Mircea Cărtărescu: "En la escritura, como en el sexo, la lentitud es muy importante"
- El eterno candidato al Nobel, reivindica la inmadurez y hace objeción de conciencia al mundillo literario
- El autor de Solenoide y Nostalgia visitó los Encuentros de Pamplona para pronunciar la conferencia Vértigo y belleza
Mircea Cărtărescu podría ser un feérico duende si no fuera ya un gladiador de la niñez o un apóstol de la adolescencia. El complejo de Peter Pan no solo no es negativo sino que, además, es "la luz de los mundos". El septuagenario escritor rumano visitó este octubre los Encuentros de Pamplona para dar una conferencia titulada Vértigo y belleza ante el auditorio del Baluarte, aplaudidor, junto a Xavier Montoliu y Marian Ochoa de Eribe, "primero amigos y, luego, traductores".
En esta entrevista en exclusiva con RTVE.es, el eterno candidato al premio Nobel de Literatura afirma con delicadeza: "No me gusta el mundo literario. Me parece que es un mundo repleto de egos y no me gustan ese tipo de personas". Antes dirá: "Todo se lo debo a haber conservado lo más valioso para un artista: la inmadurez". De hecho, en su charla pamplonica, comentó: "Para percibir la poesía no existe el derecho a crecer, tenemos que quedarnos en la adolescencia toda la vida. No me considero una persona de una determinada edad, tengo todas las edades. El tiempo es una ilusión. Por eso tenemos recuerdos y sueños. Y podemos vivir toda nuestra vida futura, porque los sueños pueden ser premonitorios. Tenemos la retina del pasado y del futuro".
El autor de la trilogía Cegador y de Solenoide, y traducido en más de 25 idiomas, se considera poeta aunque ya no publique versos, y su obra favorita de sí mismo no está en español (Melancolía, saldrá en febrero) y la que opina más destacable, sus diarios, tampoco. Desde hace 53 años escribiéndose (puesto que "traigo o revelo al mundo un texto que ya está escrito"), solo hay una parte de ellos en catalán. En general, incluso en sus novelas de 800 páginas, su método de escritura es excepcional: a mano, sin tachar ni corregir absolutamente nada, y lento... porque nunca sabe de qué va a escribir a continuación.
Pregunta: Escogió el lápiz del carpintero en la ceremonia del corte del mechón de pelo y empezó a escribir en sueños porque “tuve sueños en los que sostenía libros escritos por mí mismo”. Muchos presagios, no podía no ser usted mismo.
Respuesta: Lo he dicho muchas veces, para mí el sueño y la realidad no son dos cosas distintas sino la misma cosa. Se vierten el uno en el otro como una cinta de Moebius. Nunca se sabe dónde empieza uno y acaba el otro. Normalmente la gente no le presta atención a los sueños, los considera como un producto secundario de nuestra mente. Pero hay una gran tradición de la interpretación de los sueños que alcanzó su cúspide en un libro de Sigmund Freud. Y esta tradición, la interpretación de los sueños, la considero muy importante. Creo que los sueños los produce el mismo cerebro que produce la realidad. La realidad, de hecho, es uno de los sueños. Esto lo comprendieron los pensadores de la antigüedad. Y también tiene su justificación en los últimos desarrollos científicos, por ejemplo en la física cuántica. Por lo tanto, sí creo que los sueños son importantes y en mis libros siempre mezclo sueños con la realidad. Esto es escribir literatura fantástica y es lo que siempre he hecho. La literatura rumana tiene una gran tradición de fantasía. Empezando por nuestro clásico Mihai Eminescu, pasando por Mircea Eliade y hasta los escritores contemporáneos. Tal vez por eso nuestra literatura rumana tiene mucho éxito en América Latina, porque tiene semejanzas con el realismo mágico.
P: En la adolescencia no tenía amigos, leía ocho horas al día y ha escrito que "el chaval delgado obsesionado por la literatura de ojos morados es el personaje central y el espíritu vivo de todos mis libros". ¿Escribe para abrazar, premiar y dar sentido al joven solitario que fue?
