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El robot Curiosity cumple su primer año marciano sobre unos antiguos glaciares

  • El robot de la NASA lleva 687 días terrestres en Marte
  • Ahora se encuentra sobre una zona que al parecer tuvo glaciares
  • Curiosity aún puede encontrar más evidencias de la actividad glaciar

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 Autofoto del robot Curiosity tomada cuando perforó una roca de arena llamada Windjana.
Autofoto del robot Curiosity tomada cuando perforó una roca de arena llamada Windjana. NASA/JPL-Caltech/MSSS

El robot Curiosity, un laboratorio científico móvil de la NASA que está examinando el planeta rojo, acaba de cumplir su primer año 'marciano'. Es decir, lleva 687 días terrestres desplazándose y recogiendo muestras de la superficie de Marte.

Estos días el rover viaja por un paisaje árido y rojizo, que en el pasado llegó a tener glaciares. Y es que los antiguos ciclos hidrogeológicos de Marte fueron muy fríos, tanto que favorecieron la presencia de un gigantesco océano parcialmente cubierto de hielo y rodeado de glaciares en las tierras bajas del hemisferio norte del planeta, según recoge Sinc.

Un equipo internacional de investigadores ha confirmado esas evidencias globales en el cráter Gale que recorre el robot.

Antiguos glaciares

“Este estuvo cubierto por glaciares hace aproximadamente 3.500 millones de años, y fueron particularmente extensos sobre su monte central”, apuntado el autor principal del estudio, Alberto Fairén, científico del Centro de Astrobiología (INTA-CSIC) y de la Universidad Cornell en EE. UU.

“Pero en aquella época también había ríos y lagos con agua líquida muy fría en las zonas de menor elevación dentro del cráter”, ha añadido el investigador, quien destaca el hecho de que el antiguo Marte fuera capaz de “mantener grandes cantidades de agua líquida –un elemento esencial para la vida– al mismo tiempo que gigantescas masas de hielo cubrían regiones extensas de su superficie”.

Similitudes con glaciares terrestres

Para realizar el estudio, el equipo ha utilizado las imágenes captadas con las cámaras HiRISE y CTX del orbitador Mars Reconnaissance Orbiter de la NASA, junto a la HRSC que lleva la sonda Mars Express de la Agencia Espacial Europea (ESA).

El análisis de las fotografías revela la presencia de cuencas cóncavas, morfologías lobulares, estructuras lineales, restos de morrenas y depósitos en forma de abanico que delatan la existencia de antiguos glaciares en Gale. El investigador apunta que pudieron ser muy similares a algunos sistemas glaciares que se observan hoy en la Tierra.

“Por ejemplo, hay un glaciar en Islandia -Breiðamerkurjökull- que guarda enormes similitudes con lo que vemos en el cráter Gale, y que suponemos se parece mucho a los que cubrieron su monte central”, apunta Fairén.

En el artículo también se muestras imágenes de otros sistemas glaciares terrestres homólogos a los de Marte, como el glaciar Malaspina -llamado así en honor al famoso marino al servicio de España- en Alaska, u otros situados en regiones del norte de Canadá y la Antártida.

Posibles evidencias de actividad glaciar

“Dentro de la misión Mars Science Laboratory (MSL) de la NASA, el rover Curiosity todavía puede encontrar más evidencias de la actividad glaciar en Gale, y a una escala muy pequeña, como por ejemplo detectando acumulaciones de guijarros angulosos, rocas arañadas o cadenas de depósitos glaciares”, apunta Fairén.

Se han obtenido pruebas de que Marte nunca fue un planeta cálido

Aun así, el investigador subraya que el estudio actual “proporciona por primera vez una solución conjunta al clima pasado de Marte, ya que explica al mismo tiempo las huellas geológicas de la presencia de agua líquida en el pasado que cubren todo el planeta y los modelos climáticos que han demostrado que Marte nunca fue un planeta cálido”.

En el caso concreto del cráter Gale, se supone que fue excavado por el impacto de un gran meteorito hace unos 3.600 millones de años, y que se cubrió de glaciares muy poco tiempo después.

“Incluso es posible que la zona de impacto ya estuviese cubierta por glaciares antes de la colisión, y en ese caso los glaciares habrían recubierto el cráter recién formado en muy poco tiempo”, dice Fairén.

El investigador concluye destacando un aspecto interesante para la vida: “La energía del impacto, combinada con el hielo de la superficie, podría haber generado entornos muy interesantes desde un punto de vista astrobiológico, como por ejemplo zonas hidrotermales”.

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