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Así fue perrear sentada en un concierto de La Zowi

GEN PLAYZ  

  • Asistimos al concierto de la reina del trap en el festival CaraB XTRA de Barcelona
  • ¿Tiene sentido esta experiencia si no te puedes mover del maldito asiento?

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Concierto de La Zowi en el CaraB XTRA de Barcelona
Concierto de La Zowi en el CaraB XTRA de Barcelona Facebook CaraB Festival | Foto de Sarai Moreira

Hay días que todo se hace bola. Cómo contarlo, es cosa de cada uno. Si nunca tengo nietos -y por nietos me refiero a que algún colega tenga la imprudencia de dejar descendencia en este sistema y me los deje un ratito-, cuando les tenga que contar cómo fue ser joven en una p*ndemi*, seguramente me limitaré a decir Alexa, play "TE MUDASTE" de Bad Bunny. Entonces, con la mano en el corazón, repetiré con la voz temblorosaextraño el bellaqueo, las noches de perreo, dime dónde estás, dime dónde estás… Y es que después de más de un año de restricciones, y la prolongación de más de 150 días de toque de queda, es innegable que, quien más y quien menos, puede afirmar que sí, que extraña el bellaqueo, el mamoneo, el salir de fiesta y el restregarse con una cantidad indecente de desconocidos en un antro de dudosa salubridad.

Cuando evocamos esta vida pre_señor_que_abrazó_a_un_pangolín, hay una fuerte presencia del contacto humano, del piel con piel, de poder comprobar, con tan solo el tacto, que hay alguien más aparte de nuestra persona. Ahora, esto parece algo prácticamente marciano. ¿Tocar a alguien que no sea tu burbuja? ¿Y lo próximo qué? ¿Lamer las aceras? Pero aun así, nuestros días transcurren buscando espacios que nos recuerden a la vieja normalidad. Diréis: otra vez hablando de fiestas ilegales. Pues no, hoy NO. Después de meses de sequía de eventos, puedo afirmar que, siguiendo el marco legal de las restricciones, que ya nadie sabe cuál es, encontré un lugar donde aún se vieron migajas de la vida de antes, o más bien, de la que está por llegar.

"Por megafonía recordaban que si alguien decidía hacer el menor amago de bailar en vertical se suspendería el concierto"

Fuera con el plan B o el R, el último festival que se celebró antes de la hecatombe, volvió a Barcelona. Durante cinco días, el Cara B ofreció una remesa de conciertos en la Fabra i Coats. Desde Rigoberta Bandini a Baiuca, pasando por Rojuu o Depresión Sonora. Pero el plato fuerte -y seguramente el más esperado- fue el doble pase de La Zowi. Al alcance de cualquiera con 15 euros, y el nervio para pillar entradas antes del sold out, el pasado domingo 28 de marzo, la artista granadina a cargo de los shows más físicos de este país, se volvió a subir al escenario después de más de un año.

Zoe Jeanneau Canto, más conocida como La Zowi Puta, no solo lidera la escena trap con bases propias de un festival de electrónica experimental, sino que es la front woman de los conciertos más desenfrenados del territorio nacional. Su música tiene un carácter táctil que se incluye y trasciende en sus propias letras. Vamos, que no solo te dice que te arrimes bien, sino que cada beat te obliga a hacerlo. Música pa' putas y gangsters na' más, como dice ella. Ya podía ser que sus bailarinas hicieran la tijereta a tus pies o que le pillaran y reventaran el móvil a alguien. La idea de performance física era innegable. Conciertos en los que se estaba en cuerpo y alma, pero sobre todo en cuerpo. Así que, imaginar un espectáculo en el que la barrera entre escenario y público desaparecen, en tiempos de distancia social, supone todo un reto. Entonces ¿por qué ir a un concierto que se basa en el contacto con y entre el público si no te puedes mover del maldito asiento? Mucho sentido no tiene. Pero es que las ansias nos están comiendo vivos. Así que lo mejor era ir y descubrir si aún existía la posibilidad de perreo.

