El caso de Helena Jubany: 25 años de lucha
- La jueza ha abierto juicio oral contra Santi Laiglesia, único acusado de su asesinato
- Helena tendría ahora 52 años: la familia nunca ha cejado en su empeño por conocer la verdad
“Se decreta la apertura del juicio oral”. Trato de imaginar qué expresión se habría dibujado en la cara de Joan Jubany si la pasada tarde hubiera leído esa frase. Joan, el padre de Helena, siempre acudía a los juzgados de Sabadell cuando había diligencias. En 25 años no ha fallado. Pero ayer no estaba. Murió hace muy poco. En junio.
La juez Neus Soriano ha enviado a juicio, para que responda ante un jurado, a Santi Laiglesia. Es el único investigado que está acusado de la detención ilegal y el asesinato de Helena. Contra el otro investigado, Xavi Giménez, la causa queda archivada provisionalmente.
La cara del hermano de Helena no tengo que imaginarla. También se llama Joan Jubany. Ayer le vi sonreír. Estaba aparentemente relajado. Enrollaba pausadamente tabaco al término de la audiencia preliminar.
Imma Careta también va siempre a la puerta de los juzgados de Sabadell. Su hermana Montse estuvo en prisión provisional por este caso. Se suicidó allí. Imma quiere saber por qué. Ayer por la mañana me preguntó: “Isabel, ¿sabes si ha venido Laiglesia?”. “Sí, ha entrado ya”. “¿Y cómo le has visto?”
La cara de Santi Laiglesia no la descifro. Siempre le veo la misma. Entra y sale sereno de los juzgados. Ni la de Xavi Giménez. Ayer no pasaba desapercibido con una camiseta de color chillón.
Esta es una historia con muchas aristas. De un grupo de amigos que al parecer no lo eran tanto. De negligencias, omisiones, descuidos y sospechas de omertá. También de perseverancia, resiliencia, aciertos y buenos profesionales. Pero, sobre todo, es la historia de una familia que no se ha rendido. Y, aunque pueda parecer un thriller, es una historia real. Pónganle caras. Tras cada nombre, hay personas. Y tras cada persona, familias. Las otras víctimas.
El crimen
La madrugada del 2 de diciembre de 2001 un vecino llama a la policía. El cuerpo inerte de una joven yace en el suelo. Muerta, semidesnuda, con quemaduras... Hay pinzas de tender cerca de ella... Está en el patio interior de un edificio de cuatro plantas del número 48 de la calle Calvet de Estrella de Sabadell. La policía piensa que es el escenario típico de un suicidio. Agentes entran en el edificio y van piso por piso preguntando a los vecinos si conocen a la mujer. Solo hay una puerta que no abre a la primera, la del 3º 2ª.
En la azotea, los agentes encuentran ropa de mujer. Plegada. Tiene que ser de ella, piensan. También hay restos de cabello. Y cerillas... Recuerdan las pinzas que han visto junto al cadáver. ¿La joven las habrá arrastrado porque ha caído rozando la fachada? Si es así, es que no ha tomado impulso. ¿Se ha precipitado al vacío voluntariamente? ¿La han tirado? Asaltan las dudas.
Joan Jubany no sabe nada de su hija Helena desde el viernes. El lunes va a su casa. En la silla del comedor está la chaqueta de Helena, su bufanda, apuntes de universidad... Es muy raro. Se va a denunciar su desaparición a comisaría. Y las piezas encajan. Su hija es la mujer que yacía inerte en el suelo. La policía ya tiene claro que no es un suicidio. Y le pide a la familia un sacrificio. Que, pese al dolor, no desvelen que Helena es la víctima de un crimen. Si los autores piensan que no los buscan quizás cometan algún error. La familia entierra a Helena guardando el secreto.
Las sospechas
La autopsia revela que Helena tiene benzodiacepinas en el cuerpo en una cantidad 35 veces superior a una dosis. Eso te deja prácticamente en coma. No habría podido subir sola a la azotea y lanzarse. Además, hay señales en los tobillos compatibles con ataduras. Y líquido blanquecino en la vagina.
Empiezan los interrogatorios al círculo más cercano de Helena. Y en ese están sus amigos de la Unión Excursionista de Sabadell (UES). Uno de ellos es Montse Careta, mira por dónde, la vecina del 3º-2ª, a la que le costaba abrir la puerta la noche de autos. Tiene 34 años. Es tímida. Su pareja es Santi Laiglesia, otro miembro de la UES. Aunque ella dice a la policía que vive sola. Solo le separan una veintena de escalones de la azotea. ¿Ella podría haber subido sola a Helena, levantarla por encima del muro del tejado y lanzarla al vacío? Cobra fuerza la teoría, no solo del crimen, sino de una autoría colectiva. Son sospechas fundadas. Falta encontrar evidencias.