R: Creo que ese adolescente que fui escribió todos los libros. Una definición del artista es precisamente el adolescente. En todos mis libros hay muchos personajes adolescentes porque es la edad que me interesa realmente, los adultos me interesan menos. Me parece que van perdiendo imaginación e intelecto y el adolescente es el único ser humano que levita entre dos edades, entre la infancia y la madurez. Él no vive en la tierra, él flota. Es como el ser sin características, sin personalidad, de Musil. Él solo existe a través de lo que produce y tiene una vida fantástica o fantaseada extraordinaria. He intentado ser adolescente o quedarme en la adolescencia toda mi vida. Y ahora que tengo más de 70 años me sigo sintiendo adolescente. Todo se lo debo a esto, a esta neotenia biológica. Le debo todo al hecho de haber conservado lo que es más valioso para un artista: la inmadurez. Sin inmadurez, no puedes hacer nada. La madurez es el respeto de las reglas y la extraña fe en que el mundo existe. Pero no puedes hacer arte si el mundo existe, porque así no puedes crear tu propio mundo.
P: ¿Son los escritores los corredores de fondo de la soledad?
R: El sentimiento de soledad es tan importante para un artista que se podría decir que vive en un estado permanente de soledad. Por ejemplo, en mi caso, si se mira mi vida desde fuera, no soy un hombre solitario. Estoy casado, tengo hijos y muchos amigos. Pero mi soledad es esencial, es interior, es metafísica. Yo estoy solo junto a ellos, como si estuviera en un iceberg. Por lo tanto, la soledad y el sufrimiento forman parte de la definición de un artista. Son sus características primordiales.
P: Escribe sin tachar, sin editar ni corregir y no sabe nunca cuál va a ser la siguiente página, de qué va a ir siquiera.
R: Principalmente, soy un autor de diario íntimo. Llevo escribiendo diarios desde hace 53 años. Es mi escrito más amplio y complejo, y del que más orgulloso me siento. Justamente, en este diario me siento yo mismo. Es como mi piel textual. Me puedo imaginar sin escribir libros pero no sin escribir diarios. Mis libros son como las ramas de este árbol que es el diario. Y, precisamente por eso, escribo a mano. Porque el diario solo se puede escribir a mano. Sería absurdo usar las teclas de un ordenador para escribir un diario. Y, además, la escritura a mano tiene muchas cualidades. Es una escritura lenta y la lentitud es esencial para la escritura. Como en el sexo, por ejemplo, la lentitud es muy importante. Y luego, de alguna manera, influye tu estilo, en mi caso a través del carácter barroco de la escritura a mano. Todo el acto de escribir, los bucles, las rayitas, todo eso influye en tu acto de escritura. A esto se debe también que en todos mis libros no edito después de escribir. Los escribo desde el principio, sin tachados, sin arrancar hojas, sin ningún tipo de intervención en el texto inicial porque en mi diario no borro nada. Me parece muy feo borrar palabras o frases. Como en el cole cuando te van a castigar cuando haces tachones en el texto. Por eso mis textos, los que tengo en mi biblioteca, están todos escritos a mano y sin tachones. Si algún día vienes a casa, te los enseñaré. Es la única prueba que tengo de que no miento.
Durante su conferencia en el Baluarte, Cărtărescu ahondó más a este respecto:
"Soy un escritor lento e ineficaz. Necesito mucho tiempo para escribir. La trilogía de Cegador me llevó 14 años y tiene 1.400 páginas. Son cien páginas al año. Dostoievski tardaba seis meses en escribir un libro. Yo soy un vago. Me gusta pensar tranquilamente. Y no llevo una vida de escritor fuera del escritorio. Y no pienso en mi libro salvo cuando cierro la puerta y me pongo una taza de café. Puerta cerrada y café, no necesito más. Mi obra más destacada son mis diarios. Llevo escribiéndolos 53 años, desde los 17 años. Empecé el 17 de septiembre de 1963. Son 8000 páginas y he publicado solo cinco volúmenes. Comprende toda mi vida, todo mi tiempo y todos los sueños que he tenido en este más de medio siglo y hasta las reseñas de todos los libros que he leído. Es la obra más importante que he escrito. Es una entrevista a mí mismo durante 53 años".
Y aún dijo más: "Intento dejar que fluya el pensamiento libre. No sé nada de mis libros hasta que me pongo. Así escribo mis libros, incluso Solenoide. Cada página se escribió de una manera diferente una de otra. Solenoide es un poema. Y escribo así porque me gusta sorprenderme a mí mismo. Quiero que cada página me sorprenda, por eso debo ser espontáneo. Un libro es como un matrimonio, por eso escribo libros largos porque me gustan los matrimonios largos. Cualquier libro es una historia de amor. Y no borro nada, no hago tachones. No sé si existe alguien así. Está, eso sí, el arquetipo de lo contrario. Flaubert nunca estaba satisfecho y pulía. Yo igual tampoco estoy satisfecho pero no trabajo mucho los textos. Mi escritura es una religión, le tengo fe".
