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Festival de San Sebastián

'Quién lo impide': el monumento a la adolescencia de Jonás Trueba que enamora en San Sebastián

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Jonás Trueba, tercero por la izquierda, junto a parte del reparto de 'Quién lo impide'. EFE/Javier Etxezarreta

Jonás Trueba (Madrid, 1981) siempre está asociado a las crónicas de veinteañeros o treintañeros y, curiosamente, cuando comienza a transitar la cuarentena su cámara ha retrocedido a la adolescencia. Quién lo impide es ya la sorpresa a voces del cine español de 2021 tras sus primeros pases en San Sebastián. Un monumental pero muy íntimo retrato de la adolescencia que ha logrado un extraño consenso en el festival: su mejor y más ambiciosa película.

La segunda parte de La reconquista (2015), en la que retrataba un primerísimo amor adolescente, sirve de prólogo y punto de partida. El director se sirve de aquellos dos actores juveniles, Pablo Hoyos y Candela Recio, para ampliar el retrato sin límites: la película es al mismo tiempo panorama histórico y atemporal, personal y ajeno, de período tan crucial de la vida.

Siguiendo durante cinco años a un grupo real de adolescentes (mientras por el camino firmaba cintas como Los exiliados románticos o La virgen de agosto) el director se lanza sin red a pasear entre el filo del documental (buena parte de la película son entrevistas directas en la que los adolescentes expresan sus miedos, anhelos y anécdotas más nimias) y la ficción (el núcleo de la película son dos relatos, como si fueran dos mediometrajes).

El cine de Jonás Trueba, marcado muchas veces por la morosidad de sus personajes, adquiere de pronto una viveza genuina: su personalísimo estilo se abrillanta insuflado de la verdad y chispa del grupo de adolescentes.

La película se enmarca en la no demasiada transitada tradición cinematográfica de capturar el paso de los años durante años de rodaje (Antoine Doinel en las películas de Truffaut; ‘La triología’, de Bill Douglas; o Boyhood, de Richard Linklater). Pero en términos de libertad formal va incluso más lejos: su visionado da la impresión de que para su creador no hay ninguna atadura.

La abuela: el tributo de Paco Plaza a Roman Polanski

Y cerrando la competencia española en sección oficial, Paco Plaza ha presentado La abuela, pieza de cámara del cine de terror con la que el especialista del género profundiza en al miedo a la vejez. Almudena Amor (revelación del cine español tras su aparición también en El buen patrón) interpreta a una modelo afincada en París que regresa a Madrid para cuidar de su abuela (Vera Valdez) que se ha vuelto totalmente dependiente.

En el vetusto apartamento, en el que pasó parte de su infancia, se suceden extraños fenómenos que, como sucedía en La semilla del diablo de Roman Polanski, la protagonista vive con el desconcierto de no saber si es algo paranormal o una caída psicológica debido a la presión.

Plaza ha recurrido a su amigo Carlos Vermut para armar un guion que es un ejercicio de concisión y unidad sobre el que el cineasta de Verónica Quien a hierro mata despliega una maestría narrativa -que parece no tener techo- para terminar lo que no deja de ser un sencillo cuento de brujas moderno. La película compite también por la Concha de Oro: si bien es una propuesta convencional para los gustos festivaleros es también un recuerdo de que existe arte más allá de los dramas.

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