Perdonar y olvidar después de un genocidio: 'Hate Songs' y el papel de "la radio del odio" en Ruanda
- Estrenada 30 años después de la matanza y dirigida por Alejo Levis
- La película ya está disponible de forma gratuita en RTVE Play

Fotograma de 'Hate Songs'.
¿Puede un país perdonarse a sí mismo? Más aún: ¿es posible perdonar a tus compatriotas cuando entre ellos están los responsables de la muerte de tus amigos y familiares? Esa es una de las preguntas que atraviesa Hate Songs, un largometraje que nos traslada hasta Kigali, la capital de Ruanda. Allí, 20 años antes, tuvo lugar el genocidio en el que fueron asesinados cientos de miles de tutsis a manos de extremistas hutus.
Buena parte de aquellos crímenes tuvieron banda sonora: la de la RTLM, la radiotelevisión "libre de las mil colinas", más conocida como "la radio del odio". En 2014, acuden a esa misma emisora Stéphanie (Nansi Nsue) y Ncuti (Boré Buika), dos actores contratados para grabar una ficción sonora. Stéphanie, una actriz que ha desarrollado parte de su carrera en Francia, acaba de regresar a Ruanda tras pasar mucho tiempo fuera. Leer las primeras líneas del guion despierta en ella unos recuerdos que creía enterrados y que, poco a poco, comienzan a mezclarse con la realidad.
Ncuti, en cambio, parece afrontar el ejercicio con una distancia que desconcierta a su compañera. No tiene problemas en pronunciar las palabras que la propaganda utilizó contra los tutsis, entre ellas "cucarachas". A cargo del sonido está Simon (Àlex Brendemühl), un belga decidido a que la grabación salga adelante y a que los tres consigan terminar un proyecto que, sobre el papel, pretende servir para reflexionar sobre la convivencia y las heridas que dejó el pasado.
Alex Brendemühl, Nansi Nsue y Boré Buika en un fotograma de 'Hate Songs'.
Pero los minutos avanzan y la tensión se apodera de la sala. Lo que iba a ser un ejercicio de memoria y reconciliación se convierte en una bomba de relojería cuando empiezan a aflorar sus propias experiencias y heridas. La emisión no puede retrasarse —el Gobierno ruandés sigue muy de cerca lo que se lanza al aire— y los tres deberán encontrar la manera de terminar la historia para que, esta vez sí, acabe bien y sea muy distinta a la que se vivió dos décadas atrás.
El genocidio de Ruanda, entre la realidad y la ficción
Con imágenes y sonidos reales de aquellos días de 1994, el cineasta Alejo Levis construye un relato sobre el genocidio ruandés en el que la ficción contiene otra ficción. Junto a Albert Val y Denise Duncan, firma un guion que encierra a sus protagonistas en un único espacio y utiliza esa decisión para trasladar al espectador la claustrofobia y la asfixia que van creciendo conforme aumenta la tensión entre ellos.
Estrenada en 2024, cuando se cumplieron 30 años del genocidio, Hate Songs recupera una historia que sigue planteando cuestiones muy actuales: la desinformación, la capacidad de los medios de comunicación para convertirse en cómplices de la violencia y las injerencias del poder político. "¿Podría haberse hecho? ¿Podría haberse cortado la emisión?", se pregunta Stéphanie al percatarse de la historia de Simon.
Nansi Nsue y Boré Buika son Stéphanie y Ncuti en 'Hate Songs'.
La película tampoco necesita muchos más personajes para sostener su tensión. Àlex Brendemühl, nominado al Goya por Creatura; Boré Buika, conocido, entre otros trabajos, por Palmeras en la nieve, y Nansi Nsue, que participó en Pan de limón con semillas de amapola, cargan con un relato en que los silencios y las palabras son igual de importantes. con el peso de una historia en la que los silencios son tan importantes como las palabras. La cinta tuvo su debut en el Festival de Málaga.
El papel de la RTML
La RTLM fue clausurada después del genocidio y varios de sus responsables fueron procesados por crímenes de guerra y contra la humanidad ante el Tribunal Penal Internacional para Ruanda. La emisora se convirtió en uno de los símbolos más oscuros del uso de los medios de comunicación como instrumentos para difundir propaganda, promover el odio y alimentar la violencia.
Hate Songs recupera precisamente una de sus estrategias para captar oyentes: combinar las proclamas con canciones populares. La música servía de gancho para atraer a la audiencia, que permanecía al otro lado de la radio y recibía después los mensajes de odio. Para muchos supervivientes, aquellas melodías quedaron inevitablemente ligadas a uno de los episodios más traumáticos de la historia reciente de Ruanda. Como le ocurre a Stéphanie, hay canciones que nunca vuelven a sonar igual después de haberlas escuchado en medio del horror.
