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Valencia: Mi diario de sensaciones

  • 'Con mis ojos' es un programa de viajes que quiere acercarnos diversos lugares de España través del tacto, el oído, el olfato y el gusto
  • ¿Cómo viajan las personas ciegas? Pues como cualquier otra persona, pero atendiendo mucho más a todos sus sentidos, prestando atención a los olores, sabores, al tacto, a los sonidos
  • Pili nos cuenta en cada episodio aquellas sensaciones o ideas interesantes de las experiencias que ha tenido en cada capítulo
Con mis ojos - Sensaciones de Valencia
CON MIS OJOS

Falla del Pilar

Vamos a la Falla del Pilar y da la casualidad que ha ganado el primer premio de fallas. Por tanto, está con multitud de gente. Todo el mundo quiere ver la falla ganadora. Casi no puedes ni pasar. Yo me agobio un poco, voy sin Kenzie, voy con el bastón.

Después del paseo por los alrededores de la falla, quedo con Montse Català, quien va a ser mi guía por la falla. Me explica cómo viven estos días los valencianos. Son días emotivos que viven con gran intensidad. Ella no va vestida de fallera, pero me deja tocar su pelo, porque lleva el peinado típica de las falleras.  Después me presenta al presidente de la falla, quien me invita a hacer algo que nadie puede hacer, y menos en estos días:  pasar dentro de la falla, poder tocarla e incluso narrarme qué significan los ninots. Son ninots muy grandes, así que cuando toco una bota me quedo alucinada de lo grande que es, son muy grandes y altos. Me cuenta que cada ninot representa a un país de la Unión Europea. Además, cada ninot tiene su canción.

Luz es la fallera mayor de la falla del Pilar. Es una chica joven, muy delgadita. A pesar de su cuerpo tan menudo lleva un traje muy completo. Me deja ver cómo va vestida, lleva muchas capas, una falda  con varias faldas, para que sea más bonita la forma, incluso lleva como una almohada. Incluso me enseña un bolsillo secreto que lleva en una falda interior, ya que no puede llevar bolso, o al menos no lleva, por tanto lo que tiene que llevar lo lleva escondido en ese bolsillo. Me parece sorprendente que tenga que ir vestida así todo el día, porque muy cómodo no es.

La alquería, chufas, horchata y fartons

Voy a una alquería que es como una masía, pero en Valencia. La alquería, o casa de campo, es muy grande. Vicky me la enseña dando un paseo. También me muestra instrumentos que se utilizaban para hacer horchata.

Después vamos a preparar nuestra propia horchata. Toco las chufas, nunca antes he tocado este fruto seco. Las chufas son muy pequeñas, duras y arrugadas, son como pasas pequeñas y duras. Pruebo una y es algo seca. Después toco las que están pasadas por agua y están más blanditas. Las pruebo y están más crujientes, el ruido es como si comiera castañas crudas, aunque el sabor es más sabroso que las secas.

Empezamos a chafarlas en un mortero, como se hacía antiguamente. Cuesta conseguir que se aplasten con contundencia, porque al darle con el mortero alguna que otra salta. Se nota cuando le doy a alguna con el mortero se nota por el ruido.

Vicky me cuenta de donde viene la palabra horchata y la leyenda de que el nombre la puso el Rey Jaime I es muy original. Una niña le ido a probar líquido de chufas, y éste le dijo que no era chufas que era “Esto es oro, chata” y de ahí que se le llamase horchata.

Después hacemos fartons, el dulce típico con que se suele tomar la horchata. Se manipula la masa de harina y huevos, le das forma y lo pones en el horno. Quedan como unos panecillos alargados. Me gustan, pero lo que no me gusta tanto es mojarlo en la horchata, pero porque no me gusta mojar ningún dulce en líquido.

Ahora ya sé cómo hacer horchata y fartons. Además he descubierto todas las propiedades que tiene la chufa.

Alquería VIDA: Vicent y Vicenta

Vamos a otra alquería, donde nos encontramos con Vicent y Vicenta. Dos personas mayores que cansados de que la agricultura no les proporcionase todo lo que se merecían, optaron por desarrollar su sueño. No importa la edad para ser emprendedor, lo que importa es ser valiente y arriesgar. Vicenta animada con la idea de hacer horchatería convenció a su marido y aquien hizo falta, para que su sueño se hiciera realidad.

Aparte de hacer una horchata deliciosa y fresquita, han convertido su alquería en un sitio familiar. Tienen una terracita, donde las familias disfrutan de un entorno natural saboreando la horchata que hacen. Además, de poder estar en un entorno natural, rodeados de naturaleza, también pueden comprar productos de la huerta. Vicent sigue trabajando en el campo, y quien quiera puede comprar la hortaliza que quiera elegido por ellos mismos, sabiendo que es un producto que sabe que viene de la huerta.

