El mansolea: la jerga del pueblo asturiano de Pimiango en peligro extinción
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Pimiango, un pueblo de Asturias.
¿Sabías que entre algunos habitantes de Pimiango, una pequeña población del oriente de Asturias, se mantiene elmansolea, una jerga gremial, de apenas trescientas palabras y expresiones, de la que no existe constancia escrita?
En el siglo XVIII más de la mitad de los vecinos censados en Pimiango eran zapateros. Anteriormente fue villa de pescadores, pero una tormenta diezmó la población masculina hasta el punto que el señor de aquellas tierras tuvo que importar hombres y un nuevo oficio al lugar. Así nació el gremio de zapateros de Pimiango. En realidad, no solo producían calzado, también correajes para los caballos y otros productos relacionados que posteriormente marchaban a vender de forma itinerante por el resto de Asturias, Galicia y norte de Castilla mayormente. De aquella itinerancia nació una jerga llamada "El Mansolea".
Pimiango, un pueblo de Asturias.
¿Quién hablaba el mansolea?
La jerga "El Mansolea", también conocida como 'Sirigoncia' o "Mascuencie Mansolea", carece de manifestación escrita alguna, aunque fue utilizada, también, en la comunicación con los familiares emigrados. Principalmente eran las mujeres las que más utilizaban la jerga en el día a día, tanto en los mercados como en las casas.
Con la aparición de fábricas de calzado a principios del siglo XX y la consecuente pérdida de la artesanía, el mansolea fue quedando cada vez más relegado. Seguramente nadie lo recordaría hoy si no fuera por Eugenio Campandegui, párroco de Ribadesella nacido en Pimiango, quien publicó un libro titulado El Mansolea: una jerga gremial de los zapateros ambulantes de Pimiango y que está presente en la librería del pueblo.
El libro se basaba en parte en un estudio anterior, la tesina del catedrático de la Universidad de Oviedo Francisco García González, publicada en septiembre de 1975 en el número XXV de la Revista de Filología de la Facultad de Filosofía y Letras.
Librería en Pimiango.
¿Y quién lo habla hoy?
El último zapatero de Pimiango se jubiló en el mismo año de publicación del libro de Campandegui; en el año 2008. No obstante, en aquella pequeña población de apenas un centenar de habitantes, se sigue recordando. Una escultura en el centro del pueblo homenajea a los zapateros (que también recibían el sobrenombre de “mansoleas”) y las gentes del lugar siguen preservando algunas palabras en expresiones y canciones de una jerga que consideran parte de su identidad.
Es difícil saber cuántas jergas subsisten hoy en día en nuestro país, pero sí se pueden destacar como las más usadas las juveniles y urbanas (como el cheli, en Madrid). En cuanto a las profesionales, médicos, informáticos, militares, marinos y los que se dedican a la judicatura son los que más emplean su propia jerga.