado en una falsa democracia: o bien en una ‘democradura’ –dictaduras encubiertas- o bien en monarquías en las que los gobernantes ponen a sus hijos en el trono”, explica Kabunda.

De hecho, eso es lo segundo que falla en esta región: pese al primer impulso hacia la democracia, los líderes han sido capaces de desarrollar diversas formas para eludir sus responsabilidades como, por ejemplo, manipulando o modificando autoritariamente la Constitución con el objetivo de renovar mandato. Así sucedió, por ejemplo, en Guinea en el año 2001 o en Camerún, en 2008, donde se aprobó el final de la limitación del número de mandatos presidenciales.

De ahí que en la actualidad el África subsahariana haya entrado en una segunda fase de su revolución. La clave de lo que no ha funcionado bien reside en una conjugación de estos dos factores que dan como resultado el fracaso de los mecanismos democratizadores puestos en marcha tras la independencia..

“En Senegal, en Nigeria, en la República del Congo… todos están intentando corregir los errores del pasado, están luchando por consolidar sus democracias”, explica a RTVE.es el profesor Kabunda.

Así ocurrió, por ejemplo, en el verano de 2011 en Malaui, donde las manifestaciones que se vivieron no tenían como objetivo derrocar al gobierno ni iban contra el gobierno. Se echaron a las calles para protestar por la ausencia de verdaderas instituciones democráticas que han permitido que la administración gobierne con plena impunidad, tal y como se refleja en el artíctulo: Lo que la rimavera árabe puede aprender del áfrica subsaharania, de Open Democracy.

Hace solo unos meses los nigerianos también se echaron a las calles, en su caso para pedir a su presidente, Goodluck Jonathan, que diera marcha atrás en sus medidas entre las que se encuentran la reducción del 25% del salario base de los funcionarios así como los recortes en los gastos estatales.

El objetivo es por tanto que, a traves de fuertes instituciones democráticas desarrolladas y no solo acabando con una personalidad y su régimen en concreto, sean escuchadas sus demandas.

Con todo, el futuro para esta región del continente sigue siendo incierto aunque ve la luz: "Es muy difícil poder actuar de profeta pero sí es verdad que ya no hay marcha atrás. En los próximos años se van a ver cambios radicales", augura el profesor Kabunda.

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