P: En estos diarios, ¿escribe como si el resto de personas estuvieran muertas, sin filtros?
R: No, es más bien como si tuviera una doble personalidad. En el día a día soy extremadamente normal, me gusta lo que le suele gustar a todo el mundo. Veo pelis en Netflix, escucho rock y paseo. Hablo horas y horas con mi mujer. A veces también juego a videojuegos, sobre todo con mi hijo. Jugamos online incluso. Y no suelo mostrar en el exterior alguna característica o lo que sea como de ser escritor. Pero cuando me siento delante de mi mesa, todo cambia. Es como si me transformara en otra persona. Todo se cierra y solo está la página en blanco. Y, para mí, la página está ya escrita. Primero lees tu libro y luego lo escribes. Es como si lo que escribo, las líneas, estuvieran recubiertas de una película blanca. Entonces lo que hago es rascar esa película blanca como un rasca y gana de la lotería. Y espero ganar el gran premio... Eso es la escritura para mí. No diría que escribo yo mismo, sino que revelo o traigo al mundo un texto que ya está escrito. En mi día a día nunca pienso en lo que escribo. Solo en el momento en que me siento a trabajar empiezo a pensar en eso.
P: Dice que nunca ha formado parte del mundillo literario, que incluso ha publicado casi por casualidad y que nunca ha negociado un contrato, que no tiene una red de contacto con otros escritores. ¿Todo esto es una prevención para no convertirse en algún tipo de artista que detesta?
R: A mí no me gusta el mundo literario. Me parece que es un mundo repleto de egos y no me gustan ese tipo de personas. Claro que tengo amigos escritores, pero para mí serían mis amigos independientemente de lo que hagan profesionalmente. Mi mujer es escritora y muy conocida en Rumanía. Pero esto no tiene ninguna importancia para mí. Lo importante es la amistad, las discusiones que tenemos y el hecho de tener una relación realmente afectuosa. Y mi mejor amiga, aparte de mi esposa, también es escritora. Pero, ante todo, es para mí una muy buena persona. Así que no quiero participar ni tomar parte de orgullos literarios ni círculos literarios. Me repugna jugar a ese juego. Prefiero una soledad digna con todo lo malo que conlleva.
Añadimos otra parte de su charla en el Baluarte vinculada a esto:
"No me gusta la palabra escritor. No soy un escritor sino una persona que escribe, que es cuando estoy en mi estado de felicidad. Yo estoy perdido entre los escritores. No escribo de manera corriente y mis expectativas son diferentes. Tengo que jugar al juego de publicar pero el ideal es escribir y quedarse en los libros. Kafka estuvo muy cerca, quiso quemar sus libros. Afortunadamente su amigo no lo hizo. Virgilio dijo también, en su lecho de muerte, que destruyeran sus libros. Pero el esclavo se negó. Henry Darger era un conserje de una residencia. No tenía cama. Y escribió la mejor novela jamás escrita de 25.000 páginas con ilustraciones suyas. Él nunca publicó. Era para sí mismo, un arte interior, y cuando se descubrió fue una revelación. Para mí ellos son puntos de luz en este mundo en el que solo tiene valor el dinero. Intento ser uno de ellos".
P: En Solenoide, una de sus grandes libros, el protagonista lee su poema La caída ante un cenáculo de expertos que lo destrozan y humillan. Justo lo contrario de lo que le pasó a usted en la vida real con ese mismo poema. ¿Por qué escribió sobre la caída de su alter-ego?
R: Es un momento muy importante en mi novela. Ahí se genera la bifurcación entre dos personajes, entre dos tipos de escritores. Uno es el propio autor de la novela, es decir yo mismo, se podría decir. Y un autor normal que quiere una carrera literaria, que quiere galardones, distinciones, honores… y que en ese momento mismo muere, puesto que es la primera vez que sale a la luz y fracasa. Su poema recibe duras críticas y en ese momento se despierta en sí mismo el otro, el verdadero escritor, el que solo escribe para sí mismo y rechaza cualquier compromiso, empezando por el compromiso de escribir libros. Por eso he querido crear un escritor ideal, puro, como Franz Kafka. Y, en cierto modo, para mí es una compensación sobre que yo mismo nunca me haya despegado del todo del juego literario. Porque sí que estoy implicado y participo en el mundo literario. Porque acepto los galardones que se me otorgan, porque gano dinero y me gano la vida con mis libros… y esto, a veces, me llena de auto-odio. Por lo menos en Solenoide he creado la imagen del escritor que me gustaría ser yo mismo.
