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La filtración de Wikileaks revela una China "cómoda" con la reunificación de las dos Coreas

  • Se muestra preocupada por la capacidad nuclear norcoreana
  • Asegura que 3 años después de la muerte de Kim Jong-il, caerá el régimen

Ver también: El mundo, según los dpilomáticos europeos

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Los documentos de Wikileaks también salpican a China

Una nueva filtración de cables diplomáticos obtenidos por Wikileaks muestra a una China dispuesta a aceptar una unificación de Corea y cada vez más distanciada de su aliado norcoreano, visto desde Pekín como un "niño mimado".

The New York Times y The Guardian, dos de los diarios internacionales que han accedido a los cables obtenidos por Wikileaks, han publicado este martes nuevos documentos referentes a Corea, días después que un ataque norcoreano contra una isla surcoreana dejara cuatro muertos y agitara las relaciones en la región.

Por su parte, el gobierno chino ha admitido que apuesta por la reunificación de la península coreana, como aparece en los documentos pero se ha negado a hacer comentarios sobre sus relaciones con Estados Unidos.

"China siempre apoya que el Norte y el Sur de la Península celebren diálogos y consultas para mejorar las relaciones, cooperen y se consulten para lograr, en último término, una reunificación pacífica", ha manifestado durante una rueda de prensa el portavoz de turno del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Hong Lei.

Preocupación por la energía nuclear

Los cables revelan, por ejemplo, la opinión del viceministro de Exteriores surcoreano, Chun Yung-woo, de que una nueva generación de líderes chinos más jóvenes "estaría cómoda con una Corea unificada controlada por Seúl y anclada a Estados Unidos en una alianza benigna", según informa el New York Times.

Yung-woo ha realizado esas declaraciones a la embajadora estadounidense en Pekín, Kathleen Stephens, tras un almuerzo oficial en febrero en el que el diplomático surcoreano también predijo que la caída del régimen norcoreano sucedería "dos o tres años" después de la muerte de Kim Jong-il.

Esa información, enviada por Stephens a Washington, es una de las últimas que Wikileaks ha obtenido, con lo que los documentos no reflejan la escalada de acciones militares que Pyongyang ha emprendido en los últimos meses.

Sin embargo, sí muestran una creciente frustración de Pekín hacia el Gobierno norcoreano a partir de las pruebas nucleares que Kim Jong-il emprendió el año pasado, y una preocupación generalizada por las consecuencias que tendrá la muerte del líder y por el impacto económico que puede tener la inestabilidad en la región.

En abril de 2009, poco después del lanzamiento de un cohete de largo alcance, el entonces viceministro de Relaciones Exteriores de China, He Yafei, manifestó las tensiones con Pyonyang en un encuentro con un funcionario estadounidense.

"Corea del Norte quería relacionarse directamente con Estados Unidos, y por eso actuó como un niño mimado para lograr la atención del adulto", declaró Yafei en el encuentro, según el cable difundido por The Guardian.

La separación aún durará

En los meses siguientes, el viceministro hizo afirmaciones como "Corea del Norte no nos gusta, pero es nuestro vecino", y aseguró que Pyongyang trataba de ocultar información a Pekín sobre sus relaciones con Estados Unidos.

Los cables muestran también la voluntad china de volver al diálogo a seis bandas para la desnuclearización, en documentos como el enviado en junio de 2009 por el embajador de EE.UU. en Kazajistán, Richard Hoagland, quien aseguró que China consideraba la capacidad nuclear de su vecino "una amenaza para la seguridad mundial".

Hoagland indicó, además, que Pekín "tiene esperanzas de una reunificación pacífica a largo plazo, pero espera que los dos países sigan separados a corto plazo".

En caso de un colapso del régimen, China considera que sería capaz de acoger hasta a 300.000 norcoreanos sin ayuda externa y valoraría la posibilidad de cerrar la frontera, según un cable que cita a un representante de una organización internacional.

Los documentos, que suponen una nueva entrega en el goteo de los más de 250.000 cables diplomáticos que Wikileaks ha iniciado el pasado lunes, respaldan el discurso público de la mayoría de funcionarios estadounidenses y surcoreanos, que ven a Corea del Norte como una dictadura que vive los últimos estertores.

Sin embargo, la ausencia de informes de inteligencia impide conocer las estrategias de Estados Unidos al respecto, o los posibles planes militares en el caso de que Corea del Norte se desintegre.

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