Enlaces accesibilidad
HISTORIAS DE LA CIENCIA

Arkwright y la evolución de la industria textil

  • Contribuyó, con sus ingenios, al florecimiento de la industria textil
  • Su modelo de gestión se convirtió en una de las claves del sistema industrial
  • A su muerte, con 59 años, dejó una herencia de 500.000 libras

Por

A hombros de gigantes

Programa de divulgación científica. Es un espacio pegado a la actualidad con los hallazgos más recientes, las últimas noticias publicadas en las principales revistas científicas, y las voces de sus protagonistas. Pero también es un tiempo de radio dedicado a nuestros centros de investigación, al trabajo que llevan a cabo y su repercusión en nuestra esperanza y calidad de vida. Los viernes de 22:00 a 23:00 hora

El mecánico británico Richard Arkwright nació en el seno de una familia muy pobre en Preston el 23 de diciembre de 1732. Pronto empezó a trabajar como aprendiz de peluquero y a los 18 años abrió su propio taller.

Tras varios años de leve prosperidad decidió abandonar su negocio y dedicarse a viajar por el país para comprar cabello humano con el que fabricar pelucas. También desarrolló un tinte resistente al agua que le permitió amasar una pequeña fortuna. Un dinero que le serviría para financiar sus primeros trabajos con maquinaria textil.

Durante sus viajes, Arkwright estuvo en contacto frecuente con tejedores e hilanderos. Autodidacta, se interesó por los telares y las máquinas tejedoras e inventó, con la ayuda del relojero John Kay, algunas semiautomáticas destinadas al cardado y el hilado del algodón.

Tela hecha de algodón

Con ellas se podía fabricar un hilo de algodón fino, pero lo suficientemente fuerte como para utilizarlo de urdimbre de tejidos. De esta forma, se podía producir tela exclusivamente hecha de algodón. También desarrolló un dispositivo mecánico para hilar la fibra que llevaba acoplado el motor de vapor de Watt.

Aquellos ingenios permitieron que las máquinas sustituyeran a los artesanos y contribuyeron al florecimiento de la industria textil británica.

Arkwright construyó la primera fábrica textil mecanizada en Cronford aprovechando la fuerza motriz del río Derwent, y posteriormente otras en Nottingham.

Su éxito se debió también a su sistema de gestión y división del trabajo, que se convirtió en el modelo del sistema industrial, por aquél entonces en proceso de desarrollo.

Sus empleados disfrutaban de una semana de vacaciones al año, bajo la condición de no abandonar el pueblo. Más adelante, les procuraría una educación básica, de modo que fueran capaces de llevar las cuentas de la producción de hilo.

Un patrono justo

A diferencia de otros patronos, Arkwright se negó a emplear a niños menores de 7 años, pero eso no le impidió la construcción de Cromford como una fortaleza y el empleo de técnicas coactivas para mantener su fuerza de trabajo.

A pesar de ello, los trabajadores se levantaron contra él en más de una ocasión, llegando a quemar una de sus empresas. Reacción que se haría habitual cada vez que un avance tecnológico pusiera en peligro los empleos.

Durante décadas, Arkwright fue el productor individual más poderoso en la industria de hilados, creó fábricas por toda Inglaterra y Escocia, y financió invenciones que beneficiaban a la industria de la hilatura.

En 1786 fue nombrado sir por el rey Jorge III. Se casó en dos ocasiones y tuvo cuatro hijos. Murió el 3 de agosto de 1792, en el castillo de Willersley, la mansión que había construido con vistas a sus molinos de Cromford.

Tenía 59 años y dejaba una fortuna de 500.000 libras. Sus restos reposan en la Iglesia de Santa María de esa localidad. En la actualidad la sociedad Arkwright trabaja para preservar el patrimonio industrial de la zona.