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La hermana Marie Simon-Pierre posa junto a una imagen de Juan Pablo II.

El milagro de la monja francesa que ha hecho beato a Juan Pablo II

  • Asegura que la intercensión del papa le curó del Parkinson en 2005

  • Los médicos consideran el hecho "inexplicable" a la luz de la ciencia

  • Juan Pablo II será beatificado en Roma este domingo

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"Estaba enferma y ahora estoy curada; el resto deberá decidirlo la Iglesia".

Son palabras de la hermana Marie Simon-Pierre, la monja francesa cuya supuesta curación ha sido clave para la beatificación de Juan Pablo II.

Según ha declarado la hermana Marie y han confirmado los médicos que han estudiado el caso, la religiosa se recuperó súbitamente de la enfermedad de Parkinson, un hecho para el que consideran que no existe explicación científica.

El exportavoz de la Santa Sede, el español Joaquín Navarro-Valls, ha asegurado que la curación ha sido "analizada, estudiada y valorada con un rigor médico extraordinario".

Tanto que, a pesar de que la Iglesia Católica tiene catalogados 251 milagros atribuidos a Juan Pablo II, el postulador de la causa, el sacerdote polaco Slawomir Oder, eligió el caso de la monja francesa para elevar a Karol Wojtyla a los altares.

Y es que, para la Comisión Médica de las Causas de los Santos, la curación de la hermana Marie cumple con los cuatro requisitos que se requieren para que sea considerada milagrosa: "instantántea", "completa", "duradera" e "inexplicable a la luz de la ciencia".

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Pidió al papa su curación

Los hechos se remontan a junio de 2005, dos meses después de la muerte del papa polaco. Desde un año antes, el estado de salud de la monja -diagnosticada de Parkinson en 1988- había ido degradándose: los dolores habían aumentado y, según ha asegurado Simon-Pierre, apenas podía escribir ni caminar y todo hacía indicar que terminaría en una silla de ruedas.

Tal era su situación que el 2 de junio de 2005 Simon-Pierre pidió a su superiora que le relevara de sus funciones en la maternidad en la que prestaba sus servicios.

La superiora rechazó esta posibilidad y, a cambio, le convenció para que pidiera a Juan Pablo II que le curara de su enfermedad.

Increíblemente, y según la versión de la monja, a la mañana siguiente la enfermedad había desaparecido.

"Mi cuerpo ya no estaba dolorido, había desaparecido la rigidez", ha contado la religiosa, de 51 años.

Más sorprendido, si cabe, quedó el médico que la atendía, quien en un principio sospechó que la monja estaba tomando dosis dobles de sus medicamentos.

"El médico no lo podía creer, se quedó sin habla", declaró Marie Simon-Pierre en una comparecencia pública tras anunciarse la beatificación de Juan Pablo II.

Voces discrepantes

Sin embargo, en este tiempo hay voces que han mostrado algunas dudas acerca de esta curación milagrosa.

Entre ellas, la del neurólogo Grzegorz Opala, quien en marzo de 2010 aseguró en el diario polaco Rzeczpospolita que el caso de Simon-Pierre podría ser una enfermedad similar al Parkinson que habría desaparecido de manera espontánea.

Una opinión que ha sido descartada por completo por la Federación de Asociaciones de Médicos Católicos, cuyo presidente, José María Simón, ha señalado que las críticas al milagro de Juan Pablo II son "ofensivas" para los médicos que diagnosticaron la enfermedad de la monja.

"Es cierto que existe el Parkinsionismo, que son formas parecidas al Parkinson que pueden adquirirse a veces por toma de medicamentos, pero la gran diferencia entre el Parkinson y el Parkinsionismo es que este último no es tan unilateral como la enfermedad del Parkinson", ha explicado.

Simón ha insistido en que el colectivo médico nunca diría "que una cosa es extraordinaria si tiene una explicación natural porque también tenemos que proteger nuestra institución y su prestigio", y ha admitido que "quien no quiere creer, aunque resucite un muerto, no cree".

Quienes sí creen en el miliagro son los cientos de miles de fieles que han abarrrotado el Vaticano para poder presenciar la beatificación de Juan Pablo II.

Una acto en el que la hermana Marie Simon-Pierre, ha tenido un lugar destacado presentando ante Benedicto XVI la ampolla con la sangre de Wojtyla, reliquia que ahora será venerada como la de un beato de la Iglesia Católica.

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