Tres mujeres
Helena había recibido dos anónimos poco antes de morir. El primero, acompañado de horchata y dulces. Y el segundo, con zumo de melocotón. Se lo tomó y le sentó mal. Algo sospecharía porque lo llevó a una farmacia para que lo analizaran. Y adivinen: contenía benzodiacepinas. Sin duda son los mismos somníferos que hay en su cadáver, dicen los investigadores. Cuando muere ya habían pasado a la orina. Eso evidencia que los habría tomado el 30 de noviembre, dos días antes de morir. El 30 de noviembre, el último día que Joan Jubany supo de ella. El 30 de noviembre, la tarde que Montse Careta no fue a trabajar.
En el piso de Helena, lejos de donde hallaron su cadáver, los agentes comprueban que falta la píldora anticonceptiva del día 29. Conclusión: es el último día que estuvo en casa. Todo encaja.
En febrero del año siguiente detienen a Careta y a Anna Echaguíbel (también de la UES y, al parecer, con mala relación con Helena) tras el análisis caligráfico de los anónimos. En el registro del piso de Careta descubren una caja de cerillas idénticas a las de la terraza. Y, en la habitación de matrimonio, dos cajas de Noctamid. Una de ellas, vacía. Han pasado casi tres meses y… ¿eso sigue ahí? Da que pensar. Sobre todo, porque al final se sabrá, por los testigos, que Laiglesia pernoctaba en ese piso. Él es el tercer investigado.
Hay otra persona que levanta sospechas, Xavi Giménez. Dicen los testigos que estaba prendado de Helena. Que sabe que le gusta la horchata. Pero no hay nada más.
El juez envía a la cárcel a Careta. El auto de prisión alude a un posible juego sexual que se les ha ido de las manos, habla de rivalidad y de despecho... Semanas después también envía a prisión a Anna Echaguíbel porque un segundo informe caligráfico la apunta como coautora de los anónimos con otra persona, no con Careta.
Careta se cuelga en los lavabos de la cárcel barcelonesa de Wad Ras en mayo. Si "conocía la verdad de todos los hechos", escribió el juez, murió con ella. Todo se estanca. La investigación no da frutos y, el 7 de octubre de 2005, el juez archiva provisionalmente. Si nadie aporta ningún nuevo elemento, el caso prescribirá el 7 de octubre de 2025.
Prescripción
En marzo de 2020, el programa Crims pone sobre la mesa testimonios periodísticos que no casan con los de la instrucción. Es entonces cuando el abogado Benet Salellas se hace cargo de la representación jurídica de la familia Jubany. Aportan nuevas pruebas y testigos. Consiguen que el juzgado de Sabadell reabra la causa, pero la Audiencia de Barcelona la vuelve a archivar.
In extremis, el 1 de diciembre de 2021, cuando faltan horas para que el caso prescriba, 20 años después de la muerte de Helena, el nuevo juez titular imputa a Xavi Giménez: por unos correos y un nuevo informe caligráfico de los anónimos. Al día siguiente, el caso queda prescrito para todos aquellos que nunca antes hayan sido investigados.
El juez también acepta que se analice la ropa que Helena vestía la noche que la mataron. Permanecía bajo custodia. Con los nuevos métodos de análisis de material genético se puede cotejar con los sospechosos. Y aquí aparece otra vez un viejo conocido, Santi Laiglesia. Si no ha tenido nada que ver, el ADN puede descartarlo. O, al contrario. Para él, el caso no prescribe hasta 2005, ya que estuvo investigado inicialmente junto a su novia. La nueva juez le imputa en 2023.
En el jersey de Helena está el ADN de Santi Laiglesia. No el de Xavier. Y el de una mujer que no sabemos quién es. En noviembre de 2025, Santi Laiglesia se acoge a su derecho a no declarar. Si tiene una explicación de por qué su ADN está en el jersey, no la da. E ingresa en prisión provisional. Sale en enero de 2026 porque la Audiencia de Barcelona no aprecia riesgo de fuga.
Sí habrá juicio
En la audiencia preliminar, el abogado de Laiglesia ha solicitado, entre otras cosas, que se expulse del proceso la prueba de ADN que le incrimina. Según él, porque su material genético pudo llegar al jersey de Helena de forma indirecta. A través de su primer abogado. La explicación no les dejará indiferentes. Laiglesia era pasante en el despacho del abogado de su novia, Montse Careta. Y para más intríngulis acabó siendo su defensor. Cuando dicho abogado fue a revisar las pruebas de convicción, bajo custodia, habría tocado el jersey y le habría transferido el ADN de Laiglesia. Eso ha dicho. Benet Salellas no daba crédito: menuda negligencia policial habría sido permitir a un abogado revolver y manosear las pruebas como si fuera un mercado callejero.
Por si acaso, Salellas ha recordado que entre esas pruebas había una bolsa con la ropa interior que aún vestía el cadáver de Helena. Y que cuando las pidieron para los análisis de ADN, la bolsa apareció abierta. Y peor: vacía.
Llegados a este punto se preguntarán: si todos están convencidos de que Helena murió a manos de más de una persona y solo hay un acusado. ¿se podrá saber quiénes son? Si Laiglesia sabe algo, no cabe duda de que es el momento de revelarlo. Y algo no menos inquietante: ¿por qué mataron a Helena?
La única certeza ahora es que, tras 25 años de lucha, el caso llega a juicio. Otra cosa es que despeje las dudas y emerja la verdad.