Real Madrid 1 - 2 F.C. Barcelona

Las claves del partido de ida de cuartos de final de la Copa del rey, por DAVID RAMOS

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Así jugaron el Real Madrid y el Barcelona, uno a uno

Nueva victoria azulgrana en el Bernabéu (1-2) y paso de gigante hacia semifinales. En el día de su cumpleaños, Guardiola logró su quinta victoria en el coliseo blanco desde que entrena al Barcelona con un fútbol menos brillante que en anteriores citas, pero con los mismos argumentos de toque, movilidad y presión de siempre. Sin nerviosismo y sin grandes apuros. Sus principios futbolísticos no tienen secretos. No hay misterio que valga cuando un equipo sabe a lo que juega. Resumir el triunfo culé parece un ejercicio de lógica. El Barça ve multiplicados sus recursos en el enfrentamiento directo porque el Madrid renuncia a mirarle a la cara. El equipo blanco sigue sin atreverse a disputarle la pelota y volvió a jugársela a todo o nada a no encajar gol. Al primer contratiempo, como en la Champions de 2011 o este año en Liga, el equipo se descompone y empieza a pegar pelotazos y patadas (Pepe y Carvalho debieron ver la roja). Mourinho sigue empeñado en que un equipo que gana casi todos los partidos debe jugar de manera radicalmente opuesta cuando tiene delante al Barcelona, por lo que el partido se acaba en el momento en el que le toca proponer. Hay pocas dudas de que Real Madrid y Barcelona están hoy en día un escalón por encima del resto de equipos del mundo, pero la ida de los cuartos de la Copa del Rey vuelve a poner de manifiesto que entre estos dos equipos, frente a frente, también sigue habiendo una notable diferencia.

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Guardiola suma siete partidos sin perder en el Bernabéu y de los nueve enfrentamientos que ha tenido con el Real Madrid de Mourinho solo ha perdido uno, el de la última final de Copa del Rey .

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El Real Madrid y su técnico, Mourinho, volvieron a tropezar en la misma piedra. La afición del Santiago Bernabéu volvió a ver como los azulgrana se le indigestan a los blancos.

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Guardiola no se fía "un pelo" y dice que la eliminatoria "está encarrilada pero hay que sentenciarla". "Siempre piensas que tarde o temprano esto se va acabar. Venir tantas veces al Bernabéu y no perder no es normal".

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El entrenador del Madrid 'cargó' con todas las culpas con un mensaje con indirecta: "Las responsabilidades son mías. Ya sabéis que las victorias tienen muchos padres, pero las derrotas solo uno y ese soy yo. Lo entiendo".

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1-0. El portugués recorta a Piqué, dispara con la zurda y el balón se cuela por debajo de Pinto.

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1-1. Puyol entra en plancha a rematar un córner y tras ganar la partida a Pepe, sorprende a Casillas.

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1-2. Abidal aprovecha un pase genial de Messi para controlar con el pecho y batir a Casillas. 

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El Barcelona jugó con la tranquilidad del que se siente superior. Volvió a sufrir en los primeros minutos y de nuevo encajó un gol rápido, pero tuvo las tablas que le faltan al Madrid en los clásicos recientes. Sigue siendo un equipo más hecho. Aguantó con paciencia hasta que el Madrid fue perdiendo fuerza y supo imponer poco a poco su juego hasta acabar dominando y dando la sensación de poder hacer más daño. En una noche sin especial brillantez en la que los Messi (exceptuando su pase genial a Abidal en el segundo gol), Iniesta y compañía estuvieron más deslucidos de lo habitual, tiró de identidad para sacudirse el "triángulo de presión alta" y sacar adelante el partido por inercia, incluso con relativa facilidad (solo se vio inquietado por un cabezazo de Benzema al palo en la recta final).

Si Mourinho no tiene miedo al Barcelona, lo disimula muy mal. Y por más clásicos que pierda parece que seguirá sin aprender la lección. Su fórmula da error. El portugués se empeña en que su equipo no tiene armas para hacer correr al Barcelona. Su obsesión por frenar la zona de creación sepulta las virtudes futbolísticas que atesora el vestuario que dirige. Le obliga a jugar de una forma que no entrena durante el año, y eso es muy difícil que dé resultado. El trivote es ineficaz porque le quita más de lo que le aporta. Ni siquiera le da superioridad numérica en el centro del campo. No hay transición (Casillas parecía un pateador de rugby) y no hay fútbol. El Barça exige algo más. El Betis le había enseñado el camino de cómo incomodar al Barça, pero 'Mou' prefiere seguir a lo suyo, al escondite, al desafío de las salas de prensa y a unos experimentos que, al menos esta vez, no le dejaron mal, ya que el partido de Altintop en el lateral fue bueno. 

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Para que el guión se pareciese aún más al de partidos anteriores, apareció de nuevo el (triste) protagonista de todos los clásicos. El central portugués respondió tres veces al famoso "por qué" de Mourinho. Primero con una innecesaria tarjeta en el minuto 15 por una entrada a destiempo que le condiciona el resto del partido, luego con una exhibición teatral sin vuelta atrás que le lleva a quedarse en el suelo y a dejar a su equipo con un defensor menos en una contra culé en el segundo tiempo, y por último, lo más lamentable, con un pisotón malintencionado sobre la mano de Messi por el que debió ser expulsado. Lo de Casquero no fue un acto aislado. Pepe no aprendió la lección. Pepe es violento sin más. No solo no mide, sino que va con la intención de hacer daño. El Madrid debería preguntarse si debe permitirse este tipo de jugadores. 

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Resulta extraño que en un partido de esta envergadura y con un nivel de concentración defensiva tan alto como el que demostraron ambos equipos, los tres goles viniesen de tres desajustes defensivos clamorosos. En el 1-0, Piqué, en un exceso de confianza, dejó todo el espacio del mundo a Cristiano para armar la pierna. Su actitud indolente despistó a un Pinto que, todavía frío, cantó al encajar por debajo de las piernas un disparo centrado y no demasiado cercano. En el 1-1, Pepe comete un inusual error de marca y deja que Puyol remate solo dentro del área a la salida de un córner en una jugada que, para más delito, sus compañeros de selección conocen bien. Por último, en el 1-2 se produce un desajuste global en la última línea madridista, que deja un agujero mayúsculo en la banda derecha que Abidal, con todo el pasillo para él, aprovecha a la perfección.

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Que un equipo de 'bajitos' te gane también en esta faceta es la mejor prueba de que el Madrid empieza a tener un serio problema por arriba. Llegaba al partido con los precedentes del Málaga y el Mallorca y volvió a evidenciar sus carencias a balón parado y con los balones a la espalda. Alexis dio el primer susto enviando un balón al palo en la primera mitad tras ganarle la partida a Ramos, pero Puyol no perdonó al comienzo del segundo acto. Busquets la tuvo después para finiquitar la eliminatoria rematando también sin oposición al saque de una falta, pero envió el balón arriba.

El mejor del partido. El capitán no aportó novedades atrás, donde estuvo una vez más impecable en el corte y en el mando, pero sí arriba, apareciendo cuando el equipo más le necesitaba. Puyol consiguió de nuevo un gol clave en el Bernabéu y lo hizo, otra vez, llegando desde atrás en su jugada favorita, la misma que empataba el partido el día del famoso 2-6  y que nos dió el pase a la final del Mundial de Sudáfrica.  

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