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Luis Alfonso Gámez: "Los 'antivacunas' se basan en la ignorancia y son insolidarios"

  • El colectivo antivacunas actual surgió con un artículo pseudocientífico que fue retirado
  • Se demostró que su impulsor había planeado un negocio fraudulento
  • Menos de un 5% de quienes no vacunan en España lo hacen por convicción
  • Los expertos se debaten entre convencer a los antivacunas u obligar a vacunar

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 Un profesional sanitario vacunando a un bebé.
Un profesional sanitario vacunando a un bebé. Thinkstockphotos/Getty Images

La pasada semana murió el niño de seis años contagiado de difteria, vecino de Olot, que no estaba vacunado por decisión de sus padres. En España no se daba un caso de esta enfermedad infecciosa, producida por el bacilo Corynebacterium diphtheriae, desde hace 28 años. Y es que la vacuna contra la difteria está incluida en el calendario voluntario de vacunaciones.

Desde que se conoció este contagio, a finales de mayo, la posición del colectivo de los antivacunas -personas que rechazan la vacunación- se ha colocado en primer plano. Sin embargo, este movimiento ha existido desde que surgieron los preparados para combatir enfermedades. Así lo afirma el periodista y divulgador científico Luis Alfonso Gámez, autor del libro El peligro de creer, que incluye un capítulo dedicado al movimiento antivacunas.

Un artículo pseudocientífico de 1998

Gámez señala que fue Andrew Wakefield, un excirujano e investigador británico, quien publicó, junto a otros autores, un artículo en la revista The Lancet en 1998 y pasó a liderar el movimiento global antivacunación. Este estudio relacionaba la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubeola) con el autismo.

"La prensa le dio mucha cancha al artículo. El autismo es un trastorno con causas genéticas pero no se conoce cómo se desencadena", apunta el periodista. Fue entonces, cuenta, cuando empezaron a aumentar los afectados por sarampión en Reino Unido, ya que el índice de vacunación se redujo del 92% al 85%.

El fenómeno se trasladó a Estados Unidos, donde el actor Jim Carrey y su entonces pareja, la conejita de Playboy Jenny McCarthy, se embarcaron en una campaña contra las vacunas en televisión. McCarthy dijo que su hijo era autista por las vacunas y desató la histeria, a pesar de que finalmente se diagnosticó que el niño no tenía el trastorno.

"Los padres quieren lo mejor para sus hijos. Si alguien dice eso por la tele, lo crees. Las autoridades médicas afirmaron que no había pruebas, de hecho nadie pudo replicar el estudio de Wakefield", explica Gámez.

Sin embargo, varios coautores de la investigación retiraron su firma y The Lancet acabó retirando el artículo en 2010. Un año después el periodista Brian Deer reveló en la revista The British Medical Journal que Wakefield había planificado un negocio fraudulento para aprovecharse del miedo hacia las vacunas.

El porqué de las vacunas

El jefe de la sección de Enfermedades Infecciosas de la Generalitat de Cataluña, Luis Urbiztondo, quien lleva trabajando con vacunas desde 1992, cuenta que aunque la tasa de vacunación infantil es muy alta, en torno al 95%, reciben consultas de padres que temen que las vacunas o alguno de sus componentes sean perjudiciales.

Urbiztondo defiende que las vacunas sirven para controlar y disminuir enfermedades evitables mediante estos preparados; evitar brotes y epidemias e incluso erradicar enfermedades. "Estar en contra de las vacunas es una sensación un poco irracional que de científico tiene muy poco", remata.

Los antivacunas se basan en falsedades, se basan en la ignorancia

"La extensión de la esperanza de vida respecto a hace un siglo se ha producido por cosas tan básicas como las vacunas, los antibióticos, el agua potable o el control de alimentos", subraya Luis Alfonso Gámez, quien sentencia: "Los antivacunas, aparte de basarse en falsedades, tienen fácil extender el miedo. Se basan en la ignorancia y son insolidarios".

¿Convencer u obligar?

Urbiztondo afirma que la decisión de no vacunar "no es una gran tendencia, afortunadamente", aunque no se muestra partidario de obligar a los padres para no conseguir el efecto contrario.

El responsable considera que interesa convencer a los padres que no quieren vacunar a sus hijos fruto de estar mal informados. "Los médicos y enfermeras que los atienden en los centros sanitarios tienen que insistir en la necesidad de vacunar, pero sin bombardear", señala, y apunta que es importante incidir en la formación de los profesionales.

Interesa convencer a los padres que no quieren vacunar a sus hijos

Por otra parte, este experto critica que haya personal médico que esté en contra de las vacunas, porque "son los que más influyen" en los padres. En cambio, comenta, "no critican las medicinas alternativas".

En el sistema sanitario catalán cuentan, desde 2011, con una declaración de renuncia a la vacunación de menores de edad en la que, tras haber informado a los padres y haberse negado estos a vacunar a sus hijos, firman asumiendo la responsabilidad. "Este procedimiento facilita que se planteen el vacunarlos y es una defensa para los profesionales", explica.

Si los pediatras consideran las vacunas fundamentales, deberían ser obligatorias

Luis Alfonso Gámez sí se inclina por legislar y obligar a vacunar, y remite a la ley que ha aprobado California, que ha pasado de ser uno de los Estados más liberales a la hora de dejar decidir a los padres a ser de los más estrictos a raíz de un brote de sarampión que empezó en Disneylandia y contagió a 147 personas.

"Creo que la vacunación se debería legislar; si las vacunas están en el calendario y los pediatras las consideran fundamentales, deberían ser obligatorias", opina y remata: "Las autoridades tienen que luchar contra los antivacunas, están poniendo en peligro a la población".

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