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La victoria en el debate convierte a Clegg en una opción creíble para Downing Street

  • El liberal demócrata consigue una subida de cuatro puntos y acecha al Laborismo
  • Laboristas y conservadores le hacen ya blanco de sus críticas
  • Europeísta, antimilitarista y pro euro, su partido es un 'rara avis' en Reino Unido

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Los liberaldemócratas pueden decidir quién ocupa finalmente el 10 de Downing Street

¿Y si ganaran los liberales? Esta pregunta, inconcebible durante décadas, recorre las redacciones de la prensa británica y los mentideros políticos tras conocer los resultados de la encuesta de urgencia realizada tras el primer electoral de la historia de Reino Unido, que le da una subida de tres puntos en dos días.

Aunque la formación de Nick Clegg esperaba un empujón en las encuestas después de que 9.9 millones de británicos lo viesen en televisión como una opción de Gobierno al mismo nivel que laboristas y conservadores, los datos del sondeo, realizado a 4.000 personas, superan todas las previsiones.

Los liberal demócratas pasan del 20 al 24%, nada menos que catorce puntos, mientras que los conservadores se quedan en el 35% y los laboristas pierden un punto, del 28 al 27%.

"Esta es una encuesta sensacional. Clegg esperaba un subidón tras el debate, pero no a esta escala. Este rebote supondrá un shock en las campañas conservadoras y laborista", señala Andrew Sparrow, analista político del Guardian.

Aunque un recuento anterior le daba un rebote de has catorce puntos, este aumento es significativo porque le darían a Clegg la llave del parlamento, pese a la ventaja conservadora.

Las pistolas, contra Clegg

Sin embargo, su vaticinio es compartido en las propias filas liberal-demócratas, que temen que a partir de ahora "las pistolas" apunten a Clegg.

"Nada de triunfalismo, ahora esto va en serio. Van a ir por nosotros, verás", ha declarado a una entrevista a la emisora BBC 4 Lord Ashdown, antiguo jefe de filas de los liberal demócratas.

"Necesiraremos traerlo bajo la estratosfera, bajo la ceniza volcánica", ha asegurado un ministro del ejecutivo de Gordon Brown al diario The Times.

Para los conservadores, en boca de su secretario de Educación, Michael Gove, Clegg ofreció una imagen "nueva, atractiva y diferente", pero la mayor parte de sus políticas están fuera del campo politico convencional. 

Por ejemplo, los liberales apuestan por unirse al euro, acabar con las armas nucleares y ofrecer una amnistía a los inmigrantes ilegales.

Lo que es curioso, tal y como señala Sparrow en The Guardian, es que estas iniciativas ahora pueden atraer al votante antisistema, que en Reino Unido solía apostar por opciones radicalmente opuestas como el Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP) e incluso el racista British National Party.

Formado en Bruselas

Y es que, Clegg supone todo un cambio en las coordenadas de la política británica. Nacido en enero del 67, su origen familiar y su trayectoria dista mucho de conectar con la imagen del británico medio y no precisamente por pertenecer a la elite de Eton, como su rival conservador.

De abuela aristócrata rusa y de madre holandesa educada en Indonesia e internada en un campo de concentración japonés, Clegg habla el inglés paterno, el holandés materno, alemán, francés y español, el idioma de su esposa, Miriam González, con la que tiene tres hijos.

Más aún, Clegg, educado en Cambridge, se formó políticamente en Bruselas, donde llegó en 1994 tras estudiar en el Colegio de Brujas, para trabajar como asesor de la Comisión Europea. Elegido eurodiputado en 1999, renunció al puesto en 2004 por motivos familiares. Desde 2005 es parlamentario en Westminster.

¿Sorpasso a los laboristas?

Su partido, heredero de los liberales, que dieron al país 26 primeros ministros pero que no ha llegado al poder desde 1922, se sitúa en el centro izquierda, pero es más liberal en el terreno fiscal que los laboristas y se alejan de ellos en posturas como el rechazo a la guerra de Afganistán y el cambio del sistema político británico, que les tiene habitualmente marginado al ser la tercera fuerza.

Curiosamente su irrupción política, con la posibilidad de ser un 'kingmaster' en las elecciones para decidir si gobiernan conservadores o laboristas, coincide con los primeros intentos de reformar la Constitución tras el escándalo de las retribuciones de los diputados.

Ahora, tras su triunfo electoral, Clegg podría ser más que eso: el artífice de la ruptura del sistema bipartidista británico y, ya de paso, el que levante el acta de defunción del Laborismo por mucho que Gordon Brown se empeñe en decirle aquello de "Nick y yo estamos de acuerdo".