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¿Cómo nos divertimos los jóvenes sin poder salir de noche?

GEN PLAYZ  

  • Madrugamos, cocinamos, paseamos y quedamos a la hora del vermut
  • Hemos colonizado el espacio de los adultos

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Grupo de adolescentes que posan mostrando sus máscaras protectoras
Grupo de adolescentes que posan mostrando sus máscaras protectoras. LeoPatrizi

Aquí estamos, un día más, un día menos, en esta tremenda montaña rusa emocional conocida como nueva normalidad. Casi un añito contigo y qué decirte que no sepas ya. Cada día es una aventura trepidantemente decepcionante en la que parece que nada pasa y todo agobia. Pero tranquilos, en mitad de este incansable sinsentido, estamos a punto de entrar en un ciclo completamente nuevo. Emocionante, ¿verdad? Ahora, cuando miremos nuestros recuerdos de Instagram, por primera vez, podremos afirmar con absoluta certeza que, hace un año, no estábamos mejor. Y diréis: hombre, porque la medicina avanza, los casos se están reduciendo, se tiene más conocimiento sobre el virus, bla, bla, bla. ¡Claro que sí! Si eso sobre papel está muy bien. Pero también hay esfuerzos que no se cuentan en el Telediario. Nosotros, como seres humanos, como pequeños organismos que sienten, y padecen, e interactúan por internet, hemos tenido que hacer un trabajo tremendo para que esta situación, totalmente anormal, no nos acabe dejando absolutamente de la olla. Y parece que lo estamos logrando porque ¡SEGUIMOS AQUÍ!

Ya lo decía el otro día Clàudia Rius i Llorens, "Los jóvenes […] tienen que esforzarse cada día para encontrarle sentido al mundo, para construirlo sobre la marcha sin poder mirar atrás ni proyectarse en el futuro". Así que toca coger estas tantas de cal y alguna migaja de arena y hacerlo lo mejor que podemos. Se podría pensar que ahora voy a entrar a divagar de manera sesuda sobre nuestro papel dentro de los engranajes del capitalismo salvaje o voy a intentar apaciguar a los no-toques-ese-contenedor-que-tenía-un-futuro-prometedor-y-ahora-arde-en-llamas-y-NO-PODRÁ-VER-a-sus-hijos-crecer. Pero no. De lo que yo vengo a hablar es mucho más importante, mucho más significativo, se podría decir que es algo prácticamente trascendental para la historia de la humanidad: hemos tenido que reaprender a disfrutar de nuestro tiempo libre.

¿Os acordáis cuando se suspendieron las verbenas? ¿Y los conciertos? ¿Y cerró los bares y luego los volvió a abrir, pero para menos gente? ¿Y cuando a principios de verano cerraron cualquier puerta al ocio nocturno? Parecía el fin del mundo, ¿eh? Qué ilusos. Normal que se nos quedara la cara para enmarcar cuando a finales de noviembre se dijo "BOOM!, cancelamos la noche". Y ya estamos otra vez. Estado de alarma -si os interesa, supuestamente acaba el 9 de mayo, lo he buscado en Google- y a existir de 22:00 a 6:00, con sus posibles variantes según comunidad autónoma, única y exclusivamente entre nuestras cuatro paredes.

Durante años, gran parte del tiempo libre de los que se quieren considerar jóvenes, incluso aunque no lo sean, se centraba en actividades que se realizan en ese intervalo temporal. Cenas con amigos que se alargan hasta las tantas, fiestas, discotecas, conocer a gente ligeramente ebria, contarse las penas en bares a media luz, bailar rodeados de desconocidos, pagar por sudar y estar en lugares abarrotados, incluso ir a los eventos de clausura de algún festival de cine aburridísmo. Es que, ¡ni que sea dar un paseo con una latita en la mano! Todo valía. Pero eso se ha acabado. Aunque lo de que el virus ataca de noche no acabe de convencer, ahora son las normas con las que jugamos. Hay que adaptarse.

Quedarse en casa un domingo es un atentado contra tu salud mental

Así que, a duras penas, hemos ido reconquistando ese horario diurno que algunos teníamos completamente olvidado. Teniendo en cuenta nuestro horario laboral solo deja un margen de unas tres horitas antes de que la calle sea lava, los planes entre semana son un ser mitológico. Seguramente existan, pero pocos se han visto últimamente. Si que es verdad que, si eres un francés que te da igual todo, y vas a colonizar la capital, es otro rollo. Pero francamente, después de horas de teletrabajo improductivo, clases online, o infinidad de mails enviando currículums que nadie va a leer, hay pocos ánimos para hacer alguno de estos planes insulsos y repetitivos de la nueva normalidad. Y ya que estamos, pues esparcimos un poquito menos el virus. Por lo tanto, todo se reduce a esas 48h conocidas como fin de semana. Nunca un tiempo ha sido tan preciado. Hay que aprovecharlo al máximo. Ahora quedarse en casa un domingo es prácticamente un atentado contra tu salud mental.

