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Entrevista con Todd Irinaga, agente del FBI

"Tuvimos que hacer sentir a Saddam que todavía era importante", dice su interrogador

  • Saddam conservó el humor durante su cautiverio
  • El FBI se preparó para tratar con un depuesto dictador psicópata y narcisista
  • "Decía que no se podía confiar de una persona con barba como Bin Laden"
  • Todd Irinaga dice que el ex presidente nunca expresó ningún remordimiento

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Saddam Hussein durante su juicio en diciembre del 2006, días antes de ser ejecutado.
Saddam Hussein durante su juicio en diciembre del 2006, días antes de ser ejecutado.

La única vez que Saddam Hussein estuvo en la cárcel de Guantánamo ocasionó tal revuelo, que no fue necesario que hablara. Ni siquiera que abriera la boca. Pero su simple presencia decía más que mil palabras. El breve paso del tirano por la isla creó una polémica que sobrepasó las mallas de alambre y los muros de la cárcel, y esto, a pesar que semanas atrás había muerto.

No era necesario ver a Hussein en carne y hueso para sorprender a los reos, un Hussein en una hoja de papel era suficiente. La imagen del extinto dictador en la zona donde descansaban los detenidos parecía hablar. Esa fotografía de Hussein fue hecha después de su ejecución y lo mostraba colgado del cuello por una soga, según denunció el abogado de uno de los presos. El defensor catalogaba el acto como intimidador y una tortura mental.

El portavoz de la base de Guantánamo, comandante Robert Durand, le dijo al New York Times que lo que el póster mostraba era la captura, las comparecencias en la corte y la sentencia de Hussein.

El hecho es que después de conocerse en el exterior la presencia de las imágenes de Hussein en Guantánamo, cualesquiera que fueran, los militares estadounidenses retiraron las fotografías del centro de detención.

De lo sucedido en esa prisión, se acaba de cumplir dos años la semana pasada. Tiempo en el que han cambiado mucho las cosas. En una muestra clara por romper con el pasado, el presidente Barack Obama ha anunciado el cierre de esa cárcel tan criticada por la opinión pública internacional.

"Cuando le di la mano me recordó a un abuelo"

Hussein, el de papel, sí llegó a la isla, pero el de carne y hueso, nunca pisó Guantánamo; además, no fue necesario llevarlo ahí para que desvelara todos sus secretos. El aeropuerto internacional de Bagdad se convirtió en el centro de interrogatorios que un equipo de agentes del FBI utilizó para obtener la información que necesitaba de este asesino que hasta sus últimos días tuvo un buen sentido del humor.

Ocasionalmente reía en los interrogatorios de acuerdo al agente especial supervisor del FBI Todd Irinaga, que pasó tres meses en Irak cerca de Saddam. "Cuando le di la mano por primera vez era dócil, me recordó a un abuelo".

Este veterano investigador, con 18 años dentro de las filas de una de las agencias policiacas de más prestigio internacional, reconoce que cuando le informaron de que iba a viajar a Irak para interrogar a Hussein, supo que esta iba a ser una experiencia de las que sólo se dan una vez en la vida.

"Cuando entré al FBI nunca imaginé que iba a estar en una zona de guerra al otro lado del mundo interrogando no sólo a uno de los dictadores más importantes de nuestra época sino a gente como Tariq Aziz", ex viceprimer ministro de Irak.

A Todd le conocí en el 2006, cuando él daba una charla en la oficina del FBI para el Distrito Este de California. Tiempo después nuestros caminos se volvieron a cruzar, y nos vimos en un campo de tiro al blanco ubicado en la ciudad de Stockton, en el valle central de California. El FBI me había invitado a conocer las distintas armas que utilizan sus agentes y posteriormente a disparar con ellas.

Esa tarde, en la que vi la destreza y precisión con que utilizaban las ametralladoras, pistolas y escopetas, no me percaté de sus otras armas, las que tienen escondidas, como un as debajo de la manga, y que saben utilizar muy bien: la paciencia, los conocimientos de historia, la psicología y el explotar el ego de un criminal, armas que resultaron de gran efectividad para que un asesino como Hussein confesara.

