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Una isla, una adolescente y toda la libertad: 'Pajaritos preñados', de Andrea Abreu

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  • Tras el éxito de su debut literario, Panza de burro, Andrea Abreu presenta su segunda novela, Pajaritos preñados
  • La protagonista, Cathaysa, acaba de cumplir dieciséis años y empieza a mirar con otros ojos a su pueblo y su familia
Página Dos - 'Pajaritos preñados', la nueva novela de Andrea AbreuVer ahora
La escritora tinerfeña Andrea Abreu, retratada en la barcelonesa Nau Bostik.
Marta Dominguez

Seis años después de su debut narrativo, la superventas con Panza de burro (Barrett), la escritora tinerfeña Andrea Abreu (Icod de los Vinos, 1995), presenta su nueva novela, Pajaritos preñados (Anagrama). El lector reencontrará de nuevo el territorio canario que tan bien conoce la autora; el norte de Tenerife, aislado y rudo como las vidas de sus protagonistas, rodeados de una naturaleza exuberante. Abreu, entrevistada por Óscar López en Página Dos, fue seleccionada en 2021 como una de las veinticinco mejores autoras de su generación por la revista Granta.

La novela nos presenta a Cathaysa, que acaba de cumplir dieciséis años y tiene aquella sensación adolescente de que en aquel rincón del mundo no ocurre nada, y a la vez están sucediendo demasiadas cosas. La joven crece en un barrio de cuestas empinadas, y forman su mundo su padre, El Tiznado, un espíritu hedonista marcado por la precariedad y la culpa, y Engracia, una madre con la que no se entiende. Sus amigas, a las que quiere como hermanas a pesar de que no paran de meterla en líos, son La Macha y Chaxiraxi. Las voces de Cathaysa y de su padre, contradictorias y sabias, se acompañan de un coro de mujeres que todo lo ven desde las ventanas y de hombres que todo lo callan desde los bares.

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'Panza de burro' ha sido todo un éxito. Hablamos con su autora, Andrea Abreu, sobre su primera novela y su prometedora carrera como escritora.

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El lirismo de la oralidad

En Pajaritos preñados, Abreu cambia la perspectiva de la amistad femenina de su primera novela para adentrarse en una historia centrada en el vínculo entre un padre y su hija, con temas como las relaciones familiares, la herencia emocional y el abismo generacional en la Canarias rural. Con una escritura radicalmente propia que recoge la oralidad tinerfeña, la escritora construye un universo donde el lenguaje late al ritmo del paisaje. Abreu se adentra con habilidad en la intimidad de los personajes para mostrar la crudeza de lo cotidiano.

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La expresión canaria que da título a la obra (usada para señalar mentiras, exageraciones o ilusiones absurdas) cobra aquí el sentido de las pequeñas ficciones, pactos de silencio y falsas promesas que usa la familia de Cathaysa para protegerse del juicio externo. El diálogo está impregnado del léxico local, el ritmo fonético y las construcciones sintácticas propias de la isla. El uso del dialecto busca retratar con fidelidad la naturalidad con la que el padre y su hija se comunican (o se callan), y cómo la clase social y el territorio atraviesan el habla cotidiana.

Quería que este libro fuese como una telenovela

La protagonista pasa de la adolescencia a la adultez de una manera brusca y casi salvaje. «Lo he visto mucho en mi entorno», cuenta Abreu en la entrevista. «Yo quería que a Cathaysa le pasasen muchas cosas en ese año que refleja el libro, porque quería que fuese parecido a una telenovela, con emociones exacerbadas, sintiendo el mundo con mucha fuerza. Me interesa la literatura que puede expresar esa hiperemocionalidad», cuenta la escritora a Óscar López.

Como ocurría en Panza de burro, la historia se sitúa en el norte de Tenerife. Lejos de la postal turística de playas y sol, el escenario está compuesto por el paisaje de cumbre, una bruma casi constante, las huertas, el olor a humedad y los barrios obreros acotados por la geografía de los barrancos. La casa familiar se convierte en un espacio opresivo y a la vez un refugio. El entorno condiciona el estado de ánimo y el ritmo de la vida doméstica. La novela conecta con obras que han abordado la compleja relación paternofilial desde los márgenes y la aspereza, como las de Miguel Delibes, Alana S. Portero, Daniela Tarazona, Aurora Venturini, Fernanda Melchor, Coriolano González Montañez o Nivaria Tejera.