Teniendo en cuenta que el rollo de las escapaditas como mal con las restricciones hemos tenido que tirar de cosas más de estar por casa. Para empezar, nos hemos reapropiado de la hora del vermut. No es que nos hayamos obsesionado con el alcohol dulce, que seguramente alguna también lo ha hecho, sino más bien, que ahora los planes empiezan pronto. Claro, no sales, no tienes resaca, y ahí estás, un sábado a las ocho de la mañana, despierto y fresco como una rosa. Además, todo lo que nos ahorramos en salir, ahora nos lo gastamos en comer fuera, hacerte una birra más o pillarte el plato no tan barato de la carta. Hemos colonizado el espacio y franja horaria de los adultos-adultos y cuando vuelvan las discotecas, no nos podremos quejar de que ellos estén ahí. Pero la cuestión es salir y hacer algo. Que nos toque el aire, que suficientes horas pasamos ya en la cueva. Y con todo, hemos aprendido a no poner excusas y decir que sí a los planes.

Ahora valoramos las pequeñas cosas. Parecemos un maldito anuncio de cerveza en verano. En lugar de comprar pizzas congeladas, te esmeras en cocinar para tus amigos. Le dedicas un tiempo a encontrar un sitio al que ir. Como la improvisación ha muerto, hasta estamos logrando llamar a los sitios para reservar. ¡Nosotros! Que como generación le tenemos pánico a las llamadas. Pues ahora llamamos, porque esas mesas al sol no se reservan solas. Y nos ha dado también por hacer excursiones. Caminar. Ni que fuéramos jubilados en una buena mañana de domingo. Pero ahora también es nuestro tema. Y como ya nadie tiene claro qué restricciones hay y dejan de haber, lo más fácil es ir a lo seguro. Pero por el amor de dios, ¡cuándo abrirán ya los bares a todas horas y en todas partes!

Todos los planes resultan un poco como la comida de dieta

Y evidentemente, debido a las medidas de burbujas y gente a la que puedes reunir, la idea de los de siempre es más real que nunca. Nos vemos con poca gente, pero al tener que elegir, hemos aprendido a valorarla mucho más. Obviamente no quedarás con alguien con que te de pereza. Tienes dos tiros y hay que acertar. Ahora la compañía es lo único realmente bueno que pasa, con permiso de los memes. Al final todos los planes resultan un poco como la comida de dieta, y lo único que hace desvanecer un poco el hastío y que digas ¡joder! ¡ha merecido la pena el día de hoy!, es con quién estás. Vale, esto es muy obvio. Pero es que antes era solo una frase de Mr. Wonderful y ahora es lo único que ayuda a tirar del carro. Por desgracia, esto también tiene su lado malo. Al no juntarte con gente nueva, las cosas que puedes contar son pocas. Todos sabéis lo de todos y a nadie le pasa mucho. Para que me entendáis, vivimos de archivo de cotilleos. Estamos teniendo que saciar nuestras ansias de vida ajena con lo más mínimo y tirando de hemeroteca. Así que, si en medio de todo esto os preguntáis si hacer alguna tontería un poco embarazosa, la respuesta es sí. Hacedlo. Y no lo hagáis por vosotros. Hacedlo para que unos pobres desgraciados tengan algo que comentar durante unas semanas. Nos tenemos que ayudar los unos a los otros.

Lo sé. No he dicho nada que no sepáis. Pero está bien recordar que estamos todos juntos en esto. Y que un par de cosas buenas estamos sacando. Lo de los amigos y el cariño y hacer cosas con más ganas, digo. Pero no negaremos la evidencia: estamos aburridos. Y por muchas ganas que le pongamos, a veces, no logramos dejar de ser esa escena de Trainspotting en la que todos están en el bar deseando que pase algo. Lo que sea, pero que pase. Ya lo dice Menta en su último tema, las tardes en los bares todas parecen iguales, la juventud decepcionada, la juventud desesperada de esperar. Y eso que algunos, ni podemos ir por las tardes. Pero ya sabéis, de esta pandemia sacamos que aguantamos esto y más.

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Eva Sebastián es creadora de contenidos online y ha escrito para medios como Vice y Código Nuevo.