Llegó a conocer a Saddam mejor que sus propios hijos

El equipo de investigadores que viajó a Irak conocía el poder de las palabras y su efectividad: fueron entrenados en ese arte, el de interrogar.

Su cercanía con el prisionero llegó al punto que Saddam llegó a decirle a uno de ellos, George Piro, que ambos deberían iniciar un negocio juntos. Llegaron a sentirse tan cercanos que Piro, para despedirse de Hussein, le compró un puro cubano marca Cohiba (los favoritos del dictador) y juntos bebieron café y fumaron.

Según Irinaga, George Piro, su jefe en esta misión, llegó a conocer a Hussein tanto que sabía más del dictador que sus propios hijos, Uday y Qusay Hussein.

"En el FBI te enseñan a hacer 'rapport' (una relación de confianza mutua y afinidad emocional) no ver a la persona que vas a interrogar como un adversario. Para que Saddam hablara y participara en una conversación había que tener esa confianza y afinidad antes de que nos diese la información que buscábamos".

El crear este ambiente de confianza y la relación de armonía duró tres meses, tiempo en el que poco a poco se fueron rompiendo las barreras. "Queríamos asegurarnos que siguiera sintiéndose cómodo y esa era la mejor forma de abordarlo para que él estuviera dispuesto a entablar conversaciones con nosotros, un poco más relajado".

El agente especial Todd Irinaga no pudo evitar reírse (como si yo estuviese bromeando) cuando le pregunté si para hacer que Hussein hablara utilizó alguna táctica que alguien podría llegar a calificar como tortura.

Primero sonrió, y posteriormente, luego de una breve pausa, contestó de forma clara, enfática, utilizando un tono con la amabilidad de un diplomático pero que denotaba seguridad absoluta en sus palabras, como si no tuviera que pensar la respuesta por serle evidente: "Ningun tipo de técnica que sea acoso o tortura. Fuimos muy estrictos respetando la convención de Ginebra, la Constitución de los Estados Unidos y los reglamentos del FBI".

Hussein fue diagnosticado como un psicópata y narcisista, según el FBI. El gobierno estadounidense quería interrogarlo primordialmente para conocer dos temas de inteligencia: cuáles eran las intenciones de Saddam con su programa de armas de destrucción masiva (que nunca existieron), y también investigar la presunta relación entre Irak y Al Qaeda.

La mejor carta: su ego

Antes de abordar las cuestiones delicadas con Hussein había que tocar sus puntos débiles, uno de ellos, su ego. Esta era una de las mejores cartas para los interrogadores que tuvieron que estudiar la historia de Irak y ver muchos documentales. En los interrogatorios se llegaba a comparar con los líderes que habían reinado a lo largo de la historia en Irak, uno de ellos, Nabucodonosor rey de Babilonia. Y el FBI le seguía el juego, incluso, mantenía conversaciones con Saddam para que comparara sus logros y acciones con lo que hicieron sus predecedores en la historia.

"Hicimos investigaciones y estudios de los discursos que Saddam hacía en público para crear una estrategia que nos sirviera para conseguir ciertas cosas o hacer ciertas preguntas en el curso de una conversación normal". Irinaga afirma que él y sus compañeros pasaban horas reunidos para planear una estrategia de preguntas o la dirección que llevaría la conversación.

"Hubo un momento en la misión que tuvimos que cambiar la estrategia para hacerlo sentir que todavía era importante y que (todavía) se encontraba a cargo de ciertos aspectos de su vida", confiesa. "Teníamos un agente especializado en Ciencias del Comportamiento analizando en qué lugar (del interrogatorio) se encontraba Saddam y hacia dónde iba con sus conversaciones."

El FBI sabía que el que fuera líder de Irak entre 1979 y el 2003 estaba muy preocupado por su imagen y cómo el mundo en general lo iba a recordar: "Su legado y cómo iba a ser recordado en la historia. Él quería ser visto como sus predecesores, como el gran líder."

"Era respetuoso, sabía que estábamos ahí para hacer un trabajo. Solamente una vez vi que su personalidad afloraba. Que era como en los documentales que había visto. Sólo una vez. Era calculador en la forma de hablar, en las palabras que utilizaba".