Cinco y media de la tarde y a buscar un poquito de normalidad. Como si se tratara de un juego absurdamente sádico, no solo tenías que permanecer todo el set con tu culo bien pegado a la silla, sino que por megafonía te recordaban que en el caso que el concierto se descontrolara lo más mínimo, es decir, que alguien decidía hacer el menor amago de bailar en vertical -gracies Alba Vergés-, se suspendería el concierto para garantizar la seguridad de todo el mundo. Bien, poco segura me siento yo después de más de un año sin poner las nalgas en la nuca, pero vale, aceptamos el trato. Y lo peor de todo, es que ni una triste barra para ahogar esa pena.

"Por un lado querías ponerte de pie y darlo todo, pero por el otro querías que el concierto siguiera"

Mientras que acabamos de acomodar el coxis, La Zowi se subía al estrado, con una combinación de pantalones de cuero y top rojo, únicamente con el apoyo de Mark Luva a las bases. Empezó a repartir temas de la que será su próxima mixtape, La Reina del Sur, pero ni rastro de esa idea tan lúbrica de los conciertos de antes. Ella admitía que era una mierda que nos tuviéramos que portar bien. Algo que pensábamos todos, sobre todo la chica a la que le pillaron un botellín de Jäger mientras intentaba digerir la idea de buena conducta. Con "No lo ves" de fondo y no podías evitar buscar las miradas que antes se cruzaban en las salas con cualquier desconocido. El público no debía superar los 23 años de media y, claramente, buscarnos, encontrarnos y satisfacer todo el contacto social que nos ha faltado, es primordial. "Filet Mignon" y la única que parecía disfrutar moviendo el culo era ella. Por primera vez te daba tiempo a reflexionar con sus letras aunque, por mucho que dolieran, la mayoría de reacciones fueron simplemente olé tu chocho.

De golpe, BAILARINAS Y CAMBIO DE LOOK. La euforia contenida fue en aumento. Sentimientos encontrados. Por un lado querías ponerte de pie y darlo todo pero por el otro querías que el concierto siguiera. Si antes era un espectáculo donde todo se mezclaba, ahora quedaba claro quién era la estrella y quienes asistíamos a adorarla. Coreografías y bodys imposibles de pedrería. Su puesta de largo. La faceta más terrenal y táctil se había convertido en distancia y clase. Fue una hostia a todos esos críticos que se pasaron meses diciendo que sus espectáculos no funcionaban sin el público, esos que cayeron en el error de pensar que la creación de comunidad era accidental. Pero quedó demostrado que La Zowi siempre había tenido el control de sus shows. "Sin Modales" y "Putas" hacían que quisieras levantarte de nuevo y hacerle sentir el equipaje al allegado en cuestión, pero la posibilidad no existía. Y como si se tratara de un chiste, ella misma le perreó a una silla.

Cuando llegó su balada, "Empezar de cero", no solo calló el fragmento de Yung Beef, sino que nos recordó que no valía la pena empezar de cero una vez más. En ese momento, una chica de no más de 20 años se giró y le gritó a su amiga, que estaba a dos metros de distancia, en la fila de atrás, ¡UFF ES QUE ES DURÍSIMO! Y razón no le faltaba. No podemos hacerlo. No podemos ver este concierto y esperar no recordar cómo de sucio y feliz era estar sudando junto a otros. Del mismo modo que no podemos olvidar lo cretino que fue quien nos partió el corazón, porque algo rotos sí que nos hemos quedado al dejar de bailar.

"A día de hoy es imposible volver a sentir la parte más física de la música"

El concierto acabó lo más arriba posible con "Sugar Mami". Lo que sucedió en el escenario fue puro espectáculo aunque en la pista hubiera estado prácticamente inmóvil. Como quien te deja con la miel en los labios, se bajó del escenario después de una hora y nosotros nos quedamos a medias. Satisfechos por tremendos temazos, pero un poco como si todo hubiera sido un calentamiento sin salir del banquillo.

La realidad es que, a día de hoy, es imposible volver a sentir la parte más física de la música. Ni ante la artista del arrime por excelencia logramos encontrar ese contacto tan anhelado. Aún con resaca del test masivo en el concierto sin distancia social de Love of Lesbian, nos vemos obligados a admitir que, si los conciertos siguen siendo en una silla, gran parte de nuestra cultura festiva se perderá. Así que, de momento, solo podemos confiar en que, al igual que La Zowi, los artistas logren encontrar una fórmula para seguir fascinándonos, aunque todo se sienta un poco como asistir a la proyección de una película en la que ya no podemos ser partícipes.

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