Vicenta y Vicent son un matrimonio encantador, me ha encantado conocerles y aprender que los sueños, cuesten más o menos, se consiguen. Estando con ellos te sientes como estar en la huerta de tu abuelo, donde  aparte de visitar la huerta te preparan lo que sea, principalmente horchata, como si estuvieras en casa.  

Falla Santa Mikaela. Paellas y cena

Pisar suelo en ese barrio es ir encogida todo el rato. ¿Por qué? Porque ya se escuchan petardos, de todo tipo, con diferentes sonidos. Pero, no te lo esperas y ¡pum! Petardo que va,  y que viene. Puede que algunos suenen lejos, no los tiran cerca, pero el no saber cuándo van a explotar, me asusta.  No me gustan los petardos.

Sea como sea, no estoy dispuesta a que los petardos o mi miedo puedan conmigo, y quiero disfrutar de la noche. La falla Santa Mikaela ha preparado una noche especial. Todos los falleros, los de la asociación, se reúnen para cocinar y hacer una cena de hermandad. Una celebración como si fuera una verbena. Han puesto una carpa, donde después podrán cenar todos juntos.

Me reciben como si fuera una más de ellos. Yo intento ayudar en lo que puedo a la hora de preparar la paella. Nunca he hecho una paella para tantos. Siento el calor, casi quemándome en las piernas, ya que el fuego para la paella está en el suelo, y tenemos que estar cerca para cocinar. Me tengo que ir moviendo, para no asarme los pies. No  me muevo mucho, porque a nuestro lado, hay más grupos haciendo sus propias paellas. Además si quiero colaborar con la elaboración no me puedo alejar mucho. Carlos me explica cómo se hace una paella valenciana, incluso me confiesa su ingrediente secreto: romero. Aunque cada cocinero tiene su toque particular.  El turco de Carlos, el cocinero, para saber si está bien hecha o no, es ir probando. Resulta que le hemos echado poca sal, y tenemos que ir añadiendo. También me dice que, sobre todo, a los valencianos les gusta que el arroz esté de color amarillo, pero como el azafrán es muy caro, le echa colorante.

Mientras cocinamos viene la fallera mayor de la falla, Marta. Está muy contenta de haber sido fallera mayor y está viviendo las fiestas con mucha intensidad.  Cuando la paella ya está hecha entramos todos a la carpa. Me sientan en la mesa presidencial, sentada al lado de Carlos, el cocinero, y Marta, la fallera. Así que me siento como una más, como si fuera parte de su familia.

Mascletà 

El gran día ha llegado, 19 de marzo. Me preparo para enfrentarme a la mascletá. Vamos al ateneo. Estamos en un balcón, donde se puede escuchar el murmullo de la gente que está abajo esperando a que empiece. Yo no escucharé las vibraciones que notará esa gente desde el suelo. Estoy en un sitio privilegiado. Desde las alturas, se escuchará mejor. De momento solamente se escucha a la multitud aglomerada en la plaza, una fuente que no deja de sonar agua y los nervios de la gente.

Kenzie no está, la he dejado en el  hotel y con la cantidad de gente que he visto en la calle, creo que está mejor allí. Hace muy buen día, incluso calor. Perfecto para estar en una terraza. Estando ahí, me presentan a la Reina del ateneo, una mujer mayor que va vestida de fallera. Me da un par de consejos para vivir con más intensidad la mascletá, y para que no me pase nada me dice que tengo que ir abriendo la boca, porque si no del estruendo se pueden resentir los tímpanos. Ella ha vivido muchas mascletás y tiene experiencia. A mí los petardo son me hacen nada de gracia, pero estar en Fallas en Valencia y no vivir una mascletá es como no haber estado. Además quiero vivirlo, aunque sea solo una vez en mi vida.

Estamos impacientes porque empiece, la gente de la calle también y se ponen a silbar para que empiece. Se respiran los nervios, yo estoy nerviosa también, casi como si fuera fin de año y estemos esperando a que suenen las campanadas. De repente la fallera mayor dice que ya puede empezar. Me avisan que antes sonarán tres petardos y después ya la mascletá.

Por mucho que la mujer que tengo al lado me dijera que eso tiene un ritmo, soy incapaz de escuchar un ritmo. Sí que se escuchan petardos más seguidos, otros más agudos. Pero, llega un momento que es un no parar y parece que me va a dar algo. La mujer de al lado, al verme tan nerviosa me intenta decir algo, pero ella me pone más nerviosa, porque no la oigo. Al final entiendo que me dice que abra la boca. Lo hago. Yo tan intranquila y ella tan impasible, la cara y la cruz.

Me intento ir tapando los oídos, para que descansen, pero es imposible. El sonido es tan fuerte que no sirve de nada. Hay un momento que son tan seguidos que son agobiantes. Cada vez huele más a pólvora. Parece la guerra, yo el ritmo no lo encuentro, es como un símil de una guerra: bombas cayendo, misiles, granadas… ¡Buuuf!

