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Olimpia, la víctima de violencia digital que cambió la ley en México

Objetivo Igualdad Objetivo Igualdad

  • ”En esta sociedad hay que llegar con semen en la vulva para que crean tu violación”
  • ”Yo estaba viviendo una violencia que no podías ver ni podías tocar, tampoco me creyeron”
La activista Olimpia Coral Melo sonríe sentada en un elegante salón neoclásico con columnas doradas y espejos durante una entrevista.
Olimpia Coral Melo en Casa de América, en Madrid Talia Martínez de Marañón

*Objetivo Igualdad se emite los domingos a las 16:30h en el Canal 24 horas y después en RTVE Play

Olimpia Coral Melo vivía en Huauchinango, un municipio del estado de Puebla, en México, con una población de unos 103.000 habitantes, similar a Ourense en Galicia. Tenía 18 años, y un novio. Un novio de esos que “una ama y adora por sobre todas las cosas” cuenta. Este novio le propone grabar un vídeo mientras mantienen relaciones sexuales. Olimpia creyó en ese momento que “había consentido en grabarlo” pero luego se dio cuenta de que “no fue con un consentimiento autónomo, libre ni independiente” porque en realidad lo hizo por que él se lo pidió, “por querer cumplir con una regla de él, para complacerle”. Olimpia tiene claro ahora que no lo hizo “por placer”.

Este hombre estaba casado, y ella decide poner fin a la relación. Entonces él “cuelga en redes ese vídeo sexual”. Se hizo viral en muy poco tiempo, llegando incluso a estar disponible en dieciocho países a través de páginas de pornografía.

Olimpia Coral Melo en el documental 'Llamarse Olimpia' Indira Cato

“Fue una inquisición digital, una hoguera virtual en la que solo yo tenía la culpa”

Coral Melo lo pasó fatal porque “me sentí sucia y mala”. Creía que ella tenía la culpa por haber permitido la grabación del vídeo sexual. Cuando buscaba su nombre en internet lo primero que aparecía era “Olimpia, la puta, la zorra, la que se dejó grabar”. Ahora, con perspectiva se queja “éramos dos personas en ese vídeo, un hombre y una mujer y solo a mí se me sentenció, solo a mí se me culpó”.

En 2013, cuando se enfrentó a esta situación no existía el concepto de “violencia digital”. Trató de denunciarlo para que quitaran el contenido de internet. Y fue al palacio de justicia, sola, sin apoyo legal de ningún tipo. Allí le pidieron que enseñara el vídeo como prueba del delito.

Olimpia narra la experiencia con horror, “ yo, tonta, ingenua, chiquilla, sola, con un montón de vergüenza, con miedo, le entregué mi teléfono a ese hombre que pensé que me iba a dar justicia”. Pero con espanto descubrió que lo que hizo fue llamar a otros hombres que había alrededor para ver el vídeo delante de ella.

“no voy a olvidar en la vida esas caras de morbo y de burla“

Por eso Olimpia no va a olvidar en su vida “esas caras de morbo y de burla”. Cuando terminaron de verlo le preguntaron si la habían violado. Ella dijo que no, pero que no quería que se difundiera. Aún así sentenciaron “tú quisiste grabar este vídeo, niña, tú tuviste la culpa. ¿Para qué te dejas grabar? Anda, vete a tu casa a que te eduquen bien”.

Después de esta experiencia terrible, Olimpia quiso suicidarse en varias ocasiones “quise morir pensando que mi vida estaba acabada”. Hoy denuncia que “fue una inquisición digital, una hoguera virtual en la que solo yo tenía la culpa”.

Olimpia Coral Melo con su madre Josefina en un fragmento de 'Llamarse Olimpia' Indira Cato

“Mi madre dijo a mi familia que yo no tenía la culpa y tenía derecho a la intimidad”

Después de ese momento se encerró en su habitación, con depresión, sin querer salir. Pero un fin de semana con toda la familia en casa su hermano quiso enseñar el vídeo que le habían compartido. Olimpia pensó que su madre la echaba de casa. Y le pidió de rodillas llorando “por favor, no lo veas, sí, soy yo, la mala, la puta, esa a la que le llaman la gordibuena de México”.

Pero su madre Josefina no reaccionó como ella esperaba. Le preguntó si quería que todo el mundo la viera desnuda en internet. Olimpia, lógicamente le juró que no. Entonces Josefina enfrentó a toda su familia y les dijo “no es su culpa porque no hizo nada malo”.

“tenemos relaciones sexuales la única diferencia es que nadie nos ve hacerlo“

Y cuenta Olimpia que su madre continuó “en esta casa todos y todas tenemos relaciones sexuales la única diferencia es que nadie nos ve hacerlo”. Por eso Josefina sentenció “mi vida lucha porque tienes derecho a la intimidad”.

Cartel del documental 'Llamarse Olimpia' (2025) dirigido por Indira Cato Indira Cato

“¿Cómo que se llama ‘porno venganza’?”

Estuvo meses sin querer salir de casa, porque el vídeo continuaba difundiéndose. Comenzó a contactar con otras víctimas. Y fue consciente de que tenía una diferencia con ellas porque “a mí me apoyó toda mi familia”. Incluída su abuela Teresa. Así Olimpia se puso a investigar y descubrió en internet cómo se llamaba a la difusión no consentida de un vídeo íntimo “me quedé impactada, lo llamaban ‘revenge porn’, ‘porno venganza’”.

