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El planeta rocoso más pequeño más allá del Sol

  • La sonda Kepler lo ha descubierto en la constelación del Cisne
  • A diferencia de la mayoría, es pequeño y no gaseoso
  • Orbita en la zona no habitable en torno a su estrella

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 Recreación artística del Kepler-10b.
Recreación artística del Kepler-10b. NASA

La NASA ha anunciado el descubrimiento de un nuevo exoplaneta. Se llama Kepler-10b. De entre los más de 500 que ya se han descubierto este es especial. Es el primer planeta rocoso hallado más allá del Sistema Solar por la sonda Kepler, a diferencia de la mayoría que son esencialmente gaseosos. Y es pequeño, tiene 1,4 veces el diámetro de la Tierra, mientras que la mayor parte de los exoplanetas encontrados suelen ser gigantes.

Kepler 10-b ha sido bautizado así en honor a la sonda que le ha descubierto tras ocho meses de recolección de datos. Los instrumentos de Kepler tienen una precisión enorme y pueden medir la minúscula disminución en la luminosidad de una estrella que se produce cuando pasa por delante un planeta.

Está 20 veces más cerca de su sol que Mercurio del nuestro

El planeta está ubicado en la constelación del Cisne, a unos 560 años luz de la Tierra.

Orbita muy cerca de su estrella, lo que le sitúa en zona no habitable. En comparación, está 20 veces más de cerca de su sol que Mercurio del nuestro.

"El descubrimiento de Kepler 10-b es un hito en la búsqueda de planetas hermanos de la Tierra", afirma Douglas Hudgins, científico de la NASA que ha participado en el hallazgo.

Aunque este pequeño planeta no está en una zona habitable, abre la esperanza a encontrar 'otras Tierras'. Hay que tener en cuenta que para los astrónomos, un planeta es "potencialmente habitable" cuando puede albergar vida, pero esto no significa que sea apto para la vida humana.

La composición de la atmósfera o la existencia de agua, son algunos de los factores a tener en cuenta para considerar la 'habitibilidad' de un planeta.

Pero recientemente la NASA anunciaba un hallazgo que multiplica las posibilidades de encontrar vida fuera de la Tierra, demostrando la existencia de una bacteria capaz de vivir en arsénico.

Antes de este descubrimiento se habían descartado planetas en los que se pensaba que era imposible encontrar organismos vivos ya que no contaban con fósforo en la atmósfera.

Hallado por el método de los tránsitos

Hay varios métodos para detectar planetas 'alienígenas'. El conocido como método de los tránsitos mide la disminución de la intensidad de la luz que nos llega desde una estrella cuando un planeta pasa por delante de ella, disminución que depende del tamaño relativo de ambos.

Mide la entesidad de la luz de la estrella cuando el planeta pasa por delante

Este método permite calcular el tamaño del planeta gracias la duración de la bajada de la luz, aunque su principal desventaja es que sólo funciona cuando la órbita del planeta está adecuadamente alineada para interponerse frente a la estrella desde nuestro punto de vista.

Estudiar cómo varía la luz de la estrella cuando el planeta está delante de ella también permite hacernos una idea de la composición de su atmósfera. Y todo esto a una distancia de años luz.

El método de los tránsitos es, además, el usado por los observatorios espaciales COROT de la Agencia Espacial Europea y el Kepler de la NASA, que observando fijamente ciertas regiones del espacio han contribuido con cientos de nuevos candidatos a la lista de exoplanetas, algunos de ellos ya confirmados.

Buscando otras Tierras se encontraron otros Júpiteres

51 Pegasi b, y bautizado no oficialmente como Bellerophon, detectado por el método de la velocidad radial, fue el primer exoplaneta cuya existencia se confirmó, en 1995. Está a unos 51 años luz de la Tierra, y por ahora sólo conocemos su masa mínima, estimada en la algo menos de la mitad de la de Júpiter. Se le considera, por cierto, el prototipo de los júpiteres calientes, un tipo de planeta que al que pertenecen la mayoría los encontrados hasta ahora, algo debido a que los métodos de detección que usamos funcionan mejor con estos.

Epsilon Eridani b es el más próximo a la Tierra de los exoplanetas cuya distancia conocemos. Se encuentra a unos 10,5 años luz de la Tierra, y tiene una masa de 1,56 veces la de Júpiter.

SWEEPS-11, por su parte, es el más lejano de los que hemos encontrado hasta ahora, situado a la nada desdeñable distancia de 22.000 años luz de la Tierra. Tiene una masa de casi diez veces la de Júpiter y un radio de 1,13 veces el de este.

Gliese 581 g, un exoplaneta del que se ha hablado mucho últimamente porque tiene una cierta similitud con la Tierra, ya que tiene entre 3,1 y 4,3 veces su masa, y un radio de entre 1,3 y 2 veces la de esta, además de estar, aparentemente, dentro de la zona de habitabilidad de su estrella, con lo que hipotéticamente podría existir agua líquida en su superficie y ser habitable, aunque al final parece que no está claro del todo que este planeta exista. Además de ser el exoplaneta más parecido a la Tierra, también se habló de una señal que supuestamente habría llegado desde allí, aunque esto resultó no ser cierto. Lo que sí está claro es que Gliese 581, como nuestro Sol, es un sistema planetario múltiple.

HD 189733 b, un planeta con 1,15 veces la masa de Júpiter y una atmósfera cuya temperatura se estima en unos 700 grados centígrados en la que no sólo se ha podido comprobar la abundante presencia de vapor de agua sino también de metano, la primera vez que se detecta una molécula orgánica en un exoplaneta, lo que de todos modos no quiere decir ni por asomo que tengamos ningún indicio de que allí pueda haber vida.

HIP 13044 b, recién descubierto a unos 2.300 años luz de la Tierra, es un planeta muy similar a Júpiter que tiene la peculiaridad de que los astrónomos creen que tiene su origen en otra galaxia que habría sido absorbida por la Vía Láctea hace entre 6.000 y 9.000 millones de años. Es, por cierto, el número 501 de la lista.

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