Tras la tormenta

"Todo el mundo me odia": la tormenta del rechazo en la adolescencia

  • La psiquiatra y psicoterapeuta Anabel González aborda en Tras la tormenta de RNE cómo se vive el rechazo en la adolescencia
  • La impulsividad, la sensibilidad o el perfeccionismo pueden cambiar la forma de afrontar la falta de aceptación por parte de los otros
El rechazo de los otros también se puede vivir como un fracaso personal.

El rechazo de los otros también se puede vivir como un fracaso personal.GETTY IMAGES

RTVE.es

La adolescencia es ese periodo que ocurre entre la niñez y la edad adulta. Una etapa en la que la mirada de los demás nos puede pesar demasiado. Aquí, la figura de los otros adquiere protagonismo y las relaciones con los demás construyen, en cierto sentido, nuestra identidad.

A su vez, las redes sociales hacen más grande la aceptación o rechazo al otro. Un comentario, una mirada y un like se pueden convertir en un mundo entero.

Esa cicatriz y herida del rechazo es de lo que Cristina Hermoso de Mendoza aborda junto a la psiquiatra y psicoterapeuta Anabel González en Tras la tormenta de RNE. Esta experta nos explica que no todas las personas reaccionan de la misma forma ante una experiencia de exclusión. Esta depende de, por ejemplo, la sensibilidad, la impulsividad o el perfeccionismo del adolescente.

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Ser rechazado no afecta igual, depende del perfil de adolescente: impulsivo, perfeccionista, tímido, líder… (muy útil también para adultos). Tips que ayudan

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La mirada del sensible

Hay adolescentes que son especialmente sensibles. En este caso, puede aparecer una actitud de vigilancia constante: cada gesto, cada palabra, cada cambio de actitud en el otro se mira con lupa. En ese sentido, esta profesional cree que "cualquier visión absoluta es un problema".

"El cerebro cuando se pone en este plan, se le va la pinza y entonces detecta lo que hay y lo que no hay. Ves rechazos donde no los hay y los que hay los ves de un tamaño enorme", explica la psicóloga Anabel González.

Además, hay que tener en cuenta que las experiencias actuales pueden conectar con heridas anteriores: una mirada puede despertar recuerdos de otros rechazos.

La experta recomienda detenerse y distinguir qué parte de lo que siente es derivado de la situación actual y cuánto procede de anteriores experiencias. "Esta es una ventaja del ser humano, que podemos pensar sobre lo que pensamos y sentimos", recuerda la especialista. Así, preguntarse qué está ocurriendo, cómo estamos reaccionando y si la respuesta es proporcionada puede ayudar a entender lo que hay detrás de lo que sentimos.

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El impulsivo

Ante una situación de rechazo, el adolescente también puede reaccionar atacando: insultando o actuando de manera agresiva.

En estos casos, Anabel González nos recuerda la importancia de saber "contar hasta diez, morderse la lengua y esperar". Esta podría ser una forma de evitar que el conflicto empeore. "Es como si coges una hoguera y le echas un bidón de gasolina para apagarla", nos cuenta.

Además, darle vueltas a lo sucedido y pensar lo que se debería haber contestado, puede aumentar el enfado. Recuerda que cuando haya bajado la intensidad se puede pensar en lo que ocurrió. "Cuando tengas cerebro para pensar, piensas".

El perfeccionista

El rechazo de los otros también se puede vivir como un fracaso personal. Es el caso del adolescente perfeccionista. Para este, la culpa de ser rechazado recae en algo que él ha hecho mal. Esta exigencia puede venir del entorno familiar, pero no siempre es así. La perfección puede venir de uno mismo: "Hay chavales que son perfeccionistas y no porque sus padres hayan sido exigentes. Hay algunos que funcionan así".

En este caso, la respuesta de la persona puede ser hacerlo mejor, pero Anabel González plantea lo contrario: "aprender a hacerlo mal" y reducir la presión hacia nosotros.

La importancia de los otros

Anabel González cree que los centros educativos tienen que hacer de esos lugares unos espacios seguros y prevenir situaciones de exclusión. Eso sí, considera que proteger completamente al adolescente no es posible. Hay que dar una serie de herramientas para que la persona las pueda utilizar en otros momentos de la vida porque las experiencias complicadas no aparecen solo tras el colegio. Estas están en amistades, parejas o en el ámbito laboral.

La adolescencia es una etapa en la que comenzamos a enfrentarnos a una necesidad que a muchos nos acompañará durante toda la vida y que será difícil de satisfacer: gustarle a todo el mundo. En este caso debemos saber que esto no es posible y recordar que un rechazo no define quiénes somos por mucho que la idea nos atormente.