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Lluvia de estrellas en la alfombra verde de los GoyaEFE/Víctor Lerena
EVA HERNÁNDEZ - MADRID Se suele decir que cuando uno no sabe que ponerse, el negro es una apuesta segura y por lo visto muchos de los miembros de nuestro 'star system' se han debido encontrar en esa tesitura con tanto donde elegir, porque el "no color" ha sido el auténtico protagonista de la noche. Hasta
Penélope Cruz hacía su paseo triunfal por nuestra particular alfombra verde vestida de negro. Aún así, la actriz no nos ha decepcionado. Su
Chanel de corte camisero de encaje brocado en doble capa ha sido la delicia de los fotógrafos y de todos los demás que cada vez vemos más en la madrileña a esa diva de Hollywood que pasea nuestro nombre por todo el mundo.
Y hablando de Hollywood, la meca del cine ha tenido su representación en
los Goya, gracias a
Benicio del Toro. El actor ha posado para fotógrafos y cámaras tanto como se le ha pedido, y luego ha pasado de forma fugaz por la línea de prensa, pero aún así, nos ha dado tiempo a analizar su estilismo: es de esos hombres con personalidad a los que un sencillo traje mil rayas y una simple corbata les hacen atractivo. La tendencia no es para él, y no le hace falta.
Pero volvamos a la premisa con la que hemos empezado. Negro era el
Roberto Cavalli de
Mónica Cruz -por cierto que nos ha contado que ella y Penélope y se han arreglado cada una en su casa, pero que han estado constantemente en contacto telefónico para pedirse opinión mutua-; el
Hanibal Laguna de
Daphne Fernández; y el "transparentísimo"
Jesús del Pozo de
Ana Arias, nuestra Paquita de 'Cuéntame como pasó'.
Manuela Velasco una vez más nos ha cautivado: elegía un
Christian Dior de cuerpo pegado y falda de vuelo, pero esta vez corto, porque el guión de la gala le exigía una bajada de escaleras incompatible con un montón de metros de tela. Sus sandalias, las mejores de la alfombra, veinte centímetros de tacón en forma de figura sobre los que sólo una gran estrella puede caminar con soltura.
La moda española, un diez... Cuatro veces se cambió
Carmen Machi durante toda la ceremonia de entrega de los premios Goya, y todo gracias a
Lorenzo Caprile, uno de nuestros diseñadores con mejor dominio de la aguja para estos grandes eventos.
Durante esta noche mágica hemos podido comprobar que
Belén Rueda es una mujer fiel, fiel a
Carolina Herrera. Su vestido blanco con apliques florales ha sido uno de los más comentados en la línea de prensa, igual que el
Azzaro color "nieve" con el que
Olivia Molina presumía de porte sobre la alfombra, un vestido joya, ni muy atrevido, ni muy recatado, un diez en elegancia y distinción. Dos adjetivos que se pueden aplicar y de sobra al maravilloso vestido de
Cortana de
Carme Elías, una pieza color ceniza de innumerables metro de tul, perfecto para recoger un Goya.
A pesar de que hemos escuchado mucho nombre de diseñador extranjero de boca de nuestras actrices, entre ellas a una más que recatada
Goya Toledo -de Dior en color champagne-, podemos decir con orgullo que la moda española ha tenido una más que digna representación. La presidenta de la Academia, con su
Devota & Lomba bicolor rosa y negro- cómo no-;
Leonor Watling y
Leticia Dolera de
Josep Font y una más que esquiva
Paz Vega con un
Hanibal Laguna -de corte imperio, muy compatible con su futura maternidad- son sólo una muestra de ello. El
Juanjo Oliva de
María Botto, tan desafiante al frío como generoso de escote, nos ha dejado sin habla y nos ha encantado el comentario que con respecto a su esmoquin ha hecho
Javier Cámara: ha querido destacar que era de
Hacket, una firma inglesa, pero que lo habían hecho trabajadores españoles.
Porque el que se crea que sólo las féminas se preparan y mucho para su momento sobre la alfombra que lo olviden.
J.M. Montilla, o sea 'El Langui', estaba encantado con su
Dolce y Gabanna de alpaca más que brillante y
Martin Rivas con su esmoquin de
Dior.
Santi Millán confiaba su estilismo a
Ana Locking. Ellos han sido de los más atrevidos, porque el resto de los chicos han jugado sobre seguro. El 'total look' ha sido la apuesta de
Raúl Arévalo, y el blanco sobre negro la de
Miguel Angel Muñoz y la de
Fernando Tejero, que estaba de los nervios.
Queremos más alfombras Tantos ojos mirando ponen nervioso a cualquiera. Como un flan estaba
Ariadna Gil, pero era por si le daban el Goya o no, porque
David Delfín ha hecho una maravilla para ella. De cuerpo rosa empolvado y falda plisada eterna, la actriz ha hecho del bicolor una perfecta arma de seducción.
Sería muy injusto acabar esta crónica sin hacer una mención especial a tres estrellas que por jóvenes, lo son menos.
Roger Princep, el niño de
El Orfanato,
Ivana Vaquero, la niña de 'El Laberinto del Fauno' y
Nerea Camacho, Goya a la mejor actriz revelación. Todos han paseado desparpajo, ingenuidad y 'savoir faire', sobre la alfombra verde, -mención especial para el vestido de doble capa de Phillosophie de
Alberta Ferreti, de Nerea-. Los tres aseguran nuestro futuro en el cine y aumentan nuestro deseo de seguir estando en todas las alfombras, y si son verdes, mejor.