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OPINIÓN: Apuntes de la semana

Feijóo intenta cerrar el delicado debate sobre las pensiones abierto por su equipo

  • El PSOE cree que los populares "les ha hecho la campaña" con las polémicas por la vivienda y las pensiones
  • Las izquierdas se enredan, otra vez, hasta el último minuto con las listas, las siglas y los candidatos
El presidente nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo
El presidente nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo JUANMA JIMENEZ/EUROPA PRESS JUANMA JIMENEZ/EUROPA PRESS

El PP parece haber querido ayudar al PSOE en su peor momento para afrontar las elecciones del própximo 29 de noviembre.

¿Pero cómo se le ocurre a la portavoz del PP en el Congreso sacar a debate, en plena precampaña, el futuro de las pensiones? ¿Cómo se atreve Ester Muñoz a afirmar que el actual sistema de las "va a petar" y que hay que ser "valiente" para afrontar, sugiere, cambios? Su jefe de filas, Feijóo, no debe dar crédito a que una de sus elegidas haya metido la pata de esa manera.

El presidente de los populares salía enseguida al paso de lo dicho por Muñoz, asegurando que la "subida de las pensiones según el IPC están garantizadas". Pero el runrún ya está en el cuerpo de los jubilados presentes y futuros. Cualquiera de ellos se podría preguntar quién dice la verdad.

A eso se suma la abierta apuesta de Vox por un sistema de pensiones mixto, público y privado. Eso, en un contexto en el que nadie ignora que el PP ya da a entender que gobernará con Abascal si les salen los números.

Por segunda vez, en campaña o precampaña electoral, el PP tropieza con la misma piedra, la de las pensiones. Ya les pasó en 2023 y no han aprendido.

Así las cosas, diez millones de pensionistas, que también votan, puede que estén temblando.

Lo cierto es que, con este, digamos, desliz sobre las pensiones, más las dudosas actitudes de algunos dirigentes populares, por ejemplo, Ayuso, sobre el desahucio de Maricarmen Abascal, el PP ha puesto en bandeja de plata al PSOE dos argumentos contundentes en esta precampaña: las pensiones y la vivienda. Les han facilitado el argumentario electoral a los socialistas. Tanto es así que en Ferraz no dan crédito de la suerte que han tenido con este PP enfrente.

Tampoco deben confiarse los socialistas, ya que las encuestas —menos el CIS, claro— no les son favorables ni a ellos ni a sus socios de la izquierda, que esa es otra.

El espectáculo de la izquierda a las izquierda

No tienen arreglo. Negociación, o más bien tensión, hasta el último minuto en el que se podían registrar las coaliciones.

La historia se repite una y otra vez. Como decíamos hace unas semanas, es la historia interminable de la izquierda más a la izquierda. Las luchas dialécticas y personales de las minorías de izquierda para ir o no en una sola lista son una película ya vista, una película antigua. Los egos son su propia tumba. Van dejando jirones de votos por el camino. Los electores de izquierda son exigentes con sus representantes políticos y, si no cumplen, si dan el espectáculo, muchos de ellos se quedarán en casa. Se sumarán a la abstención.

Con la ley D’Hondt, una sola lista se traduce en muchos más escaños de los que conseguirían por separado. Miles de votos a la papelera y otros muchos miles de electores se quedan en casa sin una candidatura compartida. Y lo saben. Todo por su incapacidad de diálogo, por sus rencillas personales, por ser tan "puros" que les resultaba casi imposible pensar en avenirse a un punto intermedio. Lo mismo de siempre, una vez más. Un espectáculo que cansaba hasta a los suyos.

¿No se sienten responsables del desánimo, del agotamiento, en ese sector del electorado? Después del espectáculo público, los resultados les darán una respuesta. Pero no aprenderán de esta tampoco, lamentablemente. A la siguiente convocatoria, la película se repetirá. Veremos.