"Sucedió en el momento que lo traspasamos a las autoridades iraquíes, cuando el juez le informaba de los cargos que se le acusaba. Cuando salió de su celda estaba al lado de él, y salió, me dio la mano, me preguntó cómo estaba. Él sabia que iba a otro cuarto para reunirse con el juez".

Hussein mentía sobre las armas para protegerse de Irán

El agente que se desempeñó como líder en los interrogatorios, George Piro, comentó que Hussein veía a Al Qaeda como un peligro y dijo al FBI que no se podía confiar en una persona como Osama Bin Laden, especialmente en una persona con una barba como la de Bin Laden.

De los interrogatorios se desprende que Hussein mentía diciendo que tenía armas de destrucción masiva por miedo a Irán, su principal amenaza. Pensaba que si los iraníes sabían lo débil que era, habrían invadido Irak. Hussein también aceptó haber cometido un error de cálculo con el presidente Bush, ya que nunca esperó que Estados Unidos invadiera Irak y forzara el cambio del régimen.

No mostró remordimientos

Saddam fue enjuiciado por la matanza de 143 civiles chiítas, el 8 de julio de 1982, en la aldea de Dujail, al norte de Bagdad. Durante los interrogatorios, el tirano hablaba con Irinaga de las matanzas como una necesidad.

"Cuando hablamos de algunos de los crímenes en contra de la humanidad nunca expresó ninguna clase de remordimientos. Era básicamente una necesidad, algo que se tenía que hacer, lo que nosotros llamamos crímenes contra la humanidad y de los que su régimen fue responsable". "Hacía las cosas porque creía que eran necesarias para seguir en el poder y que su régimen siguiera en el poder", explica.

Me dio la mano y me dijo 'goodbye'

La siguiente ocasión en que el mundo vio a Hussein después de su arresto (13 de diciembre del 2003) fue cuando acudió a la corte (1 de julio del 2004) para que le informaran los cargos que había en su contra.

Vestía un traje, pero estaba esposado, con cadenas, y lucía una barba mejor afeitada. Con una actitud desafiante no reconoció la jurisdicción de la corte y dijo que el verdadero criminal era el presidente Bush.

"Justo antes de que el mundo entero lo viera por primera ocasión en una corte iraquí estaba hablando con él, pasé un rato en su celda. Habló con su inglés limitado, que era suficiente para contar pequeñas historias, y me preguntó si tenía hijos". "Me narró una historia del vicepresidente Taha Yasin Ramadan. Me contaba de un día que fueron de cacería, creo que de aves, unos 20 años atrás y (Saddam) presumió de ser un buen tirador".

"Lo estaba preparando para que fuera ante el juez iraquí. Nunca le dijimos que éramos del FBI. Creo que él sospechó que éramos agentes de inteligencia del gobierno de los Estados Unidos", relata el agente.

Después de haber convivido con Hussein muchas horas entre abril y julio del 2004, Irinaga no llegó a desarrollar sentimientos por el dictador. Piensa de Saddam lo mismo que pensaba antes de llegar a Irak, aunque opina que posiblemente la barrera del idioma tuvo algo que ver en esto, ya que él no habla árabe y un intérprete del Departamento de Defensa tenía que traducir sus conversaciones.

"Al despedirme, le dije: Me voy de Irak. Él se refirió siempre a mi como Mister Todd y sabía que no iba a regresar. Me dio la mano y me dijo: Goodbye Mister Todd".

Hussein pasó por un largo juicio que duró casi 14 meses. La corte iraquí lo sentenció a morir en la horca. Cuando esto sucedió (29 de diciembre del 2006), Todd Irinaga estaba en Estados Unidos trabajando en la oficina del FBI de Modesto, California, como agente especial supervisor donde trabaja hasta el día de hoy.

EL AUTOR: Pedro Calderón Michel es profesor del Master de Gestión de Empresas Audiovisuales de la Universidad de Sevilla. Ha trabajado durante 19 años en televisiones de México (Televisa), Estados Unidos (Univision y Telemundo) y España. Cuenta con dos premios Emmy. Es ciudadano mexicano y estadounidense.