P: Precisamente, Kafka escribía para "comprender su situación". Y usted para hacer quizá "un completo estudio sobre mi mundo interior. No alcanzo a imaginar haber escrito sobre otra cosa". ¿Es esta búsqueda el nirvana del escritor?
R: Siempre se escribe para comprenderse a uno mismo, no hay otro tipo de razón para la escritura. Por eso me extraña mucho los escritores que escriben por temas, distintos temas modernos, que escriben sobre un personaje de la antigüedad o un cuadro famoso, triángulos amorosos, divorcios… Yo no escribo sobre nada. Mis libros no tienen un tema concreto, porque el tema soy siempre yo mismo. Lo que no significa que mis escritos solo sean de mi interior puro, también he escrito mucho sobre el mundo exterior, pero esa escritura siempre se ha visto deformada por mis filtros internos. Por ejemplo, he escrito sobre la política rumana, sobre la revolución rumana, pero lo he transformado todo en función de mi visión interna. Por eso, para mí no han sido tan importantes los hechos históricos sino la necesidad de crear arquetipos como hacen muchos escritores sobre todo en América Latina. Por ejemplo, el arquetipo del tirano o el dictador. En mi última novela publicada en español, Theodoros, intenté trabajar esto.
P: Como le sucedió a Kafka, ¿piensa que algunos de los mejores escritores del mundo son completos desconocidos?
R: Hay un potencial enorme para la belleza pero ese potencial solo se realiza en una pequeña parte. Gran parte de los jóvenes escriben literatura, pero muy pocos llegan a ser escritores conocidos. Unos porque abandonan y otros porque no tienen la suerte. Por ejemplo, miremos cuántos escritores potenciales murieron en las dos Guerras Mundiales o preguntémonos qué hubiera escrito Rimbaud si hubiera vivido más. Por eso la literatura, ahí donde está, es una literatura de supervivencia. Digamos que solo vemos la espuma brillante que está por encima de un océano de literatura, y en las profundidades de ese océano hay vida que nunca alcanzaremos a ver. No cabe duda de que hay grandes escritores a los que nadie conoce.
P: ¿Qué pensaría el Cărtărescu poeta del novelista?
R: Para mí es lo mismo. Yo escribo poesía en verso o en novela. Me siento poeta, nací poeta y siempre seré poeta. En algún momento pensé que había publicado suficientes versos después de ocho poemarios. Y sentí como si la poesía fuera un ropaje demasiado pequeño, que me apretaba demasiado.
Sobre los poetas, dirá también:
"Son humildes y despreciados por el resto de humanos. La gente les suele mirar con pena, ¿verdad? Y es al revés, son la luz de los mundos. Salinger, en un cuento, tenía un personaje, Seymour Glass, que era poeta y profeta, y que se iba a casar con una mujer normal y guapa, Muriel. Sus padres están preocupados por ella, porque Seymour Glass tenía esa parte traumatizada después de la II Guerra Mundial, y le preguntaron: '¿Qué quieres hacer con tu vida?'. Y él les respondió: "Me gustaría ser un gato muerto". Se quedaron... Pero a Muriel le explicó que es una antigua parábola zen, en la que un discípulo le pregunta a su maestro: "¿Qué es lo más valioso del mundo, tanto que no tenga ni precio?". "El gato muerto", le respondió él. Y la poesía es eso. No participa en el juego de la gloria, del divo, del poder, la poesía no se puede comprar con dinero, es digna, elevada, incorruptible. En este mundo consumista la poesía está en agonía y se les desprecia pero son los que "no participan en la corrupción y locura del mundo". Ellos no van a tirarnos de la manga para ser escuchados, es una iglesia que ni te llama ni te invita a que entres. Es el arte más bello e intenso del mundo. Las ecuaciones son bellas. No solo por la lógica sino por la estética de las matemáticas. Por ejemplo, la de Einstein. Platón fue un filósofo y también poeta, y Sócrates igual. Me pregunto si el propio Jesús no era un poeta. Borges y Kafka lo mismo. Creo en la poesía, igual que en la existencia el sueño es parte de ella”.