Cuando termina siento mucha alegría. Aunque mis oídos aún están palpitando, yo estoy temblando y hasta algo mareada. Me ha parecido muy fuerte. No me han entrado ganas de irme corriendo, como pensaba, ¿dónde hubiera ido? No había escapatoria. Me he quedado clavada en la barandilla, tensa y aguantando, hasta que , por fin, ha terminado.

El ambiente sigue oliendo a pólvora. La mujer que ha estado a mi lado, la reina de las fallas, sigue tan tranquila, casi como si hubiera llovido. Me quedo alucinada con su estado tan impasible.

Cavalcà del foc

Se nota mucho ambiente festivo en la calle. Quedo con Montse, quien  me viste con una  túnica, para que vaya vestida de demonio. Me deja en buenas manos con Concha, quien será  mi protectora durante la cavalcá. No tiene porque pasar nada, pero  me siento más a gusto yendo acompañada, ya que voy sin Kenzie. Junto con ella recorremos  una carretera, cortada para que pasemos  nosotras, las falleras, los demonios y demás personajes que por ahí pasamos.

Al pasar mucha gente aplaude, y parece que nos aplaudan a nosotras, pero no es así,  vamos a la misma altura que  la fallera mayor, quien  va  paseando en medio del paseo,  y entonces da la sensación que nos piropeen a nosotras, te sientes importante.

Hablando de la fallera mayor, en un momento pudimos  saludarle y  preguntarle cómo estaba. Tenía el discurso muy aprendido, se le notaba contenta y cansada.  Estaba muy emocionada.

La cremà 

Para finalizar las fallas los valencianos tienn las costumbres de quemar  todas las fallas. Sigo sin  entenderlo, aunque tienen una buena filosofía: queman todo lo malo del año pasado y ya piensan en lo bueno que vendrá el año que viene. Visto así está bien. Pero quemar un trabajo tan costoso a mí me daría pena.

Montse va a ser mi anfitriona en el ático del ayuntamiento, justo debajo está el balcón presidencial: donde están las autoridades y la fallera mayor.

En frente , en la plaza del ayuntamiento tenemos  la falla  que van a quemar, donde hay un  Moisés gigantesco. Pero, por muy grande e iluminado que esté no lo veo.

Antes de empezar se escucha como si  fuera a haber  otra mascletá, mucha gente impaciente porque empiece la cremá. Lo hacen bastante tarde sobre la una de la madrugada y hace bastante fresquito.  Además llevan todo el año esperando a que llegue ese momento.   La fallera mayor vuelve a dar el arranque, pero para mi sorpresa,  otra mascletá. ¡No me lo puedo creer! Esta vez la mascletá  fue más fuerte que por  la mañana, me costó aguantarme. Suerte que estaba agarrada de Montse, quien me daba animos para continuar, pero me entraban unas ganas de irme. Montse me iba describiendo, diciéndome que  el Moisés cambió de color, porque el fuego se había metido dentro.  Notaba el fuego quemándome la cara, era como tener un secador muy cerca de mi cara. Además, ahí sí que pude ver una luz intensa casi a la altura de mis ojos, el fuego fue creciendo. Durante unos momentos el fuego estuvo muy presente a la altura de nuestras cabezas, en el lateral izquierdo, era como si me ardiera la cara. Montse estaba algo emocionada.  No me lo dijo , pero se le notaba. Muy intenso. En  general fue un día  repleto de experiencias, fuego , nervios, miedos y emociones.

Pep 'el botifarra' 

Pep “el Botifarra” es un cantautor  muy conocido por la labor que hace de recuperación de la canción popular. Me cuenta que  desde siempre le ha gustado descubrir las canciones típicas del lugar, tipo romances. Por decirlo de alguna manera es como un  trovador. Gracias a él  no se han perdido muchas de las canciones que cantaban las personas mayores. Él, aparte de recitar, lo que hace es conservar la memoria histórica.

Llegamos a Canals, y aparece poco a poco una orquesta muy importante para él. Su banda, la primera banda con la que empezó a cantar.  Son muchos y están detrás nuestro.  Pep también tiene un instrumento en la mano, me lo deja tocar y me dice que es el típico mortero  de bronce que  hay en algunas casas.

No he dicho que  tenemos público, estamos en la plaza del pueblo y se ha reunido casi todo el pueblo, para ver la actuación en directo de Pep. El botifarra es muy querido, quizás por su humildad, por  hacer que  la tradición no  se pierda o  simplemente porque lo hace bien, pero es muy querido. Muestra de ello es la cantidad de gente que se ha  concentrado para verle.

Pep canta en valenciano, pero lo entiendo, y hay canciones graciosas y  con ritmo divertido.  Me divierte que antes de la actuación, Pep hace  un grito de guerra que todo el pueblo sigue. Me dice que es como un guiño que le hace al pueblo donde estamos.

Todo un regalo para el pueblo de Canals, y para mí  que nunca lo había  oído.