Coral Melo se preguntó “¿cuál porno? ¿el porno que te habla de dominación?, ¿el que te culpa?” y continuó reflexionando “¿venganza de qué?”. Y cuenta que eso fue “su primer acto de indignación”. Comenzó a formarse con otras compañeras y entendió que “mi cuerpo estaba siendo violado sin ser penetrado”.

“me violaron todos los que compartieron ese vídeo íntimo y lo viralizaron“

Porque relata Olimpia “no solo me violó él, me violaron todos los que compartieron ese video y lo hicieron viral”. Ella considera que “me violó un algoritmo que ahora llamo patriarcal y machista” que además relata “se enriqueció a raíz de la mercantilización de mi cuerpo”.

Fragmento de 'Llamarse Olimpia' cuando Olimpia Coral Melo fue reconocida por la revista 'Time' como una de las 100 personas más influyentes de 2021

“Sueño un tratado internacional que penalice a las plataformas”

A partir de ahí comenzó su lucha. Durante ocho años viajó por todo México, reuniéndose con asociaciones y mujeres, para plantear una ley que reconociera las violencias digitales. Y lo consiguió. Se llama ‘ley Olimpia’ y recoge entre otros delitos, la difusión no consentida de vídeos íntimos.

En 2021 la revista ‘Time’ la reconoció en portada como una de las 100 personas más influyentes del mundo. Ahora presenta un documental dirigido por Indira Cato, ‘Llamarse Olimpia’ que cuenta en profundidad su caso, y el de otras mujeres, hasta llegar a la ley. Su sueño ”un tratado internacional que apoye a las víctimas y penalice a las plataformas digitales”. Porque considera que esas plataformas son las que permiten “mercados de explotación sexual digital, donde se comparten, difunden, distribuyen, y alteran con inteligencia artificial nuestros cuerpos”. Olimpia piensa que es “un monopolio digital que se enriquece con la violencia sexual digital que afecta principalmente a niñas y mujeres”. No en vano la mayoría de estas imágenes, un 87%, recrea cuerpos femeninos.

Olvido Hormigos en 'Informe Semanal' de TVE (2012) Informe Semanal TVE

“España no tiene una ley específica, pero sí un marco jurídico suficiente”

En nuestro país hay dos casos que impulsaron jurisprudencia específica.

Por un lado la difusión no consentida del vídeo íntimo de Olvido Hormigos, exconcejala del PSOE en Los Yébenes, Toledo en 2012. Hormigos denunció esta difusión como un delito contra la intimidad, acusando tanto a su expareja, que fue el primero en recibir el vídeo, como al alcalde de Los Yébenes, que supuestamente ayudó a propagarlo.

En ese momento, cuenta la abogada especializada en violencias digitales, Laia Serra, “el delito quedó impune porque Olvido había participado en el vídeo” pero sirvió para que después se reformara, continúa Serra, “el código penal en 2015 y 2022, además en 2021, el Tribunal Supremo dictó sentencia poniendo el foco en el divulgador”. Así explica la abogada especializada, hoy se juzga el delito de difusión no consentida “con independencia de si las imágenes han sido grabadas por el divulgador, han sido facilitadas por la propia víctima o incluso por terceros”.

“la conducta previa de la mujer no interfiere o restringe su derecho a la justicia”.“

Por eso incide Serra hay algo clave “la conducta previa de la mujer agraviada no tiene por qué interferir o restringir su derecho a la justicia”.

Fachada de la fábrica de Iveco en Madrid Informativos TVE

“Ahora los divulgadores sucesivos también se pueden castigar”

En 2019 Verónica, una trabajadora de Iveco, se suicidó, al difundirse un vídeo íntimo entre todos sus compañeros. La causa se archivó temporalmente por falta de pruebas, porque la jueza no supo quién lo difundió. Aunque explica Serra que posteriormente la ley del ‘sí es sí’, la ley de garantía integral de libertad sexual, ley de garantía integral de libertad sexual introdujo modificaciones importantes porque “no sólo se podía castigar al primer divulgador, sino que ahora los divulgadores sucesivos también se pueden castigar”. También continúa la abogada, los jueces y las juezas, “en las primeras medidas de protección a las víctimas, pueden requerir la eliminación de estos contenidos” o incluso explica “pueden solicitar la interrupción del servicio digital cuando no puedan acordar dicha eliminación”.

La abogada Laia Serra explicando a 'Objetivo Igualdad' las leyes en España sobre violencias digitales Ricardo Coronel

"La divulgación no consentida depende de las plataformas"

Por tanto resume Serra, “las violencias digitales en nuestra regulación son abordadas por distintas leyes” al igual que en el caso de la ‘ley Olimpia’ mexicana donde “introducen la definición de violencia digital, medidas de protección para las víctimas, la necesidad de política pública y la coordinación interinstitucional”.

“El cuerpo jurídico español es absolutamente pionero abordando las violencias digitales“

Pero el problema en el estado español, explica la abogada, “no es tanto de cuerpo jurídico” porque asegura “es absolutamente pionero abordando las violencias digitales desde todas sus facetas”, incluso recuerda, que se va a incorporar, “el último delito que nos quedaba, que es el delito de ‘deepfake’”,una trasposición de la directiva europea, en el proyecto de ley de protección de los menores en los entornos digitales. Si no, incide Serra, “la problemática viene de la formación específica en violencia de género”, para que todas las partes implicadas en el proceso, de las fuerzas de seguridad y la judicatura, puedan, dice la abogada “comprender la gravedad de estos hechos e implicarse en su investigación y que no queden impunes”. Aunque admite, “la responsabilidad última”, una reflexión en la que también coincide con Olimpia Coral Melo, “de la divulgación no consentida de contenidos íntimos, depende siempre de las plataformas”.