Lavarse las manos, una de las medidas más sencillas y efectivas para evitar infecciones
- Sigue siendo una de los hábitos más simples y eficaces contra numerosas enfermedades infecciosas
- El Día Mundial del Lavado de Manos se celebra cada 15 de octubre para concienciar sobre su importancia
Lavarse las manos con agua y jabón es uno de los hábitos más sencillos, económicos y eficaces para prevenir enfermedades y proteger la salud de la población. Aunque pueda parecer una acción cotidiana sin demasiada importancia, la higiene correcta de manos desempeña un papel fundamental en la prevención de infecciones y en la reducción de la transmisión de microorganismos.
Desde el punto de vista de la salud pública, esta práctica no solo protege a quien la realiza, sino también a las personas de su entorno, especialmente a los niños, las personas mayores y quienes tienen un sistema inmunitario debilitado.
Por este motivo, el Día Mundial del Lavado de Manos se celebra cada 15 de octubre con el objetivo de concienciar sobre la importancia de este hábito. Promoverlo desde la infancia, facilitar el acceso a agua limpia y a jabón, así como concienciar a la población sobre su importancia son medidas esenciales para mejorar la salud pública.
¿Por qué es tan importante lavarse las manos?
A lo largo del día, nuestras manos entran en contacto con numerosas superficies, objetos y personas. Al tocar pomos de puertas, barandillas, teléfonos móviles, dinero, alimentos o medios de transporte, podemos recoger microorganismos como bacterias, virus y otros agentes infecciosos. Si después nos acercamos las manos la boca, la nariz o los ojos, estos microorganismos pueden entrar en nuestro organismo y provocar enfermedades. También podemos transmitirlos a otras personas mediante el contacto directo o al manipular alimentos y objetos compartidos.
El lavado de manos con agua y jabón ayuda a eliminar la suciedad, los microorganismos y otras sustancias contaminantes presentes en la piel. El jabón facilita que se desprendan y que el agua los arrastre durante el aclarado. Este sencillo hábito contribuye a prevenir enfermedades como las gastroenteritis, algunas infecciones respiratorias y otras enfermedades transmisibles.
Su importancia para la salud pública
El lavado de manos es una medida esencial de prevención porque permite reducir la circulación de agentes infecciosos en la comunidad. Su práctica habitual ofrece importantes beneficios:
- Previene enfermedades infecciosas: disminuye el riesgo de transmisión de microorganismos responsables de infecciones digestivas y respiratorias.
- Protege a las personas vulnerables: reduce la exposición de bebés, personas mayores y pacientes con enfermedades o tratamientos que debilitan sus defensas.
- Disminuye la propagación de brotes: resulta especialmente importante en escuelas, hospitales, residencias, restaurantes y otros espacios compartidos.
- Reduce la presión sobre los servicios sanitarios: al prevenir infecciones, puede contribuir a disminuir las consultas médicas, las hospitalizaciones y los costes sanitarios.
- Favorece la seguridad alimentaria: evita que los microorganismos presentes en las manos contaminen los alimentos durante su preparación y consumo.
Por estas razones, organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF promueven el lavado de manos como una medida básica de higiene y prevención.
Además, disponer de agua limpia, jabón e instalaciones adecuadas para lavarse las manos es una cuestión de salud pública y de equidad social, ya que no todas las comunidades tienen el mismo acceso a estos recursos.
¿Cuándo y cómo debemos lavarnos las manos?
Es especialmente importante hacerlo antes de preparar o consumir alimentos, después de usar el baño, al regresar a casa, después de toser, estornudar o sonarse la nariz, tras tocar animales o manipular basura y siempre que las manos estén visiblemente sucias. También debemos lavarlas antes y después de cuidar a una persona enferma o de atender una herida.
A la hora de lavarnos, es muy importante utilizar suficiente jabón para cubrir toda la superficie de las manos, y después frotar las palmas, los dorsos, los espacios entre los dedos, los pulgares, las puntas de los dedos y alrededor de las uñas. Lo recomendable es emplear al menos 20 segundos en esta tarea.