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Alcohol, baile y orgías: lo que piensa Žižek sobre la pandemia

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  • Žižek propone un nuevo sistema que no nos obligue a elegir entre economía y vida, sino que coloque la economía al servicio de la vida
  • Gen Z Topics: artículos escritos por la generación Z para la generación Z

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Joven con mascarilla en Camino Playa Punta Gruesa, en Iquique (Chile).
Joven con mascarilla en Camino Playa Punta Gruesa, en Iquique (Chile). Matias Eduardo | unsplash

El filósofo más peligroso de occidente, un icono pop, un loco maniático, una estrella del rock. Se popularizó en las redes sociales atrapando a miles de jóvenes y publica libros a un ritmo frenético. Antes del coronavirus recorría el planeta, seguido por ejércitos de fans que hacían cola durante horas para escucharle. Cuando en España aún estábamos en plena desescalada, publicó su primer libro sobre la pandemia. Si ver las noticias sobre el virus en el Telediario incita al cansancio y la tristeza, leer las ideas del esloveno supone todo lo contrario: es transgresor, atrevido y estimulante.

No habían transcurrido cien días desde que la pesadilla pandémica apareciera en nuestras vidas y Žižek ya había lanzado al mercado editorial el provocador manifiesto Pandemic!breve y directo. No titubea al disparar la primera pregunta: ¿por qué estuvimos paralizados cuando todos los científicos avisaban de la catástrofe? No tiene una respuesta para esto, pero sí una propuesta para superar el caos: una organización social reinventada en un "comunismo" global para producir y distribuir rápido (por ejemplo, el material médico) en una coordinación eficaz. Para él, lo contrario es la ley de la jungla, el capitalismo del desastre. Las vacunas que no llegan parecen pedirlo a gritos, abandonadas entre discusiones sobre patentes y contratos. Y asegura que sólo unidos seremos capaces de escapar del desastre, porque, queramos o no, todos estamos en el mismo barco. La segunda parte del libro, Pandemia 2: Crónica de un tiempo perdido ya está a la venta en inglés, y la tercera parte entre la escritura y la edición.

De algún modo, todos durante estos meses nos hemos sentido al límite, desbordados por la incertidumbre y el miedo. Es por esto que la diputada madrileña Clara Ramas advertía hace escasos días que "la cuarta ola de la Covid-19 será la de la salud mental". En la misma línea se pronuncia Žižek sobre el presente clima de desconcierto y cansancio permanente, y lo asocia no sólo a esta crisis, sino a un largo camino ya recorrido. Teme que podamos encontrarnos ante traumas colectivos propios de los conflictos bélicos, y con generaciones derrumbadas que no sean capaces de ubicarse en el mundo. Igual que Ramas pide un Plan de Choque de Salud Mental, él reclama un Estado fuerte capaz de cuidarnos.

La economía al servicio de la vida

Además, los debates de actualidad en televisión y política han estado marcados por la necesidad de elección entre la economía y la salud, la bolsa o la vida. Esta encrucijada en que se encuentra el sistema incide en sus puntos más débiles, y para Slavoj supone un golpe "a lo Kill Bill" a las estructuras capitalistas. Su discurso trasciende esta discusión, llevándonos un punto más allá. Señala la necesidad de que construyamos un nuevo sistema que no nos obligue a elegir entre economía y vida, sino que coloque la economía al servicio de la vida.

El negacionismo del coronavirus y la paranoia conspiranoica han sido también grandes protagonistas del escenario público. A través de su enfrentamiento con el filósofo italiano Giorgio Agamben, Žižek responde a quienes creen que el virus fue creado artificialmente o dirigido para controlarnos. Piensa como un imposible que las élites desearan el desencadenamiento de un caos que no les ha beneficiado. Asumir tal nivel de riesgo para lograr un control sobre nosotros que siempre existió. Hoy ya es más valioso infiltrar 24 horas al día el trabajo en tu móvil que limitar tus movimientos, otorgan más poder las "cookies" que la obligación de usar mascarilla. Además, se ha generado un grado altísimo de desconfianza hacia los gobernantes a nivel internacional, una consecuencia habitual del pánico social que el poder político conoce y detesta, porque le obliga a rendir cuentas y batallar cada día contra el descrédito.

En su última entrevista concedida en España también se expresa, en tono divertido, sobre nuestra realidad nacional. Ante el drama que presentan los datos de la incidencia vírica, deja caer una idea que ha escuchado y suscribe. Nos invita a que llevemos adelante la liberación de espacios abandonados en las ciudades, donde gente que ya haya pasado el virus pueda beber alcohol, bailar, divertirse o hacer orgías, como una suerte de micro sociedades pre-covid.

Videojuegos y Hegel

Otros académicos se han hecho preguntas más cómodas, él pretende sacudirlo todo, desde los cimientos. No cree que el origen sea una sopa de murciélago en Wuhan, sino un sistema global que o transformamos o nos golpeará con una crisis detrás de otra. Y no se corta al decir que necesitaremos de más crisis si en este asalto no hemos aprendido a estar unidos, a ser solidarios. Esta visión de las debacles sociales como oportunidades para el progreso le ha costado críticas y ataques. Por ejemplo, los del profesor Alberto Adsuara que, entrevistado por Victor Lenore, califica al esloveno de "terrorista de juguete" y asegura que, en un verdadero estallido revolucionario, él comería palomitas viendo una serie y reflexionando. No sé si veríamos a Žižek armando barricadas o escondido en el sofá. Lo que es seguro es que su obra es un hervidero de ideas únicas y no plastificadas, una radical excepción de la teoría cultural y política. Es imposible no reconocer, como lo hace Ernesto Castro, que el escritor esloveno a los 71 años mantiene un carisma intacto entre las nuevas generaciones. Una sintonía aún más valiosa porque no es impostada, sino consecuencia de una curiosidad y ambición intelectual enorme. Es capaz de hilar sin complicaciones el ahora de nuestra cultura con los clásicos de la academia, los últimos films y videojuegos del mercado con la obra de Hegel.

Zanja uno de los capítulos de Pandemic! con una conclusión tan realista como aterradora: qué importa cuán magníficos sean los edificios espirituales que la humanidad construya, si algo tan diminuto, contingente, estúpido como un virus puede ser nuestro final. Y es que Slavoj siempre fue la antítesis del optimismo conformista, desencajándonos con angustiosas proclamas donde afirma que nunca volveremos a la normalidad. Cuando oye que, por fin, la vacuna será nuestra luz al final del túnel, él responde "sí, es la luz de otro tren que viene hacia nosotros".

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David Ortiz (Valencia, 2001) es estudiante de Antropología en la UCM y miembro del espacio de comunicación política El Observatorio.

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